España está saliendo de la crisis. Desde inicios del 2014 hay un cambio de orientación en todos los indicadores. Pero los referidos a la economía crecen más que los del empleo. El PIB ha recuperado un 40% del terreno perdido durante la crisis, pero sólo un 20% de los puestos de trabajo. ¿Por qué? Esto se debe en parte a que durante la crisis el empleo fue más castigado que la economía, con bajas del 18 y del 14%, respectivamente.

 

Un vistazo a la evolución del PIB español en términos corrientes nos dice que la cifra alcanzada en el recién cerrado 2015 está tan solo un 3% por debajo de la registrada el año 2008, que señala el punto más alto antes de la crisis. Es decir, estadísticamente casi puede darse por cerrada la crisis... aunque si los datos se toman en euros constantes (descontando la inflación), la situación varía un poco, ya que todavía estaríamos un 8,5% por debajo de la cifra de 2008. Visto en perspectiva, este 8,5% correspondería a una caída hasta inicios de 2014 (el punto más bajo de la crisis) del 14% y una recuperación del 6% desde esta fecha hasta ahora. O si quieren, que hemos recuperado, en términos reales, un 40% de lo que se perdió desde 2008 hasta esa fecha intermedia.

La comparación obligada es de orden social. Pues bien, el empleo, que también se ha recuperado desde 2014, parece que va a una velocidad más lenta. Tomando la cifra de puestos de trabajo a tiempo completo, la caída desde el inicio de la crisis hasta el punto mínimo de la misma fue del 18% y la recuperación desde entonces, del 4%, lo que nos sitúa a un nivel todavía del 15% por debajo del registrado en 2008. O, si prefieren, para comparar mejor, solo se ha recuperado un 20% del empleo que se perdió en la crisis, frente al 40% que henos visto que ha recuperado la economía.

¿A que se debe esta diferencia? La explicación no es sencilla cuando se dispone solo de datos avanzados en algunos indicadores. Pero he aquí una idea. Un primer aspecto a considerar es que durante la crisis el empleo fue más castigado que la economía, con bajas del 18 y del 14%, respectivamente. Ello indica que una parte de la gente que perdió el empleo en estos años era poco productiva. Fueron los años de la desaparición y del adelgazamiento de las empresas hasta límites en muchos casos irracionales.

Un segundo aspecto es el del sector de la construcción. Según la Epa, se perdieron entre 2008 y 2013 unos 1,6 millones de empleos, mientras que desde entonces hasta ahora el aumento es de unos 120.000. Sin duda, este es el ralentizador más importante en la creación de empleo, y sin ningún atisbo de que se vuelva a recuperar el nivel de la precrisis. No debe pues extrañar que se hayan recuperado solamente 7 de cada 100 empleos perdidos. Una tercera explicación de que el crecimiento tiene lugar con menor necesidad de personal, estaría en que las empresas han aprovechado la crisis para mejorar su eficiencia y productividad, mecanizando más sus procesos y reorganizado su funcionamiento con menos personas. Un cuarto aspecto podría ser que una parte del valor añadido en estos dos últimos años procediera de operaciones en sectores de tipo más bien especulativo –como el inmobiliario– en cuya actividad, la necesidad de emplear personal sea puramente marginal. Por último, debe destacarse que el haber realizado estos cálculos con puestos de trabajo equivalentes a jornada completa y no con cifras directas de personas en la Epa, da una visión más ajustada de la realidad, ya que elimina, por ejemplo, el efecto de los trabajadores que han sido contratados a tiempo parcial.

En definitiva, la suma de los cinco puntos citados –más otros que puedan existir– podría explicar en buena parte porqué el empleo crece a una velocidad que es un tercio menor que la de la economía en su conjunto (PIB): el 4% frente al 6%.

De todo a las partes

Al margen del caso de la construcción –ya citado en el caso del empleo– y que en el PIB ha recuperado un escuálido 1,5% del perdido en la crisis en los dos años, destaca por encima del resto el sector servicios, que, en euros constantes, recuperó alrededor del 65% desde 2014 hasta hoy de lo que había perdido con la crisis. En personal, en este caso la recuperación ha sido mayor –un 83%– aunque no se dispone de datos todavía de la equivalencia a puestos de trabajo a tiempo completo, lo que daría un porcentaje algo menor. Con todo es una cifra muy respetable y parece evidente que ha sido el motor de la recuperación, en la, sin duda, que el turismo ha tenido mucho que decir.

