Mientras en España sigue el debate sobre salir o no a las seis de la tarde, los franceses han hecho oficial la desconexión por la que no se puede obligar a contestar 'emails' o llamadas fuera del horario laboral, pese a que la tecnología hace cada vez más difícil la desconexión.

Es una cuestión de tiempo, o mejor dicho, de saber gestionarlo. Pero también de entender las nuevas relaciones entre empleado y empleador y las exigencias de ciertas culturas corporativas (algunas obsoletas); de adaptarse a las nuevas fórmulas de trabajo y aprovechar las oportunidades, superando los inconvenientes que plantea la tecnología en el día a día laboral.

Por todo esto surgen debates, como en España, acerca de la posibilidad de terminar la jornada a las seis de la tarde para favorecer la conciliación, en un entorno laboral que casi siempre ha recompensado más el presentismo que los resultados.

O realidades como la francesa, donde acaba de entrar en vigor lo que se conoce como derecho a la desconexión, que aunque no implica la obligación de apagar el móvil profesional al finalizar la jornada laboral, ni el cierre del servidor para envío de correos electrónicos profesionales a partir de una determinada hora, sí abre la puerta a una regulación consensuada, y en función de las necesidades productivas fijar las "modalidades del pleno ejercicio del derecho del asalariado a la desconexión", así como "la puesta en marcha por la empresa de dispositivos de regulación de la utilización de herramientas digitales". Y si no se alcanza un compromiso, será el empresario el que redacte una "carta" normativa.

En España, el Tribunal Supremo declaró en septiembre de 2015 que la cláusula de los contratos de trabajo que obligan a los empleados a facilitar el número de móvil o el correo electrónico a la hora de firmar un contrato laboral es abusiva. Esta doctrina va en la línea de las medidas ya adoptadas en Francia. Para el Supremo, dicho requerimiento de datos que permiten localizar al trabajador debería aparecer en los contratos como "voluntario", al ser éste la parte más débil a la hora de la firma de este tipo de documentos.

Doble filo tecnológico

Parece evidente que la disponibilidad tecnológica (smartphones, tabletas y otros dispositivos móviles) hace cada vez más difícil la desconexión del trabajo fuera del horario laboral. Un estudio de la Asociación Amercicana de Psicología (APA) destaca que, aunque esta batería tecnológica puede afectar negativamente al bienestar y al rendimiento laboral, las mismas tecnologías de la información y la comunicación también permiten ser más productivos y proporcionan una mayor flexibilidad. La investigación de la APA sostiene que en mercados como el estadounidense más de la mitad de los trabajadores consultan los mensajes laborales una vez al día durante el fin de semana, antes o después del trabajo durante la semana e incluso cuando están enfermos en casa. Más del 40% admite hacerlo estando de vacaciones.

Además de mejorar su productividad y flexibilidad, estos trabajadores afirman que las tecnologías de la comunicación les facilitan su trabajo y casi la mitad dicen que tienen un efecto positivo en la relación con sus compañeros.

En todo caso, el hecho de no desconectar también implica problemas, porque la tecnología puede aumentar la carga de trabajo y hace más difícil descansar. Es aconsejable desconectar para evitar los efectos perjudiciales de una vida hiperconectada, pero la "desintoxicación digital" completa no es necesaria. Las organizaciones más avanzadas replantean su praxis laboral en lo que se refiere a tecnología y a otorgar recursos a sus empleados para que éstos utilicen eficazmente las tecnologías de la información y la comunicación y eviten así muchos de sus efectos secundarios.

Decisión voluntaria

La normativa adoptada por Francia no implica ninguna obligación de desconectar sino más bien la posibilidad de hacerlo. Y esto es importante, teniendo en cuenta la exigencia de disponiblidad las 24 horas -favorecida también por la tecnología- que encontramos en muchas organizaciones.

Parece evidente que la decisión de contestar un email del jefe a medianoche o responder una llamada de la empresa en fin de semana supone aceptar una disponibilidad que teóricamente posiciona a quien lo hace en un grupo selecto, más proclive a ascensos o promociones de carrera. Esto resulta mucho más claro en entornos presentistas o de mentalidad obsoleta.

No debería pasar nada si te niegas a esa disponibilidad, porque la integración -que no la conciliación- es una decisión que está en manos de cada profesional, con derecho a preservar un espacio privado y a marcar líneas que la organización o tu superior no pueden traspasar.


Por qué la mentalidad del 'siempre on' puede no ser eficaz

Un reciente estudio de Sodexo sobre tendencias en el entorno laboral firmado por David W. Ballard, de la Asociación Americana de Psicología, se refiere a cómo utilizamos la tecnología en el ámbito laboral, y si ese uso adecuado o inadecuado facilita la productividad o nos aliena profesionalmente:

  • La tecnología está para hacernos más eficacesy eficientes. Automatiza tareas cotidianas, nos ofrece un acceso sencillo a la información y elimina las barreras de comunicación. Permite dedicar tiempoy esfuerzo a fines más creativos y productivos con más sentido. Pero a las caídas de sistema o errores de red se añade la presión para trabajar más rápidoy ser más productivos, ola necesidad de estar al día de las últimas tecnologías, el exceso de información procedente de los cientos de correos electrónicos diarios. Eso hace que las ventajas de la tecnología disminuyan, y las herramientas que supuestamente deberían ayudar, minan nuestra capacidad de lograr objetivos, nos frustrany nos estresan.
  • Salvo raras excepciones, es poco probable que sea necesario que los trabajadores estén conectados y puedan responder en todo momento. Hay que revisar las normas y expectativas de la organización, porque puede estar fomentando una mentalidad siempre on. Conviene analizar si se considera mejor a un profesional por respondera un correo del jefe en cuestión de minutos, incluso por la tarde o los fines de semana; si los directivos esperan que los trabajadores estén a sus órdenes nada más llamarles; o qué comportamientos son deseables cuando se trata de disponibilidad y capacidad de respuesta y cuáles no. Y qué acciones se recompensan. Esta cultura, normas y expectativas pueden aumentar el nivel de estrés e impedir que se rinda al máximo.

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