Formarse en programación parecía ser hasta ahora una buena solución al desempleo o se aconsejaba a los más jóvenes que aprendieran a desarrollar aplicaciones tecnológicas para labrarse un hueco profesional. Pero, ¿sigue siendo cierto que aprender tecnología nos hace profesionalmente intocables? Fast Company, advierte en un inquietante artículo que la mayoría de las tecnologías que desarrollamos actualmente reemplazan o hacen caer en desuso muchos más empleos que los que en realidad crean.

 

¿En busca de la seguridad laboral en la economía del conocimiento? Simplemente aprende a programar. Al menos, eso es lo que hemos estado diciendo tanto a los jóvenes profesionales como a los trabajadores a mitad de carrera que quieren arreglárselas en el mercado de trabajo actual –de hecho, ese mismo consejo me lo había dado a mí mismo. Y a juzgar por la proliferación de las escuelas y talleres formativos de programación que vemos en los últimos años, no pocos han seguido con ganas dicha consigna, pensando que están así reforzando su medio de sustento.

Por desgracia, muchos ya han aprendido a la fuerza que incluso los mejores talentos de la programación tienen sus límites. Cada vez más, “aprender a programar” se está viendo como un mal consejo.

Programar no puede salvarte

Cualquier persona competente en lenguajes de programación como Python, Java, o incluso código web como HTML y CSS, está actualmente muy demandado por empresas que siguen preparándose solamente para el mercado digital. Sin embargo, a medida que la programación se convierte en algo más común, particularmente en naciones en desarrollo como India, encontramos que mucho de ese trabajo está siendo asignado por partes a servicios computerizados como Upwork o a trabajadores mal pagados en plantas de explotación digital.

Esta tendencia está destinada a aumentar. La mejor oportunidad puede ser utilizar tus conocimientos en programación para desarrollar tú mismo una aplicación o plataforma, pero eso significa competir contra miles de personas haciendo lo mismo, y en un mercado online regido por casi las mismas dinámicas de poder que el negocio de la música digital.

Además, aprender programación es difícil, especialmente para los adultos que no recuerdan sus clases de álgebra y que no han crecido pensando algorítmicamente. Aprender programación suficientemente bien como para ser un programador competente es todavía más difícil.

Aunque sin duda creo que cualquier miembro de nuestra sociedad altamente digitalizada debe estar familiarizado con el funcionamiento de estas plataformas, la alfabetización universal en programación no resolverá nuestra crisis de empleo en mayor medida que la capacidad universal de leer y escribir daría lugar al pleno empleo en una economía de publicación de libros.

En realidad la cosa es peor. Un solo programa de ordenador escrito por quizás una docena de desarrolladores puede acabar con cientos de puestos de trabajo. Como ha señalado el autor y empresario Andrew Keen, las compañías digitales emplean a 10 veces menos personas por dólar ganado que las empresas tradicionales. Cada vez que una empresa decide relegar su computación a la nube, es libre de despedir a algunos empleados más de TI.

La mayoría de las tecnologías que desarrollamos actualmente reemplazan o hacen caer en desuso muchas más oportunidades de empleo que las que crean. Aquellas que no lo hacen, tecnologías que requieren mantenimiento o participación humana constante para funcionar, no son apoyadas por el capital riesgo precisamente por esa misma razón. Se consideran no escalables porque exigen pagar a más trabajadores humanos a medida que el negocio crece.

Formando a nuestros robo-reemplazos

Finalmente, hay puestos de trabajo para aquellos dispuestos a ayudarnos con nuestra transición hacia una sociedad más informatizada. Como les gusta señalar a los orientadores laborales, las cajas automáticas de autopago pueden haberte costado tu empleo como cajero de supermercado, pero se crea una nueva oportunidad para esa persona que ayuda a los clientes que tienen dificultades para escanear sus artículos en dichas cajas, para pasar sus tarjetas de débito, o para encontrar el código de barras de una bolsa de acelgas. Es un trabajo un poco más cualificado y puede estar incluso mejor pagado que el trabajo regular como cajero.