En el caso de la industria, la recuperación de valor añadido perdido estaría alrededor del 20%, mientras en el empleo la recuperación es del 16%. En este punto, las cifras pueden llevar a un cierto error, puesto que con toda probabilidad muchas industrias habrán externalizado servicios en estos últimos años, que dejarán de contabilizarse en el sector industrial y estarán englobados en servicios. Así pues, la industria puede haber recuperado algo más de terreno en ambas parcelas de lo que aparece en las estadísticas.

Si por la vía de la oferta, los servicios van como un tren, por la vía de la demanda, tanto la buena marcha del consumo privado los dos últimos años, como la exportación desde el 2009, han evitado males mucho peores. El consumo familiar, con un aumento del 4% en los dos últimos años ha sido una sorpresa, ya que los salarios individuales apenas han subido, pero sí lo ha hecho la masa salarial, en un 5%, gracias al crecimiento del empleo de 1,15 millones de personas entre 2014 y 2015. Únase a ello la baja inflación y el desahorro realizado por muchas familias de poder adquisitivo medio alto que habían frenado su consumo durante la crisis. La mala noticia es que sigue creciendo la desigualdad de rentas.

Las exportaciones, por su parte, han salvado de la ruina a muchas empresas que han decidido salir al exterior, ante la atonía del mercado nacional. Muchas de ellas se han consolidado y han dado un paso decisivo para su supervivencia y crecimiento. En términos corrientes, las ventas al exterior de las empresas españolas han subido un 46% desde el año 2009 en que marcaron un mínimo y han sido decisivas para mantener una buena balanza por cuenta corriente, que ha contado con la inestimable ayuda adicional de la caída del precio del petróleo en el capítulo de las importaciones.

Por último es importante reseñar, la mejora que presenta la inversión en bienes de equipo que, en euros corrientes, prácticamente se ha situado en 2015 al nivel precrisis, aunque en términos constantes aún esté un 8% por debajo. Este tipo de inversión liga directamente con la mejora registrada en la productividad de las empresas industriales en estos últimos años.


El paro, una herencia envenenada

En los mejores momentos de la evolución de la economía, en el 2007–en plena burbuja– España presentaba un paro del 8%.Esta es una tasa difícil de rebajar históricamente, aunque la economía vaya como una moto, algo que tener en cuenta cuando nos comparamos con otros países de Europa. Aquí, el paro estructurales mucho mayor.Pues bien, en sólo seis años, la tasa creció hasta superar el 26% en el 2013, mientras desde entonces ha bajado hasta el 22%. Mucha gente –extranjeros sobretodo– se han ido y han colaborado a esta baja, pero la cifra Epa de 4,7millones actual (4,1 millones de paro registrado) de parados sigue siendo excesiva e inaceptable para una sociedad que pretenda vivir sin tensiones.

La comprobación de los rasgos del paro actual acentúan la preocupación de cara a su solución. Por ejemplo, la franja de edad entre los 16 y 29 años tiene hoy una tasa de paro del 36,7% y en el segmento de población con estudios bajos está en el 38,6% y no ha dejado de subir hasta el cuarto trimestre de 2015. El paro de larga duración (más de un año) supone ya el 60,8% sobre el total, una cifra también creciente en los últimos años. Son tres aspectos, en cierta forma ligados entre sí, que invitan a la reflexión, ya que no pueden solucionarse a corto plazo.Por cierto, el hecho de que los parados con estudios altos tengan una tasa de paro (también excesiva) del 11,8%, tres veces inferior a quienes tienen estudios bajos, debería hacer reflexionar a los jóvenes sobre la importancia de estudiar, aunque no haya una perspectiva clara en el cortísimo plazo. Visto desde otra perspectiva, las personas con estudios bajos tienen una tasa de actividad del 27,9% y en clara pendiente a la baja en los últimos años, mientras que quienes presentan unos estudios altos están en el 81,1%. La diferencia entre ambas tasas se triplica. Una razón adicional para hacer pensar a la juventud. Otra cosa es como deben orientarse estos estudios y como deberían buscar la adaptación a las necesidades de las empresas. Pero por aquí entraríamos en un aspecto colateral...

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