Thubten Wangchen y la actitud positiva ante lo que la vida nos trae

Como cada año desde el primero, el pasado 4 de junio asistí a la entrega del Premio Factor Humà Mercè Sala. En torno al humor y el optimismo todas las intervenciones del acto fueron excepcionales, pero me gustaría hablar en concreto de la del Fundador de la Casa del Tíbet en Barcelona, Thubten Wangchen. Un hombre de mirada brillante, sonrisa permanente y carcajada contagiosa (jajaja), que nos invitó a ser felices a pesar de nuestros problemas, a pesar de lo que la vida nos traiga.

“La felicidad no es algo que sucede. No es el resultado de la buena suerte o el azar… No parece depender de acontecimientos externos, sino de cómo los interpretamos… Las personas que saben controlar su experiencia interna, son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices.”
(Mihaly Csikszentmihalyi)

Como cada año desde el primero (2009), el pasado 4 de junio asistí a la entrega del Premio Factor Humà Mercè Sala que es un reconocimiento a personas, proyectos, equipos, iniciativas, etc., que son la concreción práctica de los principios y valores que ella representaba: innovación, pragmatismo, visión global y trato humano.

Este año iba en torno al lema: “El factor humor cada situación en clave positiva”. El acto, como no podía ser de otra manera, bajo la organización de la Directora de la Fundació Factor Humà, Anna Fornés, ¡fue un exitazo de humor!

Todas las intervenciones fueron excepcionales.

En este espacio, me gustaría compartir en concreto la de Thubten Wangchen (Tíbet, 1954) monje budista, Fundador de la Casa del Tíbet en Barcelona y miembro del Parlamento tibetano en el exilio, donde representa a Europa.

Ese hombre de mirada brillante, sonrisa permanente y carcajada contagiosa (jajaja), nos invitó a ser felices a pesar de nuestros problemas, a pesar de lo que la vida nos traiga.

Nos invitó a cambiar el lenguaje, cambiar ese “a pesar de”, por ser felices con lo que la vida nos traiga. Nos abrió las puertas a reflexionar sobre el hecho de que, en realidad, ser felices o no depende sólo y exclusivamente de nuestra actitud.

Thubten no tuvo una infancia fácil, realmente tuvo una infancia muy dura. Cuando tenía cuatro años China invadió el Tíbet, perdió a su madre y, junto a su padre y miles de tibetanos más, se embarcaron en una huída hacia Nepal, cruzando el Himalaya, abriendo caminos inexistentes, subiendo y bajando montañas que te llevan desde el cielo a los subsuelos y viceversa. Sin equipamiento adecuado, como dice él, sin trenes, ni metros, ni transporte público (jajaja). En Katmandú fue un niño mendigo, emigraron a la India donde también fue mendigo hasta que el Dalai Lama pidió al Gobierno indio que recogiera a esos niños que eran el futuro del Tíbet. El Gobierno indio fue generoso y así él se vio arropado y formado, aunque en un entorno tremendamente estricto y duro. A los 16 años ingresó como monje, con buen Karma (que no señora Carme jajaja), el Dalai Lama le aceptó en su monasterio privado durante once años. De todos los aprendizajes de aquella época Thubten destaca que el Dalai Lama siempre le enseñó la importancia de ser feliz.

“… Si tienes problemas, sé feliz, olvida los celos, el orgullo, que en lugar de defenderte, te generan más malhumor y el alejamiento de los tuyos, ¡¡¡no se acercan ni los perros!!! (jajaja).”

Finalmente llegó a Barcelona donde fundó la Casa del Tíbet.

“A pesar de” todo ello, recuerda que fue un niño feliz, a pesar de los problemas, mantenía la sonrisa y el humor porque desde pequeño le enseñaron que la vida tiene mucha fuerza, muchas posibilidades para seguir adelante, para evolucionar el espíritu y para cuidar el cuerpo. Cuerpo sano en mente sana.

Thubten nos recordó la importancia del humor para el ser humano, que la vida humana tiene mucha potencia, muchos valores. No importa quiénes seamos, tenemos esa potencia y la tenemos que aprovechar el máximo posible, porque además la vida no dura para siempre (jajaja). Que en la vida hay subidas y bajadas, éxitos y fracasos. El caso es que en cualquier momento podemos decidir ser felices, sin quejas y, sin embargo, estamos siempre de mal humor, con mala cara, desanimados.

Desde el nacimiento experimentamos sufrimiento, pero… ¿por qué enfocarnos en la tristeza? Tenemos que mirar de una forma positiva que nos abra el corazón y nos haga sentir más alegres, contentos, experimentar la felicidad. Y esto, dice,  no tiene que ver con la religión, ni con el Budismo. Tiene que ver con la propia vida y la esencia humana. Practicar la paciencia, el respeto, no guardar rencor, ser generoso, dar las gracias o no pensar sólo en los problemas propios, son actitudes que nos ayudan en este camino.

Conforme escuchaba a Thubten, venían a mi mente retazos de reflexiones de Viktor Frankl, reflexiones que seguramente muchos conocéis y habéis oído o leído (“El Hombre en busca de sentido”), pero que no siempre tenemos presente:

“(…) Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento (…) En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir con las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo (...) El amor es la meta más elevada y esencial a la que puede aspirar el ser humano... la plenitud de la vida humana está en el amor y se realiza a través de él (...).”

Claro que la teoría nos la sabemos todos y, a veces, cuando la vida nos despierta, hacemos la reflexión, paramos y nos decimos que tenemos que cambiar algo, pero nuevamente nos dejamos enterrar en los problemas, en las circunstancias, en la queja y en el victimismo. Y nos autoconvencemos de que la vida es gris. ¡¡NO!! Cuando dos personajes como Viktor Frankl o Thubten Wangchen, que han vivido en circunstancias de extrema necesidad y crueldad, nos dicen que siempre nos queda la opción del amor, de la elección, de la libertad de reacción, de la satisfacción de sobreguarda de la propia dignidad (felicidad)… Yo me quito el sombrero y agacho la cabeza avergonzada de mi reacción ante determinadas circunstancias cotidianas, que en realidad no tienen la más mínima importancia.

“No pienses sólo en los problemas propios, abre más la cabeza y el corazón. No te preocupes tanto, preocuparse no es la solución. Si tienes problemas hay que buscar la solución, buscando encontramos la solución y la paz interior. Así la vida puede mejorar. Actitud positiva. No sé si sirvió, pero me salió de mi corazón jajaja.”  (Thubten Wangchen)

Pues un millón de gracias Thubten por abrirnos y dejarnos entrar en tu corazón.

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