Pero es un puesto temporal: muy pronto, los consumidores serán tan expertos en el autoservicio a la hora de pagar como lo son sacando dinero de un cajero automático, y el personal de apoyo en las cajas de autoservicio se hará innecesario. Para entonces, la tecnología de etiquetado digital puede haber avanzado hasta el punto en que los compradores salgan de las tiendas con los artículos deseados pagándolos automáticamente.

Por ahora, necesitaremos más de estos especialistas que los que somos capaces de encontrar: mecánicos para ajustar nuestros coches actuales con controladores robot, ingenieros para reemplazar al personal médico por sensores o para crear software para los drones postales. Se dará un aumento de este tipo de trabajos especializados antes de que haya una estrepitosa caída. Ya en China, la implementación de la impresión 3D y otras soluciones automatizadas amenazan cientos de miles de trabajos en fabricación de alta tecnología, muchos de los cuales llevaban existiendo menos de una década.

Las fábricas estadounidenses podrían traer de vuelta estos negocios, pero solamente para los pocos trabajadores con la capacitación necesaria para hacer funcionar una fabrica automatizada. Sin embargo, esta riqueza de oportunidades puede que sea también temporal. Una vez que los robots estén en su lugar, su mantenimiento continuo y una gran parte de su mejora también se automatizará. Los seres humanos tendrán que aprender a vivir con ello.

Desempleo en la alta tecnología

Esta paradoja fue articulada primero en los años cuarenta del siglo pasado por el pionero de la cibernética Norbert Wiener, cuyo trabajo influyó a los miembros del Gobierno Eisenhower para que empezaran a preocuparse sobre lo que vendría tras la industrialización. En 1966, Estados Unidos convocó la primera y única sesión de la Comisión Nacional de Tecnología, Automatización y Progreso Económico, que publicó seis volúmenes (mayormente ignorados) introduciendo el concepto de lo que más tarde se denominaría como la “economía post-industrial.”

Hoy en día, son Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee del MIT los que parecen liderar la conversación sobre el impacto de la tecnología en el futuro del empleo, lo que ellos llaman el “gran desacoplamiento.” Su extensa investigación muestra, más allá de la duda razonable, que el progreso tecnológico elimina puestos de trabajo y deja al promedio de trabajadores peor que antes.

“Es la gran paradoja de nuestra época,” explicó Brynjolfsson en la MIT Technology Review en 2013. “La productividad se encuentra en niveles récord, la innovación nunca ha sido tan rápida pero, al mismo tiempo, sufrimos una caída en el promedio de ingresos y tenemos menos empleos. La gente se está quedando atrás porque la tecnología está avanzando muy rápido y nuestras habilidades y organizaciones no le siguen el ritmo.”

Aún es difícil ver este gran desacoplamiento como una mera consecuencia accidental de la tecnología digital. No es una paradoja sino la realización del impulso industrial para quitar a los seres humanos de la ecuación de valor. Esa es la noticia: el crecimiento de una economía no significa más puestos de trabajo o prosperidad para la gente que vive en ella.

“Me gustaría estar equivocado,” confesaba un desconcertado McAfee en el mismo artículo, “pero cuando se implementen todas estas tecnologías que ahora suenan a ciencia ficción, ¿para qué necesitaremos a toda la gente?”

Cuando la tecnología aumenta la productividad, la organización tiene una nueva excusa para eliminar puestos de trabajo y utilizar los ahorros para recompensar a sus accionistas con dividendos o recompra de acciones. Lo que se habría perdido en salarios es convertido en capital. Así que la clase media se va vaciando y a los únicos a los que se deja seguir ganando dinero son aquellos que dependen de los retornos pasivos de sus inversiones.

Se pone de manifiesto que la tecnología digital simplemente acelera este proceso hasta el punto en que todos podemos observar lo que ocurre. Es sólo que hasta ahora no lo habíamos advertido; estábamos demasiado ocupados programando.


*Rushkoff, Douglas. “Why Learning To Code Won’t Save Your Job”. Fast Company, 25/03/2016 (Artículo consultado on line el 21/03/2016).

Acceso a la noticia: http://www.fastcompany.com/3058251/the-future-of-work/why-learning-to-code-wont-save-your-job

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