Si encontrar un nuevo trabajo requiere que nos diferenciemos y demostremos que nuestras habilidades superan las de la competencia, ¿por qué todos acabamos usando clichés que nos convierten en uno más? Los conceptos por sí solos no aportan valor, es la misión del CV contextualizar esa información.

Especialista, líder, entusiasta, estratega, experimentado, centrado, experto, certificado, creativo y excelente. ¿Suenan familiares? Estos son los diez términos más usados en los perfiles de LinkedIn en el último año, según esta red social dedicada al mundo profesional. En España estamos muy especializados, en Suiza son muy analíticos, en EE. UU., Alemania y Canadá lo que se lleva en los currículos es la creatividad, y los franceses y los italianos destacan por su responsabilidad. Si encontrar un nuevo trabajo requiere que nos diferenciemos y demostremos que nuestras habilidades superan las de la competencia, ¿por qué todos acabamos usando clichés que nos convierten en uno más? Si queremos que el responsable del proceso de selección del puesto de nuestros sueños comprenda que somos el candidato ideal, es primordial recordar que los conceptos por sí solos no aportan valor y que la misión de nuestro CV consiste en contextualizar esa información. Para hacerlo, es fundamental asegurarnos de que ninguno de los siguientes tópicos aparece en nuestro CV.

“Trabajo bien en equipo”. O su alter ego: “Trabajo bien de forma independiente”. Es decir, hacemos bien nuestro trabajo. Como el coraje en el ejército, la competencia laboral se nos presupone. Se da por sentado que somos capaces de colaborar con los demás y de gestionar nuestra propia carga de trabajo. Más aconsejable es aprovechar la descripción de nuestros roles para incluir detalles acerca del tipo de personas con las que hemos interactuado, así como de la naturaleza de esas interacciones. Si trabajar de forma autónoma, o en equipo, es de suma importancia para el nuevo puesto, demos ejemplos: “Trabajé con el equipo de Marketing Nacional e Internacional para poner en marcha el rediseño de la marca en diez países”. Así queda claro que sabemos colaborar en equipo para conseguir un objetivo común.

“Trabajo duro”. Trabajar mucho no es sinónimo de eficiencia. Es mejor enfatizar nuestra productividad y capacidad de gestionar bien el tiempo proporcionando un ejemplo: “Nunca me he saltado una fecha de entrega”, o mencionar alguna de las ocasiones en las que nos hemos presentado voluntarios para asumir el liderazgo de un proyecto o encargarnos de una responsabilidad que no era nuestra.

“Orientado a resultados/soluciones”. ¿Cuál sería entonces la alternativa? ¿Perseguidor de fracasos? Mejor indiquemos una situación en la que se demuestre nuestra efectividad: “Conseguí aumentar las ventas un 12%”. ¿Hemos logrado reducir los gastos? ¿Desarrollar más proyectos? Aportemos afirmaciones factibles y cuantificables que demuestren el impacto obtenido. Y si podemos dar cifras, mejor.

“Me apasiona…”. Otra frase muy recurrente tanto en los currículos como en los concursos de misses. Desgraciadamente, no nos llevará muy lejos explicarle a quien podría contratarnos que desde los ocho años nos apasiona la informática. En su lugar, contémosle un proyecto relacionado con nuestra pasión que sea también relevante para el puesto.

“Aprendo rápido”. ¿Podemos proporcionar un ejemplo de conocimiento que hayamos cultivado por nuestra cuenta? Quizá hemos tenido que desarrollar nuevas competencias o autoenseñarnos un nuevo software en uno de nuestros anteriores puestos de trabajo. Mencionémoslo.

“Buen comunicador”. Frase imprecisa, además de un requisito para la mayoría de roles. Dejemos patente nuestra destreza comunicativa en la redacción de nuestro CV. Contemos cómo nuestra presentación de ventas sirvió para ganar un cliente o aquella vez que triunfamos al ser capaces de explicar al equipo comercial cómo el nuevo sistema de logística suponía más ventajas para nuestros clientes.

“Detallista”. Mejor que utilizar este adjetivo es asegurarse de no cometer ninguna falta de ortografía ni error gramatical. Leamos el CV varias veces y, si es posible, pidamos a una persona de confianza que lo repase. El director general de Trabajando.com, Javier Caparrós, también aconseja revisar las fechas de actualización de los conocimientos que incluimos. Si son muy obsoletas, ya estamos desactualizados.

“Curriculum Vitae”. El peor cliché de todos. Está claro de qué tipo de documento se trata, así que convirtamos nuestro nombre en el título y eliminemos el epígrafe curriculum vitae de nuestro CV.

De media, el encargado de la selección de personal pasa menos de treinta segundos revisando un currículo antes de decidir si le da una oportunidad. No le desincentivemos repitiendo las frases que ya ha visto miles de veces. Hay que ponérselo fácil, enlacemos nuestras competencias y experiencia laboral con las necesidades del puesto, demostrando así el valor añadido que podemos aportar.

Como reza un chiste popular entre los responsables de RRHH: “He eliminado todos los tópicos y las frases hechas de tu CV y lo que me ha quedado es esta página en blanco”. Asegurémonos de que ese currículo no es el nuestro.

 

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