Douglas McEncroe, Director de Douglas McEncroe Group: "España y Europa tienen un gran futuro, pero hay que hacer este trabajo de análisis y de imaginación, sabiendo hacia dónde queremos ir e identificando todo lo positivo que ya tenemos."

Durante los últimos cuarenta años la teoría de la gestión empresarial ha estado dominada por la práctica de resolución de problemas y toma de decisiones. De hecho, en todas las escuelas de negocio todavía domina. No hay duda de que tal aproximación aporta cierta sensatez, pero también es cierto que refleja un tipo de pensamiento demasiado lógico y racional; no lo suficientemente creativo. Pero el problema real es aún más sutil, este acercamiento desvela un paradigma un tanto pobre, ya que iguala a las organizaciones con problemas que se han de resolver, cuando en realidad las organizaciones en sus inicios representaron una solución a un problema, muchas veces realmente creativa, y no un problema en sí. Mirar a las organizaciones sólo como una serie de problemas que se tienen que resolver nos da un enfoque reactivo que por definición será pobre. Desde este acercamiento se pierden muchas oportunidades para crear algo nuevo, realmente capaz de romper.

El padre de la gestión empresarial Peter Drucker, solía decir a sus clientes que si su organización quería mejorar había dos posibles caminos. Uno era concentrarse en sus puntos flojos, en lo que no están haciendo bien, y mejorarlos. Aclaraba que con este enfoque, si hicieran un gran esfuerzo, un día llegarían a ser mediocres. El otro camino era identificar lo que la organización ya hacía muy bien, concentrarse en ello y perfeccionarlo. Y si hicieran un gran esfuerzo en perfeccionar lo que hacen bien, entonces llegarían a ser brillantes y líderes del mercado. La elección era clara.

Este acercamiento fue desarrollado aún más por David L. Cooperrider y Diana Whitney con lo que ellos llamaron "investigación apreciativa". Su trabajo es, hasta cierto punto, un desarrollo del trabajo del genial psicólogo Maslow y su visión de una ciencia social positiva. Lo que intenta conseguir la investigación apreciativa es identificar el resultado positivo deseado; a partir de ahí, enfocarse en lo positivo que existe en la organización y encontrar la manera de hacerlo realidad.

En los proyectos que llevamos a cabo con nuestros clientes, cuyo objetivo real es conseguir una transformación de la organización, que garantice su supervivencia, aplicamos este acercamiento. Primero, investigamos con el cliente el tipo de organización que quieren ser y luego facilitamos procesos donde se identifica todo lo positivo que tiene la organización: liderazgo que funciona, procesos que producen lo que tienen que producir, valores que siguen generando compromiso y prácticas que fomentan la creatividad. Sea como fuere, lo importante es que se pueda utilizar para construir la futura organización deseada. Enfocándonos en estos elementos que ya están produciendo buenos resultados y utilizándolos para construir los cimientos de la nueva organización, comprobamos una y otra vez que se crea una dinámica desde la que se accede a la creatividad existente en la organización, creatividad dirigida a innovar la organización que sus líderes están buscando. Enfocarnos en la situación actual como si fuera el presagio del fin del mundo, no creo que nos esté rentando grandes beneficios. Aplicando el enfoque tradicional de identificación de problemas y toma de decisiones no vamos a construir un futuro mejor. No entiendo como aún los líderes políticos y empresariales no lo ven, no lo cogen.

La primera pregunta que conviene hacerse es, ¿qué futuro queremos?, ¿adónde queremos llegar? Es la misma pregunta, casi existencial, que todo líder empresarial ha de plantearse sobre su organización. E igualmente la misma que nuestros líderes políticos debieran hacerse hoy. Creo que es justo la pregunta que se está planteando Obama sobre su país, y con mucha razón en hacérsela; aunque la pregunta sólo es el punto de partida, no es suficiente. Tenemos que centrarnos en todo lo positivo que tenemos en nuestro país, todo lo que se puede utilizar al servicio de esta visión del futuro deseado. ¿Cuáles son los valores de nuestra sociedad que realmente son positivos, que nos llevan a construir?, ¿qué elementos de la idiosincrasia se pueden canalizar hacia algún fin, como la creación de algún servicio, que los españoles podrían hacer mejor que otras nacionalidades?, ¿qué puntos fuertes existen en la educación que podrían servir para generar una economía más robusta y adaptada a las condiciones del mundo en que nos encontramos ahora?, ¿qué tipo de producción se hace bien en España?, ¿cómo se podría mejorar aún más y extenderla?, ¿qué tipo de servicios se hacen bien y cómo se podría construir sobre esta base?

Son las preguntas que se deberían estar planteando en estos momentos de retos y de cambios. Nunca se ha construido un futuro mejor desde el miedo y desde la desesperación. Tampoco se han creado unos cimientos sólidos sobre los que construir una nueva realidad para las generaciones futuras, enfocándose en lo que no funciona y buscando culpables. Creo que España y Europa tienen un gran futuro, pero hay que hacer este trabajo de análisis y de imaginación, sabiendo hacia dónde queremos ir e identificando todo lo positivo que ya tenemos, que nos puede servir para llegar y transmitir esta visión. La función del liderazgo es generar una visión y comprometer a las personas para hacerla realidad.

¿Dónde están hoy nuestros líderes?

Douglas McEncroe. Director de Douglas McEncroe Group

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