Un 25% de ejecutivos europeos ve aceptable pagar sobornos para superar el mal momento. El estudio que lo refleja también analiza la percepción que los empleados tienen de sus directivos y los factores de fraude en las empresas.

Son meses duros para las empresas y muchos directivos se encuentran entre la espada y la pared. La competencia aprieta, los pedidos menguan y el problema ya no es el crecimiento, sino la subsistencia. Pisamos terreno extremo, sabemos que hay muchos empleos detrás y aparecen tentaciones. ¿Dónde están los límites de lo lícito? Un reciente informe de Ernst& Young, realizado entre 2.200 ejecutivos europeos da una respuesta cuando menos inquietante. Una cuarta parte de ellos, consideran que sería aceptable sobornar a clientes con tal de mantenerse en el negocio y superar la recesión. La ética se vuelve gris cuando la crisis se agudiza, porque a casi la mitad de los encuestados de 22 países, le parece que "uno o más tipos de comportamientos empresariales contrarios a la ética son aceptables"... léase pagos en efectivo para obtener un negocio o incluso mentir sobre la gestión financiera para encubrir resultados decepcionantes. Es un aspecto latente en las organizaciones y que se incrementa en épocas de crisis. También más de la mitad de encuestados lo creen así.

El estudio en cuestión, European Fraud Survey 2009, analiza, además de la laxitud de comportamientos, los factores que llevan al fraude en las empresas, la percepción que los empleados tienen sobre los directivos y administradores y las medidas que se están tomando pata prevenir el riesgo de fraude. "En realidad todo se mueve dentro del llamado triángulo del fraude. La motivación, que es lo que lleva al defraudador a cometer irregularidades; la racionalización, que es la autojustificación del acto y la oportunidad, que aparece por la carencia de controles suficientes", explica Victor Benedito, senior manager de Forensic de Ernst & Young (FIDS).

El fraude interno en la empresa "siempre gira alrededor de tres puntos: la apropiación de activos, la manipulación de estados financieros y el incumplimiento normativo, donde se integran los conflictos internos y los sobornos", prosigue. En el informe queda claro que la cultura que existe en nuestro país es mucho más laxa que en el resto de Europa (véase gráfico en la parte superior de la página), con respecto a la corrupción. "En nuestra cultura, no siempre está mal vista. Hay empresas que ven muy normal efectuar obsequios o retornos de dinero para captar clientes. Es algo que está en todo tipo de organizaciones y sectores y que puede afectar muchas veces también a los prescriptores", continúa Benedito.

La crisis ha hecho aflorar también muchos casos de manipulación de estados financieros. "Estamos ante personas que dirigen organizaciones y en las que parte de su sueldo es variable y quieren que los resultados sean los mejores posibles, pero con la crisis llega un momento en que ya no es posible seguir con el engaño. Es como en los fraudes piramidales, siempre estallan cuando hay crisis, porque alguien decide que ya no quiere aportar dinero", apunta Javier Espel, senior manager de Forensic en Ernst & Young (FIDS).

Ambos advierten del hecho de que el mayor riesgo de fraude proviene de la alta dirección y de los mandos intermedios, en definitiva, de personas que tienen un nivel de responsabilidad en la organización (véase gráfico adjunto). "Hay un claro problema de confianza, tanto de abajo hacia arriba como de la cúpula hacia abajo", dice Benedito. Según el informe, por ejemplo, un 29% de los encuestados españoles no tienen confianza de que la compañía para la que trabajan esté libre de tener un fraude significativo. Es más, mientras un 23% de trabajadores españoles considera que la dirección de la empresa donde trabaja siempre opera con un alto nivel de integridad, otro 25% piensa que la dirección algunas veces, raramente o nunca muestra este nivel de integridad.

Otro aspecto que aborda el informe es el impacto que tienen los despidos en el fraude. Un 86% de los encuestados creen que aumentan el riesgo. "La actitud de algunos de los que se quedan puede ser más laxa, al pensar que el próximo puedo ser yo", apunta Espel. Asimismo, durante los complejos procesos de consolidación industrial, crecen los riesgos, al disminuir los controles. En realidad, un 54% de encuestados identifica la falta de procedimientos y políticas como factores que contribuyen a ello.

Ambos creen que en España estamos en una cultura reactiva ante el fraude y que se debe cambiar por otra proactiva. "Lo mejor es prevenir", conclyuen.


Códigos de conducta poco eficaces y miedo a la denuncia

En las medidas anti-fraude puestas en marcha por las empresas destaca la confianza existente en las auditorías tanto internas como externas. "Todos esperan que las soluciones lleguen por esta vía, pero es como iniciar la casa por el tejado", apunta Victor Benedito. "Hay que empezar por implantar una serie de aspectos culturales en los que estamos muy por debajo de la media europea". Y cita concretamente, los códigos de conducta, la formación anti-fraude y la confidencialidad. Para Espel, "el código de conducta tiene que estar implantado, ser claro y conocido por la organización y ser recordado periódicamente. Debe definir claramente cual es la conducta honesta de la empresa y quésanciones se contemplan ante las irregularidades. En realidad esto va muy ligado a la formación anti-fraude, es decir, cómo se debe actuar ante situaciones irregulares, a la concienciación que debe tenerse...". Un problema con el que se topa, sobre todo en España, es el de la confidencialidad. "Aquí la idea de que la empresa somos todos no está implantada. En muchos casos, no hay confianza en que vaya a respetarse la confidencialidad de una denuncia y ello genera miedo a represalias a quien descubra una irregularidad y con la denuncia deba enfrentarse a un superior jerárquico", concluye Benedito.

Acceso al estudio de Ernst&Young "European Fraud Survey 2009": http://www.ey.com/CH/en/Newsroom/News-releases/20090519-Ernst---Young-European-Fraud-Survey

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