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La tiranía del méritoPara superar las crisis que asedian nuestras sociedades debemos repensar las ideas de éxito y fracaso que han acompañado el aumento de la desigualdad y la globalización. Michael J. Sandel, filósofo y Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, defiende en La tiranía del mérito: ¿Qué ha sido del bien común? que la manera de pensar el éxito debe ser más acorde con una ética de la humildad y la solidaridad y más reivindicativa de la dignidad del trabajo. A través de este libro, se muestra esperanzado en una nueva política que ponga el foco en el bien común.

Entrevista al autor: "Hoy sabemos que un camionero es más necesario que muchos economistas", en "La Contra" de La Vanguardia del 08/02/2021.


Michael Sandel, catedrático de Filosofía de Harvard; publica “La tiranía del mérito”.

¿Años? Nunca fue tan necesaria la filosofía. Vivo en Boston y enseño en Harvard y en ‘Justice’, su curso a distancia más seguido. La universidad debe formar para el bien común y no para la carrera individual de engreídos que desprecian a la mayoría a la que creen perdedores. Y ese desprecio alimenta los populismos. He disertado en el Palau Macaya de la Fundació "la Caixa".

Las élites alaban la cultura del mérito y usted la critica. ¿Por qué?

Porque la meritocracia nos impide valorar a quién es de verdad importante y aporta más a nuestras vidas. Y lo hemos descubierto en esta pandemia.

¿Quién cree usted que es imprescindible ?

¿Quién se ha demostrado más necesario: la cajera del supermercado, el repartidor, el limpiador... o el enjambre de economistas que se lucran especulando con las acciones de sus empresas o los políticos que después reciben donaciones de ellas?

Lo que sé es quién cobra más.

¿Quién se paga más a sí mismo que a los camioneros y quienes sí nos dan de comer? Un camionero es más necesario que muchos economistas...¿Necesitamos tantos economistas? ¡Pues mandan en todo y están sobrevalorados!

¿No somos todos reemplazables?

Claro, pero sufrimos una élite meritocrática que se cree mejor por haber llegado al poder en una carrera de esfuerzo y talento que intentan convencernos de que ha sido justa. No lo ha sido. No lo es. Y esa élite con su desprecio por la mayoría provoca un resentimiento que alimenta a los populismos.

¿Quienes mandan no llegan por mérito?

Claro que no: se han beneficiado de un sistema injusto; no hay igualdad de oportunidades.

Si el tecnócrata es un cretino engreído, pero nos gestiona bien... igual hasta le voto.

Es que, además de tratar con desprecio a la mayoría, esas élites nos han gestionado mal y por eso las mayorías no se fían de los expertos, sabios, técnicos...¿Recuerda cómo la gente se reía de ellos en la campaña del Brexit?

¿La globalización no ha sacado de la pobreza a millones de personas en China e India?

Veamos: en Occidente entre los años 40 y 80 nuestras élites sí generaron prosperidad y una gran clase media; pero, desde entonces, la han degradado creando desigualdad: mire la evolución de los salarios...En América y en Europa se han desplomado. Por eso avanzan Le Pen, Vox, Salvini, los nacionalistas...

¿No demuestran esos populismos también su propia incapacidad al llegar al poder?

Pero siguen creciendo, porque no son una elección racional, sino una reacción ante el des­precio de esas élites. Millones de personas votan populista, porque les indigna esa hibris, la soberbia meritocrática de esos expertos que creen ser mejores y gestionan peor.

¿Y si la carrera al poder fuera más justa?

Supongamos que lográramos esa igualdad de oportunidades que hoy no existe y que el ascensor social funcionara. Sería una sociedad mejor, sí, pero aún crearía ganadores y perdedores y unos humillarían a los otros.

¿Usted no está mejor sin Trump?

Claro que celebro su derrota, pero no con el alivio autocomplaciente de los demócratas americanos ni del centroizquierda europeo.

¿Por qué?

Porque Trump obtuvo casi la mitad de los votos, 72 millones, de electores contra el desprecio de las élites hacia la gente normal y ahora con Biden, un producto del establishment, no ha cambiado nada...

¿Esa rabia hace que voten a frikis que llenan las listas electorales?

Esa rabia la provocan las élites que creen que su éxito es mérito suyo tras una buena universidad, relaciones, política...Creen que mandan por ser los mejores y que los demás no se han esforzado como ellos y son más tontos y vagos.

Si no es en la universidad, ¿dónde formaría a nuestros líderes o al menos gestores?

La universidad es una vía de formación y aprendizaje; pero no debería ser la única; y no debe ser, sobre todo, la expedidora del pasaporte hacia ese sentirse superior por un título.

¿Qué le falta a la universidad ahora?

Formar para el bien común no solo en pretendida pericia técnica, sino en valores y no solo para la carrera individual, sino para el servicio a la comunidad; porque cuando no lo hace –y ahora no lo hace– forma engreídos que retuercen el sistema en su único favor.

¿La digitalización ha empeorado o ha frenado la tiranía de la meritocracia?

Cuando nació internet, quienes iban a hacerse billonarios privatizándolo y quedándoselo lo promocionaban como la puerta a la democratización del conocimiento y, por tanto, a una sociedad más justa, próspera y feliz.

¿No lo es hoy?

Hoy las plataformas digitales y las redes asociales se apropian de nuestra atención –una capacidad limitada– para convertirla en sus bene­ficios. Yo he prohibido el uso del móvil en mis clases y en la medida de lo posible en todo mi ámbito académico.

¿No propician las redes el debate público?

Es lo que nos prometieron al crearlas, pero el efecto real ha sido el contrario: en las redes sociales solo nos relacionamos con quien piensa como nosotros. En realidad, nos han separado en grandes capillas digitales sin opiniones transversales. Y así nos hemos radicalizado.

¿Qué propone?

Dejar los frentes digitales y encontrarnos con los adversarios ideológicos cara a cara en un debate abierto y sincero. Nada haría más por la calidad del debate público que ese encuentro entre quienes piensan diferente.


Hablemos con el enemigo

Nuestras élites creen haber llegado a serlo por sus propios méritos y desprecian a los perdedores. Sandel demuestra que ni son mejores, porque se aprovechan de la falta de oportunidades para todos, ni gestionan mejor, porque en Occidente aumenta la desigualdad y las clases medias se empobrecen. El desprecio de la meritocracia por los perdedores (los sin carrera) alimenta el resentimiento que alimenta los populismos. Y los refuerza la digitalización de la política en la redes al aislarnos en bandos enfrentados que solo admiten la reiteración de sus propias ideas. Sandel propone que la universidad deje de servir títulos para carreras individuales y forme a todos para el bien común; y crear foros de encuentro donde podamos coincidir, sobre todo, con el adversario.

 

Sandel, Michael J. "La tiranía del mérito: ¿Qué ha sido del bien común?". Editorial Debate, 2020. ISBN 978-84-18006-34-0

Libro en castellano

 

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