El mundo del trabajo ha incorporado una nueva corriente que traspasa lo laboral y conecta con los nuevos hábitos sociales. Además de trabajar en centros de 'coworking', los emprendedores han empezado a vivir en comunidades. Un ejemplo es el de dos jóvenes que han abierto en Osona Néctar, un centro de 'coliving' que aumenta la eficiencia del trabajo.

El diccionario, por supuesto en inglés, de los nuevos emprendedores y de los creadores de start-ups (los antiguos autónomos) no para de crecer con nuevos términos que reflejan el profundo cambio que está experimentando el mundo del trabajo. La nueva tendencia que crece con rapidez en algunos países y grandes ciudades y que acaba de llegar a España consiste en el coliving, es decir, la vida en comunidad de los nuevos profesionales. Además de compartir el espacio de trabajo en los centros de coworking que han proliferado en los últimos años, los emprendedores, en muchos casos millennials, han dado un paso más y han decidido compartir cocina, sofá y lavabo en los nuevos espacios de coliving.

La nueva tendencia ha entrado pisando fuerte en ciudades como Nueva York, Londres, Ámsterdam y Berlín y ha tenido un aterrizaje suave en España con algunos centros pioneros que abren el camino para la expansión de esta nueva forma de entender el trabajo e incluso la vida.

El coliving es otra manifestación de la nueva mentalidad de los jóvenes, que prefieren pagar por el uso de bienes y servicios en lugar de hipotecarse comprando casas o coches. Si a eso se le suma también su poder adquisitivo limitado por la precariedad laboral que sufren, el resultado es una creciente demanda de nuevos entornos de trabajo y emprendeduría y de comunidades con las que compartir la experiencia laboral y una parte de la vida.

Los nuevos centros de coliving son una mezcla de hostales, albergues y los típicos pisos compartidos de estudiantes. Con frecuencia, estos centros nacen de las comunidades creadas en los centros de trabajo compartido. En muchos casos, los impulsores de viviendas en régimen de coliving son los mismos que unos años antes invirtieron en la apertura de un espacio de trabajo compartido. Uno de los referentes internacionales en este campo es el de la comunidad Wework de Nueva York, que ha dado pie a la apertura de Welive, residencias compartidas por emprendedores y profesionales, los llamados nómadas digitales.

Para Pilar Blázquez, experta en la caza de nuevas tendencias (coolhunting), el coliving es una corriente emergente que ha entrado en España a través de experiencias de una variante rural. A su juicio, «existe una falta de oferta de coliving para una demanda que irá en aumento si siguen subiendo los alquileres, lo que hace que muchos millennials se puedan plantear pagar menos por la vivienda y compartirla».

Además de la inversión necesaria para poner en marcha una residencia de emprendedores, sus impulsores tendrán que superar «una regulación que en España no ayuda al desarrollo del coliving», a diferencia de lo que sucede en otros países con una normativa más flexible.

Pero no solo los jóvenes impulsan el desarrollo de la nueva tendencia, según Blázquez, sino también jubilados que quieren vivir en otra variante del coliving adaptada a sus intereses que se aleje de las típicas residencias de abuelos. Este colectivo ya ha atraído el interés de algunos inversores.

La llegada más tardía a España de la moda del coworking puede explicar en parte porqué no han surgido todavía en ciudades como Barcelona y Madrid los nuevos espacios de coliving. Pero eso puede cambiar en breve, según los expertos.

Un ejemplo de la expansión y maduración del fenómeno de los centros de trabajo compartido es la evolución registrada en Catalunya, que acabó el 2016 con 167 puntos de coworking, 43 más (el 35% de incremento) respecto a la cifra que había en el 2013. Detrás de ese saldo positivo se encuentran también 28 cierres de centros, que fueron ampliamente superados por la puesta en marcha de otros nuevos, según la Asociación de Centros de Coworking de Catalunya (Cowocat).

«Los centros de coworking trascienden lo que es solo un espacio para trabajar y permiten crear una comunidad y dinamizar el trabajo en entorno que está cambiando», asegura Jordi Silvente, presidente de Cowocat y creador del centro Alpha Espai de Barcelona.

A su juicio, el desarrollo del coliving en las grandes ciudades españolas, principalmente Barcelona y Madrid, dependerá de la «maduración del modelo de coworking, algo que ya se puede ver en Estados Unidos con centros de trabajo que se convierten también en un hostel para sus usuarios».

De los 167 centros de trabajo compartido registrados en Catalunya, un total de 102 están en la ciudad de Barcelona y otros 40 en la provincia, según los datos de Cowocat. Esos centros están entrando con intensidad en la creación de comunidades mediante una oferta de actividades profesionales y también de ocio.

En todo el mundo, existen 13.800 centros de trabajo compartido con 1,1 millones de usuarios después de un crecimiento exponencial, según las estadísticas de Deskmag. Esos centros ya han empezado a ofrecer, entre los servicios adicionales, el del hospedaje a sus coworkers.


Néctar: una masía aislada y autosuficiente

A 25 minutos en coche de la civilización se encuentra una masía de origen medieval reconvertida en un espacio vanguardista y ultraconectado. Hace menos de un año nació, junto a Vilanova de Sau (Osona), uno de los primeros proyectos de la nueva tendencia del coliving en Catalunya. Tai Lomas y Olga Sureda decidieron convertir su estilo de vida en una casa en la que acoger a nómadas digitales que quieran trabajar y vivir en ese recóndito espacio durante semanas o un mes. Así nació Néctar, un centro de coworking y coliving con una capacidad para un máximo de 15 personas que conviven entre los gruesos muros de la masía.

«La masía nació en la época medieval con la necesidad de ser autosuficiente. En cierta manera, nosotros hemos recuperado ese mismo espíritu con Néctar», asegura Tai Lomas. Esa autosuficiencia se nota en la autogeneración de electricidad mediante unas placas solares, el autoabastecimiento de agua, una conexión a internet vía satélite, la elaboración de pan y, en poco tiempo, la primera cosecha en el huerto.

«Nuestro concepto de coliving es diferente al de los centros urbanos. Aquí no viene gente diferente a diario, sino que tenemos nómadas digitales que se quedan más tiempo, pequeños grupos o start-ups que quieren desarrollar algún proyecto y gente que viene a eventos durante el día», explica el cofundador. El entorno rural y aislado y el espíritu de comunidad de la casa hacen que se consiga que «el tiempo dedicado a trabajar sea más eficiente».

Los huéspedes pagan por el alojamiento y el disfrute de las instalaciones de la casa, que no funciona como un hotel al no tener servicio de limpieza. Los habitantes temporales reciben las sábanas y ellos mismos tienen que cocinar su comida.

Con la primera cosecha del huerto, los impulsores de Néctar quieren ofrecer la posibilidad de tasar el trabajo voluntario en el espacio para que tengan algún descuento en el precio que pagan por dormir. «Queremos incentivar el trabajo voluntario, que tiene un valor para nosotros y para los huéspedes», dice Tai Lomas.

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