Las comidas de negocios son muy habituales en España, pero tienen sus propias reglas de juego que hay que respetar. Un almuerzo con jefes o clientes también es una reunión: se debe mantener la actitud profesional siempre.

"Vamos a comer y acabamos de debatirlo”. “Almorzamos juntos y te cuento el proyecto”. Estas frases se pronuncian cada día en miles de empresas españolas. Las comidas de negocios forman parte habitual de la vida profesional en nuestro país, para sorpresa de muchos clientes y proveedores extranjeros. De hecho, incluso el Barça ha utilizado servilletas de restaurante para firmar uno de sus proyectos más rentables: el primer contrato de Messi.

“Culturalmente, somos un país muy gastronómico: aquí los grandes acuerdos se toman comiendo”, destaca Maite Piera, coach de carrera profesional y autora del libro Buscar trabajo para dummies. Precisamente por eso, conviene recordar siempre que un almuerzo de negocios no tiene nada que ver con una comida lúdica con amigos: al fin y al cabo, no deja de ser una reunión, aunque fuera del espacio habitual de la oficina. Pero los límites pueden ser difusos, sobre todo si no se trata de almuerzos con personas ajenas a la compañía, como un cliente, sino con el propio jefe. “Muchos profesionales se sienten incómodos porque no tienen claro cuál es su papel en el almuerzo y no saben si pueden comentar o no delante del jefe determinados aspectos más personales que sí se comentan habitualmente con el resto de comensales”, destaca. En todos los casos, la coach recomienda no relajarse nunca y mantener la actitud profesional, “vigilando qué se dice y cómo, controlando que la duración no se alargue en exceso y que, al mismo tiempo, todos los comensales tengan la posibilidad de expresar su propia opinión”.

Mantener una actitud profesional en un almuerzo de negocios requiere, además, tener en cuenta toda una serie de normas no escritas. Algunas aparentemente sencillas, como la elección del restaurante, pueden resultar trascendentales: una buena negociación puede llegar a torcerse en un espacio demasiado frío, ruidoso, con un calor asfixiante o con un servicio inadecuado que alarga en exceso el encuentro. “Cuando diseñamos los menús para comidas de negocio tenemos muy en cuenta que sean menús sencillos de comer, poco copiosos y que permitan estar listo en 45 minutos”, explica Anna Pons, directora de Marketing de Derby Hotels Collection, con restaurantes muy frecuentados por ejecutivos, como La Terraza del Claris.

Otra duda clásica es qué hacer con los teléfonos móviles, actualmente parte indiscutible del uniforme de cualquier profesional. “Deben estar desconectados o en silencio, porque si lo dejas encendido sobre la mesa estarás pendiente de él y no atenderás a tu compañero de almuerzo”, advierte Montse Guals, directora de la asesoría de imagen Qué Me Pongo. Si se espera una llamada importante se puede “pedir permiso” al interlocutor para mantenerlo encendido; “si no es así y se responde una llamada durante la comida, el acompañante puede interpretar que la persona que llama es más importante que él mismo y sentirse ofendido”, apunta Guals.

Las tarjetas de visita deben intercambiarse, según Guals, en el momento de encontrarse en el restaurante y guardarlas en el bolsillo o en otro lugar: no deben quedar sobre la mesa durante el almuerzo. Aquí cada cultura puede tener su propia costumbre: por ejemplo, los japoneses entregan sus tarjetas separando sus manos a la altura del corazón, y esperan que el receptor disponga sus manos a esa misma altura para entregársela. En cuanto al contenido del encuentro, su trascendencia debe ser creciente, es decir: la comida debería empezar tratando asuntos triviales, aunque evitando aquellos potencialmente conflictivos, como política o religión, e ir introduciendo el objeto de debate progresivamente, sacando a colación definitivamente el tema que negociar en el momento del postre y el café.




Ni platos que ensucien ni alcohol en exceso

Decidir qué plato pedir entre la amplia carta de un restaurante no siempre es tarea fácil. Pero cuando además se trata de escoger el menú para un almuerzo de negocios, el tema se complica. Una norma básica: los invitados deben preguntar al anfitrión qué les sugiere o recomienda. Por otro lado, el invitado nunca debería pedir un plato más caro que la persona que invita. A la hora de decantarse por un plato u otro, conviene también recordar que el almuerzo no deja de ser una reunión donde conviene ofrecer una imagen lo más profesional posible. Por ello es preferible rechazar platos difíciles de comer o que pueden manchar con facilidad, como espaguetis o marisco. Vino sí, pero con moderación: mejor llegar a la fase de negociación con todas las capacidades en alerta máxima.



¿Con quién comeré hoy?

Buscar gente para compartir ideas profesionales, o simplemente hacer networking, comiendo: esa es la base de Getlunched.com, una start-up inglesa que acaba de arrancar en Londres y pretende extenderse este mismo año a Europa y Estados Unidos. En su primer día de funcionamiento atrajo a 500 usuarios que, gracias al sistema de geolocalización, pueden encontrar en las proximidades profesionales interesados para comer juntos. Se puede elegir entre la opción de invitar a un comensal, pagar a medias o pedir ser invitado. De momento, Getlunched.com sólo funciona por invitación y la versión básica es gratuita. Integra los contactos de Linkedin y Facebook y en breve tendrá una aplicación para Blackberry, iphone y Android. La web está abierta a todo tipo de perfiles y sectores.

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.