La capital catalana se ha convertido en la ‘smart city’ de referencia del Estado. En estos momentos Barcelona es la ciudad que más está apostando por la revolución del siglo XXI, la tecnológica.


En apenas dos semanas Barcelona se convertirá en la capital mundial de las ciudades inteligentes al acoger la segunda edición de la Smart City Expo World Congress, que pone de manifiesto la apuesta de la ciudad por convertirse en una smart city. No en vano, la capital catalana acaba de ser nominada como la urbe más inteligente de España, según el informe Análisis de las ciudades inteligentes de España 2011, elaborado por la consultora IDC, que ha analizado un total de 44 ciudades españolas que superan los 150.000 habitantes.

Según el director de estudios de IDC España, Rafael Achaerendio, Barcelona merece dicha posición “por su apuesta clara en temas de transporte urbano eficiente, que se demuestra por ejemplo en el hecho de que es la ciudad con más puntos de carga para el vehículo eléctrico de España, así como en edificación sostenible y, sobre todo por la estrecha colaboración público-privada que se ha desarrollado en ambos terrenos”.

Un camino hacia la inteligencia que, según los expertos, Barcelona inició hace más de una década con la proyección del distrito tecnológico 22@Barcelona. “Junto con Bilbao, Barcelona es la ciudad del Estado que más se transformó en la época de la revolución industrial y, en estos momentos, es la que más está apostando por la revolución del siglo XXI, la tecnológica. El 22@ es el mejor exponente de ello: un distrito que conjuga industrias de alta tecnología y espacios residenciales, y que se ha convertido en un barrio productivo hiperconectado con el mundo”, dice Manel Sanromà, gerente del Instituto Municipal de Informática del Ayuntamiento de Barcelona, que advierte que el siguiente paso es exportar dicho modelo de barrios productivos al resto de distritos de la ciudad.

“A pesar de que su nombre pueda sonar snob, una smart city no es una virguería, sino una necesidad. Las nuevas TIC han revolucionado la vida de las empresas y de las personas pero no han provocado grandes cambios en las ciudades que, por ejemplo, siguen consumiendo la energía que se produce en otros lugares, en vez de producirla ellas mismas, cuando existe un amplio abanico de tecnologías al servicio de las ciudades que las convertirán en espacios más eficientes, ecológicos, productivos y de mayor calidad”, añade Sanromà.

De hecho, y en el marco del proyecto de innovación urbana Siiur, desde hace tres años Barcelona cuenta con una especie de laboratorio de pruebas, en el pasaje Mas de Roda del distrito 22@, donde se testean farolas inteligentes o puntos de recogida de basura inteligente, ente otras cosas. “La idea de la ciudad es pasar del prototipo a la realidad”, añade Achaerendio.

Pero ¿cuáles son los principales beneficios que puede aportar esta estrategia al tejido económico de la ciudad? Para Sanromà la apuesta de convertir Barcelona en una ciudad inteligente generará múltiples oportunidades de negocio en sectores tan diversos como el energético, el transporte, el diseño, el agroalimentario o el de las TIC, entre otros. “La apuesta por la conversión de Barcelona es una smart city no puede ser liderada sólo por la administración pública, pues son las empresas privadas las que desarrollarán sistemas inteligentes interesantes para las ciudades. Y aquí todavía hay un largo recorrido por hacer, repleto de oportunidades de negocio tanto para las empresas catalanas ya existentes como para nuevos emprendedores”, admite.

Precisamente con esta vocación, hace unos meses el Ayuntamiento firmó un convenio de colaboración con Schneider Electric para crear el primer Centro de Excelencia Smart City en el distrito 22@, a través de su filial Telvent. “Este nuevo centro supondrá un foco de conocimiento para la ciudad; desde aquí desarrollaremos proyectos transversales inteligentes junto con otras empresas en temas de energía, transporte o edificación, entre otros, que a su vez crearán nuevos puestos de trabajo. Asimismo, contribuirá a que Barcelona se convierta en un modelo de referencia del desarrollo urbano sostenible”, concluye Artur Corbi, director de desarrollo de negocio de transporte de Telvent.


