Las redes sociales corporativas son un instrumento clave para gestionar el conocimiento interno. Con estas redes mejora el clima laboral y se gestiona el conocimiento de la organización. Hay empresas que aún no se dan cuenta de que la información ya no se puede controlar, sino sólo gestionar.

Hace unos años, un distribuidor de coches en Estados Unidos, preocupado por el estancamiento de las ventas de vehículos con techo solar, decidió buscar sistemas para mejorarlas. Muy pronto observó que si dejaba entrar en el habitáculo a los hijos de los clientes y les permitía manipular el interruptor del techo, de forma que lo movieran hacia delante y hacia atrás tantas veces como quisieran, la venta del automóvil era casi segura. Acto seguido colgó su descubrimiento en la red social corporativa de la empresa, de forma que todos los distribuidores tuvieran noticia inmediata de ello. Con la aplicación de este método, las ventas de estos vehículos en todo el país crecieron un 30% en tan sólo dos meses. “Con un e-mail, no hubiera sucedido nada”, completa la anécdota Xavier Orozco, socio director general de IOR Consulting, que ha presentado un estudio sobre ¿Cómo aprovechan las empresas españolas las oportunidades de las redes sociales corporativas?

Una red social corporativa tiene un ámbito cerrado, determinado previamente por la empresa y puede centrarse en empleados, clientes, proveedores y abrirse a temas no profesionales internos. “Lo que más preocupa a las empresas es la distracción que puede suponer para el personal. Sin embargo, viendo estadísticas de uso de estas redes se llega a la conclusión de que sólo el 33% de accesos a la red se hace desde la empresa, mientras que el resto proceden del móvil o del domicilio particular”, apunta Franc Carreras, director de IOR Digital.

Aunque su uso es incipiente en nuestro país (véase recuadro adjunto), las ventajas que supone quedan reflejadas en el citado estudio. Los departamentos que más provecho están sacando del uso de la red social corporativa son marketing, recursos humanos y comunicación. Aunque un 75% de las empresas no cuentan con red, un 82% de ellas sí disponen de una intranet, la predecesora natural de estas redes. “Como más del 50% de ellas la tienen desde hace más de cinco años pensamos que hay un porcentaje alto de empresas que deben estar pensando en la posibilidad de adoptar una red social corporativa, bien como evolución de su intranet, bien como paso inicial para contar con una buena herramienta de comunicación y colaboración”, apunta Orozco.

Estas redes tienen dos ámbitos como objetivo. Uno es el de mejorar las relaciones internas entre personas y otro es el de la gestión del conocimiento de la organización, es decir, cómo compartir lo que uno sabe con el resto, algo muy importante, sobre todo, en empresas grandes o con muchos centros de trabajo dispersos. Y ello, con objetivos tan prácticos como aumentar la productividad, vía la mejora del clima laboral, un crecimiento de las ventas o una mejora en los procesos.

“Mi experiencia me dice que un 40% de las ideas que surgen de las redes son para mejorar los procesos, pero lo más importante es que la dirección se permeabilice y vea lo que pasa en la primera línea”, apunta Ricard Alfaro, director de recursos humanos de Asepeyo y presidente de Aedipe. De todos modos, reconoce que para su implantación se ha de ser “atrevido”. “No todas las organizaciones están preparadas para ello, sobre todo por un problema cultural”, dice. “Es más que eso, hay miedo. Miedo a dar un arma a la sindicalización, a las críticas. Pero es un error, porque las críticas estarán igual en internet o Facebook, así por lo menos la dirección está al corriente de ellas”, apunta Orozco. Alfaro se muestra contundente al afirmar que “todavía hay empresas que creen que la información se puede controlar. Y no se dan cuenta que hoy sólo se puede gestionar”.

Estas redes pueden incluso parecer un arma de doble filo, al incomodar tanto a la dirección como a los empleados. “Lo primero que debe hacer la empresa es superar el miedo, porque también para el empleado –sobre todo los jóvenes, los ‘digitales’– representa mucho, ya que es un ejercicio de transparencia. Por ello, para evitar reticencias, es bueno antes de poner marcha un proyecto de este tipo dar formación sobre ello”, dice Orozco.

También aconsejan tener muy clara la estrategia antes de su lanzamiento. “Dos de cada tres empresas se han lanzado sin una estrategia previa. Simplemente lo aplican porque es cool o para dar un aire más in a la empresa de cara al empleado”, apunta Carreras. Una vez decidido, hay que acotar muy claramente el campo de juego y marcar las reglas. Después se deberá escoger la tecnología correcta. “No es fácil para el empresario, ya que cuenta con 25 tecnologías para ello. Es mejor que se asesore bien”, dice Orozco. Y, por último, está la dinamización. “Si se lanza, no va a funcionar sola. Hay que monitorizar, incentivar la participación y romper el hielo con la gente, a lo que se dedica un comunity manager”, concluye Carreras.



¿Quien usa las redes sociales corporativas?

Según el estudio de IOR, el uso de las redes sociales corporativas en España es aún incipiente. Sólo un 25% de las empresas las utiliza en la actualidad y un 83% de estas empresas la tiene desde hace menos de dos años. Sin embargo, y a pesar de este corto tiempo, un 28% de estas empresas las utiliza a todos los niveles de la organización y un 11% las considera ya una herramienta imprescindible en su actividad empresarial. Hay, por tanto, datos reveladores y útiles que se desprenden de su experiencia y que pueden servir de guía a aquellas que aún no las están usando. Las áreas de marketing y comunicación (61%), junto con la de recursos humanos (44%), son las que con mayor frecuencia han tenido la iniciativa de proponer el uso de este tipo de redes. Sin embargo, son las dos primeras las que asumen con mayor frecuencia (62%) el papel de sponsor, patrocinador e impulsor del proyecto, en detrimento de las otras (especialmente de recursos humanos, que se queda en un 21,6%).

Los objetivos más buscados con la implantación de este tipo de proyectos son los de “mejorar la imagen de la organización (66,7%) y “mejorar la comunicación” (66,7%). Siempre según el estudio de IOR, no deja de ser curioso y, al mismo tiempo, muy positivo que en tiempos de crisis las empresas estén invirtiendo en proyectos que persigan este tipo de objetivos. Los dos factores clave de éxito más citados por estas empresas (45,5%) son la participación y comunicación y la gestión del cambio. Este punto demuestra que el éxito de la implantación de una red de este tipo depende fundamentalmente de las personas, en definitiva, de su participación.

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