Siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, algunos centros privados hacen chequeos de salud específicos para directivos, a menudo pagados por sus propias compañías. Y es que tomar decisiones no sólo implica tener conocimientos sino también mantener una mente lúcida y un cuerpo en condiciones de soportar el estrés y el estilo de vida propio del cargo de directivo.

El trabajo diario de los altos ejecutivos implica tomar a diario decisiones trascendentales que pueden marcar el futuro de la compañía y de todos sus empleados. Por ello, se espera que estén perfectamente capacitados para llevar a cabo su labor con eficacia, y eso no sólo implica conocimientos sino también mantener una mente lúcida y un cuerpo en condiciones de soportar el estrés y el estilo de vida propio del cargo.

En países como Estados Unidos, muchos hospitales ofertan el denominado Executive Health Program, es decir, un programa especializado en la revisión de la salud de los directivos, para prevenir y tratar posibles trastornos físicos y mentales. Sus principales clientes son las empresas, dispuestas a pagar el elevado coste de estos programas para asegurarse de que su cuadro ejecutivo está en plena forma. Por ejemplo, General Motors solía enviar cientos de directivos a revisar su salud en el prestigioso hospital John Hopkins de Baltimore. En España esta tendencia aún no es tan habitual, pero en los últimos años algunas clínicas y centros privados han empezado a ofrecer también este servicio.

“La salud es importante para todas las personas, sea cual sea su trabajo –explica el doctor Óscar Beloqui, director de la unidad de chequeos de la clínica Universitaria de Navarra–, pero en el caso de los directivos no es sólo trascendental para él sino también pata su empresa, ya que debe tomar decisiones muy importantes y eso requiere estar sano”. Inspirado en el modelo norteamericano, la clínica Universitaria de Navarra fundó hace once años esta unidad de chequeos por la que han pasado más de 33.000 pacientes, entre ellos ministros, banqueros y ejecutivos de grandes empresas, aunque también personas de todas las edades y profesiones, e incluso jubilados. “Algunas empresas obligan a sus directivos a hacerse el chequeo, otras sólo lo recomiendan”, explica Beloqui. Ya no se trata sólo de una remuneración en especies para el ejecutivo: “La propia empresa es la primera interesada en que a ese profesional no le dé un infarto ni se coja la baja”, destaca el doctor. La mayoría de pruebas se hacen en un solo día, para no entorpecer las agendas de estos profesionales.

Un 90% de las personas que pasan por estos chequeos presentan algún tipo de patología, según los datos de la unidad de chequeos de la clínica Universitaria de Navarra. Según Beloqui, el principal beneficio de estos exámenes es que “permiten diagnosticar enfermedades en fases iniciales, cuando todavía no han manifestado síntomas, como es el caso de algunas patologías cardiovasculares, degenerativas o incluso tumorales”. Sólo en un 2,7% de los casos se detectan tumores de diversa naturaleza, siempre en fases iniciales. Entre las enfermedades detectadas con mayor frecuencia figuran factores de riesgo cardiovascular como la dislipemia o alteración de los niveles de lípidos, presente en casi el 39% de los casos; la obesidad, en un 22%, y la hipertensión arterial en casi un 20%.

La cabeza, principal herramienta de trabajo de un directivo, también ocupa un lugar destacado cuando se trata de prevenir y vigilar la salud de estos profesionales. El Centro de Investigación Biomédica Euroespes (CIBE) ofrece desde hace años en Bergondo (A Coruña) el programa de Prevención de Riesgo Cerebral para Altos Ejecutivos, un exhaustivo examen predictivo que incluye pruebas para determinar el riesgo de padecer ictus o infartos.

Según el CIBE, el 22% de los directivos españoles padece problemas de tipo cerebrovascular, como mareos, vértigos o dolores de cabeza. Un 15% sufre cefaleas y hasta un 17%, trastornos depresivos. “Aproximadamente, un 60% de los directivos que pasan por el programa lo hacen por iniciativa personal, muchos de ellos entre los 40 y los 45 años, una edad muy apropiada para identificar ciertos riesgos”, explica el doctor Ramón Cacabelos, director del CIBE. En el resto de casos, es la compañía quien paga unas pruebas que pueden costar entre 1.500 y 3.000 euros aproximadamente. “Vienen de las principales empresas del país, pero en torno al 30% son de pymes –explica Cacabelos–. Unas lo hacen para premiar a sus ejecutivos pero muchas se preocupan por su salud, una estrategia muy inteligente porque cuanto más sanos estén, mejor rendirán”.



Wall Street, del parquet al alcoholismo

El estrés excesivo nunca es buen compañero para la salud. Si un alto ejecutivo de cualquier sector vive sometido a un alto nivel de presión, en el distrito financiero más popular del mundo, Wall Street, el estrés forma parte del uniforme de trabajo. Algunos profesionales de la banca y la bolsa neoyorquina acumulan jornadas laborables inacabables que pueden llegar a sumar más de 100 horas semanales, y el cuerpo acaba pasando factura. Tras seguir muy de cerca a algunos de ellos durante nueve años, un estudio de Alexandra Michael, profesora de la Universidad del Sur de California, ha revelado que los populares brókers de Wall Street no sólo comparten corbata: la mayoría acaba padeciendo insomnio, palpitaciones, desórdenes alimenticios e incluso problemas de alcoholismo y otras adicciones. La exigencia de sus puestos de trabajo hace, de hecho, que muchos de los “tiburones de las finanzas” que inician su andadura profesional en Wall Street no aguanten más de cuatro años en el puesto. Según el estudio, durante sus dos primeros años de carrera en Wall Street, los profesionales de la banca trabajan una media de entre 80 y 120 horas a la semana, incorporándose a su puesto hacia las 6 de la mañana y permaneciendo en él hasta la medianoche. La energía de estos profesionales parece permanecer intacta hasta aproximadamente el cuarto año en Wall Street, cuando comienzan a maltratar su cuerpo para soportar el esfuerzo, y muchos desarrollan adicciones. Además, muchos acaban padeciendo trastornos como la enfermedad de Crohn, psoriasis, artritis reumatoide o problemas de tiroides, entre otros problemas que pueden llegar a acompañarles para toda la vida.

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