La envidia está presente tanto en la relación con superiores como con compañeros, pues si el empleado que está inmerso en una relación de hostilidad no logra los objetivos deseados, es más probable que se centre en atacar a la otra persona. En las empresas actuales a menudo se fomenta la competición y el trabajador cambia de actitud si no percibe una situación de equidad.

 

La vida de las organizaciones está tejida de relaciones personales que determinan el ambiente de trabajo, la calidad del mismo yamenudo los resultados de la firma. Dentro de ellas, existe un factor muy presente, que ha sido poco estudiado, pero que es informalmente invocado de continuo, la envidia. El bullying, la presión excesiva, la jerarquización rígida y tantas otras disfunciones han sido ampliamente tratadas en los últimos tiempos como males típicos que los especialistas en recursos humanos deben eliminar, perono la envidia, cuando incita actitudes habituales de menosprecio, denigración y maledicencia dentro de las compañías.

El estudio Keeping up with the Joneses: The Role of Envy, Relationship Conflict, and Job Performance in Social Undermining, de Gabi Eissa y Rebecca Wyland, dela Universidad de Wisconsin, señala cómo estas actitudes están continuamente presentes en las relaciones laborales tanto con superiores, como con compañeros o con quienes desempeñan sus funciones en los niveles inferiores de la empresa.

Campañas de descrédito

La envidia, una emoción negativa que aparece cuando se entiende que otra persona tiene habilidades, características, logros o recompensas que se desean y que no se consiguen, es un sentimiento habitual que suele combatirse intentando disminuir la valía de la persona envidiada. Ese socavamiento aparece a menudo en forma de minusvaloración de los méritos ajenos, iniciando campañas soterradas de descrédito que no es raro que surtan efectos. Puede ocurrir cuando un cargo maltrata a alguien de su equipo precisamente por los méritos que aporta, en una situación entre iguales o respecto del jefe de área: las consecuencias son diferentes, porque hay una desigualdad de poder, y por tanto de acción, pero son siempre negativas para la firma.

El estudio, para que el que se recibieron 228 respuestas de subordinados, 217 respuestas de los supervisores y 218 de personas con el mismo nivel laboral, señala la importancia del entorno para que este tipo de comportamientos florezcan o se apaguen.Del mismo modo que los empleados pueden participar en comportamientos positivos en las relaciones recíprocas cuando el ambiente lo favorece, suelen cambiar su actitud si no perciben una situación de equidad. Los trabajadoresque entienden que el trato es sustancialmente desigual son más dados a desarrollar comportamientos negativos respecto de la firma.

Logros: la principal causa
No obstante, el factor definitivo para entender mejor cuándo este tipo de sentimientos tienen mayor presencia, no es el contexto, sino los logros.En la medida que un empleado que puede albergar cierta envidia respecto de un compañero obtiene buenos resultados en su desempeño, modera sus impulsos con más facilidad. Y al contrario, si el trabajador que está inmerso en una relación de hostilidad no logra los objetivos individuales deseados, es mucho más probable que se centre en atacar a la otra persona como forma de mantener un sentido valorado de la identidad.

En las empresas actuales, la competición no es sólo algo deseado, sino que a menudo se fomenta: los instrumentos de evaluación del rendimiento, que no son siempre objetivos, abren una brecha que va en dos direcciones, ya que los empleados con resultados más pobres tienen más complicada su continuidad en la firma mientras que los que alcanzan las mejores valoraciones ven recompensados sus esfuerzos con premios apetecibles.Esto supone que las comparaciones personales sean mucho más intensas, porque hay más en juego, y porque es la dinámica en la que empresas se mueven. Este es un terreno abonado para que la envidia y las actitudes de socavamiento de los méritos ajenos se multipliquen.


Competiciones insanas

Lo que dicen los investigadores es que, en el medida en que el rendimiento individual es satisfactorio, los empleados tienden a enfocarse mucho más en su carrera y prestan menos atención a las de los demás, aun cuando se sientan que no han sido tratados con la justicia que anhelan. Sin embargo, cuando no alcanzan sus metas personales, encuentran una forma de compensar ese déficit en los ataques a los demás. Los trabajadores que no logran sus objetivos suelen ser mucho más dados a establecer un clima viciado en la compañía, ya que lo que no logran por un medio, pretenden conseguirlo por otro. Sin embargo, la manera de prevenir este contexto de competencia errónea es siempre la justicia: lo que hace difícil de detectar la envidia no es sólo que sea un sentimiento subjetivo y que no se manifieste de forma abierta, sino que en muchos casos la injusticia y la envidia se confunden. Si la compañía no actúa adecuadamente, y recompensa a quien no debe es fácil que el ambiente se haga más denso, y con él que fomente una competición nada sana.

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