Desde hace un tiempo se habla de empresas que se relocalizan, es decir, que vuelven a producir en este país después de haberse deslocalizado a China, por ejemplo, años atrás. Pero no es un camino sencillo. El principal problema es que es difícil encontrar el clúster adecuado: el entorno de proveedores necesario para hacer posible la producción.

En los últimos tiempos han tenido eco mediático una serie de empresas que han decidido relocalizar su producción en España tras abandonar China. No son muchas y los motivos varios, pero descubre que existe un camino de retorno. De todos modos, siendo cierto para algunos sectores, dista mucho de ser algo que pueda extrapolarse. Lamentablemente, el principal problema que encuentra una empresa que decida volver es si va a encontrar el clúster adecuado, es decir, el entorno de proveedores necesario para hacer posible su producción, tras el abandono operado en la industria en nuestro país.

Con todo, sí hay cosas que han cambiado. Una de ellas es la propia idea de ser competitivo. Para el profesor de producción, tecnología y operaciones del Iese y director de la cátedra Port de Barcelona en el Ceibs de Shanghai, Jaume Ribera, “con ser importantes, los costes ya no son algo que se pueda mirar como factor único”. Así, cita como factores complementarios la flexibilidad –la posibilidad de cambiar de idea sobre un producto–, el volumen de existencias –su minimización– o la facilidad para introducir nuevos productos, ya que antes se cambiaba el catálogo una vez al año y ahora se cambia varias veces y, por supuesto, la puntualidad en los plazos de servicio.

En el caso concreto de China, y en función de estas necesidades, como aspectos negativos cita que muchas empresas pueden tener poca flexibilidad, están muy lejos (1,5-2 meses de trayecto) y piden cifras muy altas en los pedidos. En cuanto a los costes, van subiendo debido al tipo de cambio del yuan, a la subida interna de salarios (20% en algunos sectores), al margen de que muchas empresas han cerrado y ya no es tan fácil encontrar la adecuada. Todos esos cambios llevan a algunas empresas a plantearse acercar la producción a España. “Sin embargo –dice Ribera– no es tan fácil, porque el producto no lo hacen ellas solas sino todo el clúster. Y en China encuentras clústeres más fácilmente que en otros países. El ipad2, por ejemplo, tiene un coste de mano de obra de unos 10 dólares, y aunque se doblara seguiría haciéndose allí, porque aún sería barato y además hay una enorme disponibilidad de proveedores”.

Para Ribera, los deseos de volver de muchas empresas son reales, pero si no hay un entorno de proveedores adecuado es muy difícil. En China es fácil. “En un sólo pueblo chino se fabrica el 50% de los cepillos dentales del mundo. En España teníamos un fantástico tejido industrial en el Vallès para el textil, o en Elx para los zapatos, pero ahora han desaparecido y cuesta mucho volverlos a crear”.

Y concluye que España debe decidir qué quiere hacer. “Un empresario no tiene capacidad para crear el clúster que necesita y el país no tiene capacidad para hacerlos todos”, dice. Con respecto a las empresas, distingue “a la que fue a China hace diez años y hoy se plantea vender aquí y en China. Pero es probable que el peso de la producción que puede colocar allí sea determinante para no volver. En cambio, si alguien se fue a China para fabricar sólo para España, es probable que vuelva..., sobre todo si no tiene éxito en el mercado interno chino”.



El 'director de orquesta'

Para el profesor del Iese Jaume Ribera, en el comercio con China falta alguien con visión global para mejorarlo. “Hoy en día la competencia no se produce tanto entre empresas individuales que comercian globalmente, como entre las cadenas de distribución a las que pertenecen. Y la que une China con Europa no es una excepción. En este contexto, las autoridades portuarias son el agente más adecuado para desempeñar el papel de ‘director de orquesta’ de la cadena con el fin de hacerla más eficiente”.



Los puntos negros en la relación comercial con China

¿Qué pasa desde que se fabrica un producto en China y llega a España? No es un camino fácil y sencillo. Intervienen muchos agentes y aunque cada uno trata de hacerlo lo mejor que puede en su función, el sumatorio final no es todo lo positivo que sería deseable. Para el profesor Jaume Ribera, “se pierde muchísimo valor en cada eslabón de la cadena de distribución, ya que abundan los fallos y las ineficiencias”. Desde su punto de vista, el problema que impide una mejora de la situación es que “no hay nadie que tenga una visión completa de la cadena. El producto pasa por muchas manos y cada una cumple su cometido, pero sin poder optimizarlo en función de la siguiente fase”. De entre las ineficiencias principales cita tres de ellas.


Puntos de información. Ribera comenta que “puede sorprender que no exista una comunicación directa entre la autoridad del puerto de origen y la del puerto de destino, siendo las navieras las encargadas de comunicar al puerto de llegada el tipo y cantidad de mercancía que transportan. Al mismo tiempo, el transitario en origen se encarga de facilitar esa misma información al transitario del lugar de destino. Y el exportador hace lo mismo con el importador. Con ello, la información circula tres veces, aumentando los costes y la probabilidad de errores”. Echa de menos un ‘director de orquesta’ que ponga orden en todo ello. “Las aduanas, por ejemplo, no tienen visión de negocio. Cumplen su función, pero sin importar el tiempo, por ello no dan un buen servicio al empresario, ya que los costes le aumentan mucho”.


Falta de transparencia. Hay una serie de vicios ocultos muy arraigados. Cita como ejemplo el caso de los transitarios chinos: “Uno puede ofrecer su trabajo a una empresa exportadora por 100 y otro por 20. El empresario se queda con el de 20 y se lleva la sorpresa de que la diferencia queda compensada por lo que le cobran en destino. Al no estar estandarizado, los empresarios no saben a qué coste deben hacer frente. Es una forma de transferir costes que tiene lugar en todos los países del mundo que comercian con China”. Si bien matiza que en el caso de Europa, “el pecado es mayor en los puertos del sur que en los del norte”.


Volumen. Es evidente que para que un puerto sea eficiente debe tener un alto volumen de tráfico. Cuenta que, en el caso de Barcelona, al no haber un barco diario con Shanghai y no tener un volumen de carga suficiente obliga a la nave a ir parando en puertos del camino para aumentar la carga, con lo que se retrasa la entrega en Barcelona. “Por ello, a veces puede salir más barato llevar la mercancía a Hamburgo y traerla luego aquí”. Explica que es el pez que se muerde la cola. “Como no atraemos más mercancías al puerto, no hay volumen suficiente y no hay barcos directos y como no hay barcos directos no viene más mercancía. Hay que romper el nudo”.

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