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El reconocido filósofo José Antonio Marina habla en su nuevo libro de un concepto hasta hace poco inédito: la inteligencia ejecutiva. Es la capacidad de tomar decisiones, de poner en práctica los conocimientos, de gestionar las emociones. En definitiva, dirige el conocimiento partiendo de la inteligencia cognitiva y la emocional. Además va muy vinculada a la noción de talento, ya que este se demuestra precisamente en la elección y la toma de decisiones.

Artículo La inteligencia ejecutiva, de José Antonio Marina, en La Vanguardia, 02/06/2012


Creo que está emergiendo un concepto de inteligencia más poderoso que los anteriores. Primero fue la inteligencia cognitiva: la función de la inteligencia es conocer. Después vino la inteligencia emocional, que se encargaba de comprender y gestionar nuestras emociones. Ahora llega el momento de la inteligencia ejecutiva, cuya misión es dirigir el comportamiento aprovechando las dos anteriores. El conocimiento y la emoción pueden estar enfrentados, pero necesitamos que colaboren. ¿Quien mediará entre ellos? La inteligencia ejecutiva, encargada también de tomar decisiones y elaborar planes. Ahora comprendemos mejor que la función principal de la inteligencia es dirigir bien el comportamiento. De nada sirve saber muchas cosas si luego no acertamos al emplearlas. El talento no es nunca una posibilidad, es una acción. No tiene sentido decir “¡qué gran jugador sería Fulano, si quisiera!”, porque querer serlo es un ingrediente del buen jugador. Robert Stenberg, uno de los más reputados investigadores sobre la inteligencia, dice una frase que suena escandalosa: “El talento es una decisión”. Voy a ser más cauto: el talento se demuestra en la elección y en la realización de decisiones. De ello se encarga la inteligencia ejecutiva, en la que confluyen dos grandes dinamismos de la evolución, el de controlar el comportamiento propio y el de dirigirlo hacia metas proyectadas imaginariamente.

El triunfo de esta idea me produce un entusiasmo adolescente, el deseo de gritar: ¡yo lo vi primero! Lo cierto es que se trata de un ejemplo más de un hecho misterioso que se repite en la historia. Parece haber ideas en el ambiente que se descubren al mismo tiempo en lugares diferentes. Newton y Leibniz descubrieron cada uno por su cuenta el cálculo infinitesimal; Darwin y Wallace, la teoría de la evolución; Graham Bell y Antonio Meucci, el teléfono; Gay-Lussac descubrió la ley de expansión de los gases al mismo tiempo que Dalton. Thomas Kuhn, un gran historiador de la ciencia, se pregunta ¿por qué a mediados del siglo XIX doce científicos llegaron por caminos diferentes al concepto de conservación de la energía? Sólo sé que nadie piensa encerrado en una burbuja, sino dentro de una red de ideas y sentimientos que estimulan o deprimen, insinúan unos caminos u otros.

Todo esto viene a cuento de la inteligencia ejecutiva, porque es una idea que emerge a la vez en ámbitos científicos diferentes, y en la obra de investigadores independientes. Los neurólogos hablan de ella porque investigan los lóbulos frontales, centro de nuestra capacidad de proyectar, seleccionar, mover a la acción. La informática, porque desde el principio descubrió que tenía que haber un programa ejecutivo de superior nivel que dirigiera las operaciones de programas inferiores. La psicología, porque al estudiar la memoria, la voluntad, la atención, descubrió un sistema supervisor central. La patología, porque muchas enfermedades, como los trastornos obsesivos compulsivos, las abulias, la impulsividad, la hiperactividad o los déficit de atención, son trastornos ejecutivos. La ciencia política, porque hace falta un poder ejecutivo que organice la pluralidad de intereses y de informaciones. El management, porque necesita conocer cómo medir esa inteligencia para poder seleccionar a los directivos. Por último, la educación. En este momento sabemos que su función principal es generar talento. Y eso incluye, inevitablemente, educar las funciones ejecutivas. Seguirán oyendo hablar de esta idea durante mucho tiempo. No me cabe duda.

Marina, José Antonio. "La inteligencia ejecutiva". Biblioteca UP, 2012. ISBN 978-84-344-0067-2

Libro en castellano.

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