“Las personas de mayor éxito escriben correos electrónicos cortos. Ojalá pudiera ser como ellos.” Así empieza una curiosa columna de opinión en Financial Times sobre la conveniencia y eficacia de la concisión a la hora de escribir e-mails, y del complicado equilibrio entre contestar en pocas palabras y no resultar grosero. Todo un arte.

Recientemente, una familiar mía se puso enferma y contacté con el médico que la atendía por correo electrónico. Era un profesor de Londres considerado un especialista de primera categoría en su campo.

El profesor era un excelente comunicador. En cualquier momento del día o de la noche, dondequiera que estuviera, sería capaz de responder a cualquier pregunta en cuestión de minutos.

Aunque resultó de ayuda y fue amigable, sus correos electrónicos fueron muy lacónicos y concisos. De los 37 correos que llegué a recibir por su parte, ninguno tenía más de 10 palabras y no contenían letras mayúsculas ni signos de puntuación. Nueve de ellos solo constaban de una palabra: "yep", "def", "course", "tks".

Sentí curiosidad por este hecho, así que me puse a revisar mis propios correos electrónicos de los últimos 10 años provenientes de personas ricas y famosas. Todos, sin excepción, de cualquier persona brillante o de éxito, son cortos y rozan la brusquedad. Genios de la tecnología, líderes empresariales, científicos, abogados, políticos: ninguno de ellos desperdicia una sola palabra. Yo lo llamo "síndrome del correo electrónico breve".

Como saben mis editores de Financial Times -aunque tienen la amabilidad de no decirlo-, mis correos electrónicos no son conocidos por su brevedad.

Si tengo una idea para una columna mientras estoy en un autobús en Beijing, o tengo una corrección que hacer desde un vuelo a Los Ángeles, me siento obligado a decir el lugar dónde estoy y cómo es, incluso cuando sé que no resulta ni útil ni productivo.

Me di cuenta de la existencia del síndrome antes mencionado ya en la primera época del uso correo electrónico, cuando escribía una columna para Piers Morgan, por aquel entonces editor de prensa escrita y no presentador de televisión como es actualmente. Un día necesitaba hablar conmigo y me envió un correo electrónico que decía simplemente: "Llámame". Supuse que había un problema, pero al final mantuvimos una conversación amistosa por teléfono. Él solamente trataba de economizar tiempo tecleando.

Los correos electrónicos de Steve Jobs también eran concisos. Un ejemplo fue el de un cliente que se le quejó sobre el coste de reparar su computadora tras haberse mojado. Jobs le explicó en una sola frase que se suponía que las computadoras no pueden mojarse. La segunda frase de Jobs fue: "Parece que estás buscando a alguien más con quien enfadarte además de contigo mismo.”

Se dice que Jeff Bezos hace que incluso Jobs parezca extremadamente prolijo. Brad Stone, en su biografía sobre Bezos, dice que el Jefe de Amazon envía de vez en cuando un correo electrónico que consiste solamente en un signo de interrogación. Stone señala lo desconcertante que es eso. Una vez más, para mí, no es algo que me resulte ofensivo, simplemente es efectivo y casi íntimo, como de compañeros.

Los correos electrónicos cortos tienen que ver con ser efectivos, no están pensados para entretener, cotillear o sobresalir. Es imposible no leer un correo electrónico breve, porque para cuando ya hayas decidido no mirarlo, ya lo habrás leído. El mensaje captará tu atención porque ese correo se verá muy diferente de todos los demás en tu bandeja de entrada.

Cuando recibo correos electrónicos excesivamente largos (como los míos), me recuerdan a las raciones demasiado grandes de comida en los restaurantes: provocan suspiros y se hacen pesados. Sospecho que habitualmente son olvidados hasta el final de la jornada laboral o que ni siquiera son leídos, mientras que los correos cortos 'se saltan la cola' y son leídos de inmediato. Estoy bastante seguro de que los correos electrónicos cortos son la mejor manera de lograr que se hagan las cosas.

La idea de que la brevedad está próxima a la divinidad no es nueva.

Desde que existe el servicio postal, una buena carta con la dirección destacada en la parte superior y un breve mensaje escrito de agradecimiento, de aprecio, de condolencia o de lo que sea, ha resultado desde siempre elegante y eficaz. En la era electrónica, todavía lo es. Las cartas que he visto de Buckingham Palace, del 10 de Downing Street y de la Casa Blanca también son cortas y muchas veces impresas en letras grandes para limitar el número de palabras y enfatizar la importancia del mensaje.

Si hablamos de nuevo del síndrome del correo electrónico breve, no puedo determinar qué va primero: si las personas importantes/exitosas cultivan deliberadamente un estilo lacónico o si la importancia/éxito requiere de correos cortos. A ver si puedes hacerte la ilusión de que eres importante encogiendo tus e-mails, no sé si lo lograrás.

Pero ten cuidado: acortar los correos electrónicos sin que parezcan groseros no es fácil. Tiene su arte.

Como dijo Blaise Pascal, el científico y filósofo francés del siglo XVII: "Hubiera escrito una carta más corta, pero me faltó tiempo.”

 

"Margolis, Jonathan. "Brevity is the key to getting stuff done". Financial Times, 13/12/2017 (Artículo consultado online el 14/12/2017).

Acceso a la noticia: https://www.ft.com/content/70f8740e-de60-11e7-a0d4-0944c5f49e46

 

Subscriu-te gratuïtament als nostres butlletins

Rep notícies i idees en Recursos Humans.
Subscripció

Utilitzem cookies per oferir a les nostres visites una millor experiència de navegació pel nostre web.
Si continues navegant, considerem que acceptes la seva utilització.