Los expertos señalan que además de demostrar buenas aptitudes profesionales hay que cultivar las relaciones sociales para progresar en la empresa. Se calcula que el vínculo con el jefe es determinante en dos de cada tres ascensos.

Prácticamente hay unanimidad entre los expertos: en plena crisis y en un entorno laboral cada vez más competitivo, no basta con demostrar unas excelentes aptitudes profesionales para conseguir un ascenso, también hay que saber cultivar las relaciones sociales, sobre todo en oficinas y despachos. No en vano, añaden, el vínculo con el jefe es determinante en dos de cada tres promociones.

Los analistas no se refieren a tratos de favor, tráfico de influencias o privilegios caprichosos, es decir, a los clásicos enchufes, sino a la habilidad de mantener una actitud optimista y abierta. Especialistas como Vijay Govindarajan y Chris Trimble, profesores de la prestigiosa escuela de negocios del Dartmouth College, o Shawn Achor, que ha escrito un libro muy popular basado en las clases que imparte en la Harvard University –The Happiness Advantage: The Seven Principles of Positive Psychology That Fuel Success and Performance at Work–, consideran fundalmental en este aspecto fijarse un objetivo claro y desarrollar la estrategia adecuada.

No existen métodos universales e infalibles. Contextos distintos reclaman aproximaciones diversas. No obstante, sí que hay algunas coincidencias en cuanto a los procedimientos, sea cual sea la cultura de la organización. Por ejemplo, de las investigaciones de Achor se desprende que las probabilidades de progresar que tienen los asalariados con amigos en su centro de trabajo, que ayudan a sus colegas y que incluso impulsan actividades son un 40% superiores a las del resto.

Esta modalidad pertenecería a uno de los cuatro grandes grupos detectados por este docente, en concreto al conjunto de los altruistas. En contraste con lo que sucede con los ubicados en el extremo opuesto –los aislados–, ellos suelen ser vistos como individuos carismáticos y creativos. Sin convertirse en lo que coloquialmente se conoce como pelotas, su grado de compromiso multiplica por diez el del personal menos dotado para este tipo de interacciones.

La mayoría de estos consejos y de muchas otras recomendaciones, como las recogidas por el gurú del personal branding William Arruda en su bestseller Career Distinction: Stand Out by Building Your Brand, se refieren a trabajos de naturaleza administrativa o ejecutiva. Además, a menudo parecen pensados para mercados como el de los Estados Unidos, de donde son originarios estos autores. Allí, por ejemplo, el sueldo de los licenciados duplica el que percibe la plantilla con estudios secundarios. En el sur de Europa la situación no es ésa.

Los consultores, muchos de ellos colaboradores de la International Thought Leader Network, una entidad de referencia a escala internacional, son igualmente conscientes de que, todavía hoy, a las mujeres les resulta más difícil aplicar sus tácticas en numerosas compañías porque forman parte de sectores e industrias en los que tradicionalmente los hombres han ocupado la posición dominante. Así es por más que sean capaces de explicar qué contraprestación o mejoras aportarían a la empresa a cambio de su ascenso.

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