Un congreso debatirá en BCN sobre los problemas de liderazgo y desarrollo profesional femeninos que, en Catalunya, suponen desperdiciar unos 1.000 millones anuales en talento.

A la mujer le queda mucho camino por recorrer en el mundo laboral. Lo certifica, por ejemplo, su escaso peso en los consejos de administración. En el 2007, apenas significaban el 6% del total de los consejeros de las compañías del Ibex 35. En la actualidad, aún hay empresas del principal indicador bursátil español sin consejeras, como Gas Natural, ACS, Bankinter, Cintra, Gamesa, Iberia, Sacyr, Telecinco o Bankinter. La que tiene más es Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), en la que además de la principal accionista, Esther Koplowitz, están sus tres hijas y otra consejera. El desequilibrio con los hombres se da también en la alta dirección. Excepciones como Amparo Moraleda (Iberdrola), Ana Patricia Botín (Banesto) o Rosa María García (Microsoft) confirman la regla.

Pero, ¿es todo esto solo una cuestión de igualdad? Según Carme García Ribas, profesora de comunicación estratégica de la Escola Superior de Comerç Internacional (Esci)-Universitat Pompeu Fabra (UPF), el problema es el síndrome de Mari Pili, el enemigo a batir por las mujeres profesionales.

Los culpables no son los hombres, sino un rasgo atávico de la civilización mediterránea con división de roles: las mujeres, para la esfera privada y el mundo emocional; y los hombres para la esfera pública. Por cultura, las féminas temen el rechazo y tienden a tener un mayor sentimiento de culpabilidad que los hombres, a los que esencialmente les preocupa el fracaso. Los segundos reaccionan con agresividad y las primeras, adaptándose a estereotipos y un marco social y laboral con pautas masculinas, asegura la profesora.

En su opinión, su sentido de culpa si sienten que abandonan roles como los de madre o esposa limita al final sus expectativas profesionales. Según un estudio de la Cambra de Comerç de Barcelona, el abandono del mercado laboral por mujeres con estudios universitarios supone un desaprovechamiento de talento de unos 977 millones anuales en Catalunya, lo que supone el 0,5% de toda la economía. "Y no es que se lo apropien los hombres, es que simplemente se evapora", destaca. García Ribas, que dirige un máster en liderazgo femenino, uno de los pocos existentes y que está ultimando un congreso internacional sobre la materia, entiende que "se trata de romper con normas culturales, no genéticas ni de nacimiento". Desde que empezó a impartir estos cursos --el actual es el cuarto-- unas 60 mujeres han pasado por sus aulas y han logrado deshacerse de esa Mari Pili interior que frenaba su autonomía personal y profesional.

Y es que no es un problema de igualdad, ya que esta se implementa desde la perspectiva masculina. "Hace más por todo ello una ministra de Defensa que crear un Ministerio de Igualdad", asegura García Ribas. Dedicarse a un curso de liderazgo femenino o algo similar es como una liberación. "Aprendes a tomar las riendas de tu propia vida", destaca Gemma Sánchez-Fores, una de las que han hecho el posgrado y que hoy trabaja en el departamento de García Ribas. Eva Hernández, licenciada en Biología y responsable de Endesa Educa, lo ve de forma parecida: "Me ha abierto los ojos frente a la vida profesional. No es que los tuviera cerrados, pero no veía como cambiando solo las actitudes de autosabotaje que tenemos las mujeres, puedes cambiar el entorno en el que te mueves, y es que la actitud es todo". Estos problemas son los que se discutirán en el congreso internacional Life 09 en septiembre próximo en Barcelona.

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