Un Messi para la ciudad

Para el gerente del instituto Municipal de Informática de Barcelona, Manel Sanromà, la estrategia ganadora que usa Barcelona para el uso de tecnologías de la información se resume con un acrónimo muy simple y sonoro: Messi (movilidad, e-gobierno, smart city, sistemas de información, innovación). “Las smart cities son uno de los pilares básicos de la estrategia TIC del Ayuntamiento de Barcelona, tal como el crac argentino lo es para el Barça en el campo de fútbol”, bromea el directivo.


Referente para el mundo

El pasado septiembre el Ayuntamiento de Barcelona junto con Cisco y GDF Suez anunciaron la puesta en marcha del City Protocol, el primer sistema de certificación para ciudades inteligentes, que podrá ser puesto en práctica por cualquier ciudad del mundo y que liderará la capital catalana. El acuerdo contempla diversos proyectos estratégicos, como la plataforma Cisco Smart + Connected Communities que pretende ayudar a Barcelona a convertirse en modelo de referencia en el desarrollo urbano sostenible.


TRES APLICACIONES

Pago sin contacto a través del móvil

De la mano de La Caixa, Telefónica e Indra, el Ayuntamiento de Barcelona lidera el proyecto Tap and Go que impulsa el despliegue masivo en la ciudad de la tecnología NFC, de pago sin contacto a través del teléfono móvil. Por el momento, y basándose en la aplicación Contactless de La Caixa, el pago NFC se hace a través de tarjetas sin contacto y datófonos instalados por la entidad financiera en 15.000 comercios de la ciudad. “Como primer paso hemos llevado esta tecnología a museos, mercados y estamos intentando cerrar acuerdos con los taxis”, dice Manel Sanromà, En una segunda fase, que prevé estar en marcha en el 2014, el pago se podrá efectuar desde los terminales móviles que dispongan de la tecnología NFC; si bien aún falta el consenso de los fabricantes. "Esta nueva tecnología permitirá que no necesitemos llevar mil tarjetas encima con funciones diferentes", concluye Sanromà.

Mobilidad eficiente y sostenible

Desde principios de octubre Barcelona cuenta con cinco nuevas líneas de autobús que conectan la ciudad de forma rectilínea, con una trama ortogonal para facilitar el uso a los usuarios. Dicha red se irá extendiendo progresivamente durante la primavera del 2013 hasta llegar a las 28 nuevas líneas (8 horizontales, 17 verticales y 3 diagonales), “Con esta nueva red de autobuses los usuarios ganarán tiempo porque los tramos recorridos serán en línea recta. Además, el sistema que dará prioridad semafórica al bus, aumentará la frecuencia de paso y la velocidad, a la vez que consumirá menos combustible”, explica Manel Sanromà, gerente del Instituto Municipal de Informática del Ayuntamiento de Barcelona. En esta línea, cabe destacar que en su apuesta por un transporte limpio, TMB cuenta ya con 25 nuevos autobuses híbridos y 35 de gas natural, que apenas generan emisiones de CO .

Generación de energía en la ciudad

Sin duda, uno de los proyectos más ambiciosos en el terreno de las smart cities que el Ayuntamiento de Barcelona está liderando de la mano de compañías como Schneider Electric o GDF Suez es la proyección de manzanas de edificios autosuficientes que, por el momento, se están probando en el distrito 22@. “Dentro de la visión de que la ciudad ha de contar con barrios productivos de emisiones cero, creemos que es necesario que los edificios empiecen a generar la energía que consumen a través de la captación y transformación de la fotovoltaica, la eólica, la geotérmica o, ¿por qué no?, la marina. Está claro que el modelo actual de comprar energía de puntos lejanos no es sostenible”, dice Sanromà. “Sin ir demasiado lejos, en Londres, a 30 kilómetros de la desembocadura del Támesis se está construyendo una central eólica que abastecerá el 50% de la energía que consume la ciudad”, sentencia.


