Si bien el progreso ha transformado la forma en que buscamos trabajo, todavía seguimos procesos parecidos a los del pasado como, por ejemplo, en la entrevista o en el currículum. El segundo capítulo del programa de TV3, “El Retrovisor”, muestra los cambios más relevantes que ha vivido la búsqueda de trabajo y cómo las diferentes generaciones han pasado por una evolución principalmente tecnológica.

Se busca

Una taza de café, las gafas al lado, La Vanguardia del domingo, la máquina de escribir sobre la mesa, una montaña de hojas en blanco, papel carbón, cartas y sellos. Esto es todo el que se necesitaba para empezar una historia de amor por correspondencia en los 80. Amor laboral, obviamente. Te preparabas con todos los argumentos posibles, buscabas ofertas en el periódico y te lanzabas a enviar tus referencias escritas a máquina. Y, si el amor era correspondido y te mantenías pegado al teléfono de casa, te contactaban para hacer una entrevista.

Este tipo de cosas los millennials no nos las podemos ni imaginar. TV3 ha creado por ese motivo “El Retrovisor”, un programa que “hace un ejercicio de memoria colectiva sobre cuáles han sido las transformaciones más importantes en nuestra vida cotidiana desde los años 80 hasta la actualidad” y que en su segunda entrega, titulada “Se busca”, ha mostrado los cambios más relevantes a la hora de buscar trabajo, a través de las “batallitas” de cinco personas de diferentes ámbitos.

(Vídeo en catalán)

Todos los jóvenes de los años 80 –incluidos los cinco testimonios-, fueran del perfil que fuesen, tenían sueños más o menos realizables cuando eran pequeños: “¡yo de mayor seré piloto de aviones!," o “¡yo seré bombero!," incluso había otros que se decantaban por el “¡yo seré informático!” (entonces incomprendidos, naturalmente). Hoy en día es más normal oír por la calle a jovencitos con dudas existenciales del estilo: “no sé si abrir una start up a los 21 o esperar a los 25, cuando ya pueda tener a robots en vez de personas trabajando para mí." Todo muy equilibrado.

Todos estos sueños han ido derivando en proyectos reales o, como en la mayoría de casos, en aquello que ya fueron: sueños de infancia. Uno de los protagonistas del programa, Juan de Dios Galiano, siguió un camino poco más que marcado desde el inicio: de joven se vio obligado a trabajar, “era lo que todo lo mundo hacía entonces." Y, por lo tanto, tuvo que dejar de lado todos sus sueños para cumplir con aquello que se esperaba de él: que aportara dinero al fondo familiar.

Juan empezó de aprendiz en una empresa de reparación de máquinas de escribir. Precisamente, las máquinas de escribir con las que Mar Becerra, licenciada en Historia del Arte, empezaba a redactar los currículums que posteriormente enviaba a las ofertas publicadas todos los domingos en el periódico (que vendría a ser el Infojobs de los 80). Imaginad: esperar al domingo para comprar el periódico y hacer copias durante todo el día de tu currículum, para después enviar las cartas con tus referencias y, sobre todo, cruzar los dedos porque, si llamaban, lo hiciesen cuando alguien estuviera en casa para recoger el recado. Ahora esto suena tercermundista, ¿verdad millennials? Pues de esta rutina no hace tanto, apenas unos 30 años.

Por este proceso tampoco tuvieron que pasar Cristina Míguez, empresaria; ni Neus Molina, periodista y profesora; y tampoco Jordi Serrano, ex presidente de la Fundació Factor Humà y actualmente consultor de Recursos Humanos. Para los tres y para la Generación X en general, la máquina de escribir es un objeto vintage, un antepasado del ordenador: la verdadera gran herramienta con la que han redactado todos sus currículums.

Hoy en día buscamos trabajo a través de webs o de apps móviles, difícilmente nos presentamos por iniciativa propia a una empresa explicando nuestros talentos y pidiendo una oportunidad para conocer al jefe. Pensamos que existe la posibilidad que nuestras carreras universitarias –a pesar de que no sean aquellas con mejor salida laboral- nos colocarán directamente en una posición cómoda dentro de una empresa. Y se nos pide insistentemente que reforcemos nuestra marca personal en las redes sociales, sobre todo en aquellas vinculadas al mundo profesional, si no lo son todas ya hoy en día. ¿Os imagináis a nuestros padres o abuelos utilizando LinkedIn?

Aun así, el progreso ha acabado afectando a todas las generaciones. Sea del perfil de Juan Galiano, el de Neus Molina o el de Jordi Serrano, la crisis económica del mundo occidental ha llevado a una situación límite a muchos, pero también ha creado oportunidades para otros. El paro ha hecho pasar muchos lunes al sol pero también, tal y cómo dice el dicho castellano, ha agudizado el ingenio.

Los últimos 40 años han estado marcados por la evolución a toda prisa en muchos aspectos, no sólo a nivel tecnológico sino también social y político. Y lo que nos queda. Esa volatilidad afecta a la cultura y a los valores de un país, de forma que si como decía Pío Baroja en su obra maestra “El árbol de la ciencia”, el progreso nos llevará a la destrucción, quizás mejor que retrocedamos, volvamos a la máquina de escribir y, con una hoja en blanco y el papel carbón para hacer copia, intentemos reescribir quiénes somos y qué queremos para nosotros mismos.


Acceso al vídeo del capítulo 2 del programa El retrovisor de TV3: http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/el-retrovisor/capitol-2-es-busca/video/5644124

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