El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha dicho esta semana que después de las medidas de ahorro anunciadas para el sistema universitario vendrá la reforma académica. Algunos de los males que se señalan son un exceso de oferta de universidades y títulos, la escasa producción investigadora de muchos profesores, la endogamia, una insuficiente movilidad e internacionalización o la falta de exigencia a la hora de repetir asignaturas. Estas son las cinco ideas más polémicas para revolucionar nuestra universidad.

La tarea de reformar el sistema universitario español no es sencilla. Algún máximo responsable universitario con funciones políticas en el pasado reconoce en privado que sólo hay una forma de arreglar nuestra universidad: tirarla abajo y empezar de cero. No igual de catastrofista, pero sí un panorama muy sombrío es el que planteó recientemente el ministro de Educación, José Ignacio Wert, cuando anunció la creación de una comisión de expertos que durante seis meses analizará los cambios que necesitan nuestras instituciones de educación superior a petición del Gobierno.

El titular de la cartera educativa ha señalado esta semana que las medidas concretas anunciadas durante los últimos días por el Ejecutivo en relación a las tasas universitarias o las becas son sólo medidas de ahorro en el marco de la política presupuestaria. La reforma académica vendrá después del verano.


El diagnóstico

El ministro ha destacado que ninguna universidad española se encuentra entre las 150 mejores del mundo según los rankings internacionales, que la tasa de abandono de nuestros estudiantes es del 30% frente al 16% europeo, que sólo una tercera parte obtiene su título sin repetir ningún curso y que la tasa de paro de los graduados de entre 25 y 29 años es del 20%. Además, se calcula que sobran un 13% de las titulaciones, porque tenemos 79 universidades y 236 campus en municipios diferentes, que ofrecen 2.413 grados universitarios, 2.758 másteres oficiales y 1.680 doctorados. De esta forma, el 30% de las titulaciones no tiene el número mínimo de alumnos para ser eficiente económicamente y la escasa movilidad se traduce en que el 93% de los alumnos estudian en su distrito universitario.

Los principales males de la universidad española han sido diagnosticados por un buen número de expertos y profesores desde hace años y muchos de ellos han venido señalando propuestas que han formado parte del debate y quizá ahora cobren cuerpo.

Estas son algunas de las más repetidas:


1. Fusión de universidades

La integración de distintas instituciones podría ayudar a que éstas fuesen más eficientes, se optimizaran los recursos y se mejorasen, por tanto, los resultados de la educación superior a un menor coste económico. Mientras que en la última década ha descendido el número de matriculados, han seguido inaugurándose nuevas instituciones, hasta contar 50 públicas en un país con 52 provincias. Entre algunos profesores se habla incluso, en término jocoso, de un FROB universitario, que se llamaría Fondo de Reestructuración Ordenada Universitaria (FROU), para iniciar un proceso de concentración como el de bancos y cajas de ahorros.

Ganar tamaño es otro de los requisitos para competir con posibilidades en los rankings internacionales, algo crítico hoy en día si se quiere profundizar en la internacionalización de nuestras aulas y ser país receptor de estudiantes extranjeros.

En este mismo sentido iría la impartición conjunta de titulaciones. La mayoría de las universidades de nuestro país no han optado por la especialización, sino que se han desarrollado con un enfoque generalista, ofreciendo muchas de ellas las mismas carreras. En numerosas ocasiones, en la misma ciudad se repite idéntica titulación en dos o más instituciones.

El planteamiento de muchos desde hace años es racionalizar esa oferta de estudios, de forma que los centros se concentren en distintas especialidades y se optimicen los recursos. Además, esto fomentaría de forma indirecta una mayor movilidad, al no contar con tanta oferta de títulos en todas las comunidades autónomas.


2. Autofinanciación

Hay quien va más allá y en lugar de que sean los poderes políticos autonómicos o las propias universidades quienes decidan cómo se integran las instituciones o qué titulaciones imparten de forma conjunta, defienden que continúen ofreciendo todos los servicios que deseen aquellas que sean capaces de autofinanciarse. Las que no, evidentemente, tendrían que cerrar.


3. Competencia

Algunos expertos señalan un modelo menos revolucionario que el anterior, pero en la misma línea de introducir la competencia entre universidades para hacerlas más eficientes. Según éstos, no serían las universidades las que recibirían los fondos públicos mientras los estudiantes son asignados a las distintas facultades en función de las plazas disponibles. Si no que los alumnos tendrían la libertad absoluta para elegir centro, lo que las obligaría a aumentar su calidad y prestigio para ser atractivas para los universitarios. Sus ingresos llegarían a través del número de alumnos que fueran capaces de matricular.


4. Más becas, menos subvenciones

Siguiendo el argumento anterior, el público conocería el coste real de una plaza universitaria y no el 15% (30% a partir del próximo curso) como hasta ahora. Por contra, se aumentaría el número de becas, introduciendo tramos de renta. Los estudiantes menos pudientes, tendrían ayudas al estudio del cien por cien del coste, ligadas eso sí a sus resultados académicos. El resto, pagaría mayor o menos porcentaje en función de su nivel económico. De esa forma, dicen quienes lo defiendes, son los estudiantes quienes reciben la ayuda y eligen universidad, en vez de ser éstas las que tienen una subvención directa garantizada, sean cuales sean sus resultados.

Además, el alumno se conciencia del coste real de sus estudios y está presionado a conseguir mejores resultados para ir renovando sus ayudas.


5. Selección del profesorado y los gestores

Otro de los males señalados por muchos en nuestro sistema universitario es la endogamia. A la hora de contratar al personal docente e investigador y también al elegir a los gestores. Éstos son votados por sufragio universal, pero la escasa participación estudiantil hace que en la práctica sigan siendo prisioneros de los grupos de interés internos que les hayan apoyado en las elecciones, como en el sistema de elección que había anteriormente. Desde hace tiempo se viene reclamando un nombramiento menos politizado y que responda a un perfil capaz de aunar lo académico con la gestión.

Por otro lado, los responsables de los departamentos son mayoría siempre en los tribunales que deciden las incorporaciones, por lo que en la mayoría de los casos seleccionan a los candidatos que han realizado su doctorado con ellos. Cambiar este sistema de reclutamiento es vital para muchos expertos.

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