UNA PERSPECTIVA ESTRATÉGICA
Francesc Santacana, coordinador general del Pla Estratègic Metropolità de Barcelona

Desde hace algunos años se ha introducido en el lenguaje de las ciudades un nuevo anglicismo: smart cities o ciudades inteligentes. Y Barcelona –una de las ciudades smart pioneras en el mundo, junto con Sant Cugat del Vallès– está desarrollando un completo programa de acciones dentro de este epígrafe.

En términos generales, el concepto es sencillo: se trata de aplicar soluciones tecnológicas para mejorar y agilizar el funcionamiento de las ciudades, con especial relevancia en los sectores del transporte (movilidad), recursos (agua y energía), residuos, medio ambiente, administración pública, participación ciudadana...

La evolución de la inteligencia pasa de los proyectos tecnológicos aislados a sistemas integrados que permitan una visión global del funcionamiento de las ciudades para una gestión más eficiente y sostenible.

Pero la catalogación tecnológica de este concepto es parcial: unas ciudades quieren mejorar alguna parte de sus sistemas urbanos y unas empresas tecnológicas venden sus productos/soluciones. ¿Es esto una ciudad inteligente?

Creo que si queremos evitar el riesgo de crear ciudades inteligentes y ciudadanos estúpidos se ha de dar un paso adelante y trasladar el concepto smart de la tecnología a la esfera del conocimiento. Es decir, entender que una ciudad es inteligente no sólo por la tecnología que aplica sino porque tiene determinados conocimientos inherentes e intangibles que pueden contribuir a generar unas capacidades de transformación social que la hace avanzar por la vía de un desarrollo económico y social sostenible.

Evidentemente, esto requiere la articulación de intereses entre muchos grupos de actores que supera el espacio económico para convertirlo en un espacio de relación. Y esto implica la generación de cambios y sistemas que hacen imprescindible disponer de una visión de medio o largo plazo.

Desde esta nueva perspectiva de la smart city, que le aporta el conocimiento y la estrategia, se evita el problema de su posible identificación con una operación de branding que puede beneficiar, ciertamente, a la administración pública y a las empresas, pero no necesariamente al conjunto de la ciudad.

Y, si esto es así, está claro que las prácticas propias de una smart city no pueden ser iguales en todo el mundo. Como exponen Isabel Carreras y Anna Puiggròs al analizar las tendencias mundiales y su impacto en las grandes metrópolis, estrategias aptas para ciertas partes del planeta pueden resultar inadecuadas en otras a causa de los niveles educativos de sus habitantes. En realidad, lo que permitiría definir una smart city deberían ser más los niveles y calidad de conocimiento de sus habitantes para definir su futuro, relacionarse e involucrarse en proyectos de la sociedad, que las meras aplicaciones tecnológicas.

La Associació Pla Estratègic Metropolità de Barcelona es, en esta línea, un ejemplo de como se construye una ciudad del conocimiento. Es decir, una ciudad que promueve la interrelación entre sus agentes de desarrollo económico y social; que facilita la colaboración público-privada; que “hace que las cosas pasen”; y que reconoce que el progreso de la ciudad no se puede basar únicamente en valores económicos sino que debe integrar los valores propios de la cohesión social.

Es en este contexto que tiene sentido el proyecto que impulsa Barcelona para definir un protocolo internacional orientado a definir los estándares funcionales de las smart cities y configurar la figura de un nuevo modelo para las ciudades del futuro. Y una de las estrategias estrella que constata este compromiso de Barcelona se pondrá en marcha en el denominado Smart City Campus, en la zona renovada del 22@ para profundizar en el análisis de los elementos que configuran la inteligencia de las ciudades.

Una de las novedades que aporta la ciudad inteligente es la de un nuevo y potente actor que demanda conocimientos para solucionar sus problemas pero que, a su vez, ofrece su conocimiento de las ciudades para impulsar investigaciones y tecnologías en las universidades y en las empresas.

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