Entrevista del Diario Ara a Anna Fornés, Directora de la Fundació Factor Humà: "Las empreses quieren buenos profesionales con actitud de flexibilidad, capacidad de entender momentos puntuales de sacrificio, ganas de desarrollarse, que no piensen que lo saben todo, que no se acomoden, abiertos a reciclarse constantemente. Estar en el mercado no es tan fácil."

La fundación que dirige y que hace 15 años promovió Mercè Sala, Factor Humà, batalla por sensibilizar sobre la importancia de las personas en las empresas. Anna Fornés llegó a la Fundació cuando perdió el trabajo.

¿De verdad la despidieron porque había sido madre?

Al día siguiente de reincorporarme de la baja de maternidad. Era responsable de formación de una multinacional. Me encontraba muy a gusto y siempre me decían que estaban encantados conmigo. Querían que continuara viajando 15 días cada mes. Quien era mi superior no permitió que me recolocaran. Y nadie lo detuvo. Me sentí como si me hubieran exprimido como un limón mientras fui útil.

De eso hace 16 años. ¿Qué ha cambiado?

En general ha habido una buena evolución en las empresas. Pero la crisis la ha parado. Con una fase complicada en la que los resultados cuentan más que nunca, la crisis no facilita que se cuide a las personas.

¿Cuidar significa siempre dinero?

Tiene que ver, pero no lo es todo. La comunicación es ahora más importante que nunca. Hay trabajadores que se han enterado de que los despedían por un medio de comunicación. Es lamentable.

El empresario puede replicar que está ocupado y preocupado en salvar el barco.

Una empresa debe ser sostenible, obviamente. Pero quien sólo se centra en los resultados tiene un problema. Y quizá también lo tiene aunque no olvide la visión, el sueño y cómo llegar al mismo, si no conoce su material humano. Porque si no lo anima, no podrá superar los retos.

Hablar de cuidar la plantilla con más de 600.000 parados parece una broma.

Entiendo que lo pueda parecer. Los que tenemos trabajo tenemos que demostrar sensibilidad hacia los que no lo tienen. No dude que para muchos empresarios ha sido duro tener que despedir trabajadores, pero también hay que reflexionar sobre si muchos despidos se podían haber evitado.

¿Habría podido despedir menos gente?

En muchos casos no. Pero en otros no se ha hecho bien. En muchas empresas se habrían podido evitar despidos mediante pactos que no se han alcanzado por razones culturales, por no haber contado con la colaboración de los trabajadores, o por no haber sido claros en la comunicación. Algunas lo han conseguido.

Los pactos suelen ser a cambio de sacrificios.

Sí. La gente hace un sacrificio que tiene un límite de tiempo, y sabe que la empresa lo tendrá en cuenta. Es un acto de confianza. Los casos de éxito son los de empresas en las que hay buen liderazgo y en las que reina la confianza.

¿No se desvanece cada vez más la confianza?

Esa es la preocupación de la alta dirección de muchas empresas. Saben que tenemos memoria. Y quien hace las cosas mal quedará en la memoria de todos. Cuando llegue la recuperación, los trabajadores ahora secuestrados por el elevado desempleo se marcharán. La empresa que durante la crisis no haya cuidado la gente será un desierto, quedará vacía de talento.

¿Qué hace hoy necesario a un trabajador?

Las personas poco eficientes no tienen nada que hacer en el mercado laboral de hoy, sobre todo ahora que no puede absorber toda la fuerza laboral desempleada. Las empresas quieren buenos profesionales con actitud de flexibilidad, capacidad de entender momentos puntuales de sacrificio, ganas de desarrollarse, que no piensen que lo saben todo, que no se acomoden, abiertos a reciclarse constantemente. Estar en el mercado no es tan fácil.

En el boom económico salieron consultores de recursos humanos y coach de debajo de las piedras. ¿No ha habido burbuja y mucha frivolidad en su campo?

Yo hablaría de sobredimensionamiento. Pero, con burbuja o no, la empresa debe tener claro que la persona es el centro de la organización. Cuando se consulta y se explica a los trabajadores una situación, suelen querer colaborar. Pero muchos ni entienden ni qué hacen en la empresa. La mayoría de los conflictos en las empresas tienen una causa: la dificultad de las relaciones humanas. Era la obsesión de Mercè Sala cuando montó esta fundación, hace 15 años. Quería crear una comunidad en la que las empresas se ayudan a crecer en materia de recursos humanos. Y ya somos 44 empresas y organizaciones asociadas, 21 de ellas patronas, que reconocemos las buenas prácticas en este ámbito y trabajamos temas como el talento, la responsabilidad social, la comunicación, las empresas saludables...

¿La sensibilidad se puede aprender o es innata?

Hay directivos que no lo propician, que sólo piensan en los números y el corto plazo. Pero se les debe dar una oportunidad, hay que ser perseverante y paciente con ellos. Esa sensibilidad puede estar escondida y termina saliendo.

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