Varios especialistas analizan si Catalunya tiene un entorno proclive al desarrollo de los emprendedores. Además del apoyo familiar, se necesita un buen entorno educativo que fomente la iniciativa emprendedora, y también apoyo por parte de la administración y recursos económicos.

Se habla mucho últimamente de los emprendedores; como nunca se había hecho en este país. Bueno es que así sea, ya que la negativa situación económica empuja a buscar el propio nicho de actividad. Pero no siempre –mejor dicho, nunca– se trata de una tarea fácil. Siguiendo la ley del péndulo, hoy podemos tener la tentación de crear paralelismos entre los espacios mediáticos que se les dedican y una hipotética mayor facilidad. No, los tiros no van por ahí. En Catalunya, por ejemplo, ¿tenemos un entorno que facilita su desarrollo? La pregunta no es sencilla de responder y, por ello. bajo los auspicios de la Fundación Junior Achievement, cuatro especialistas reflexionan sobre ella, desde una serie de puntos de vista: el del entorno educativo, económico y político, que se analizan en texto aparte. Queda un cuarto, no menos importante, que es el familiar.

“Desde la fundación queremos fomentar el espíritu emprendedor a los niños y jóvenes para que estén mejor preparados de cara a su futuro, especialmente en el contexto actual”, comenta la directora ejecutiva de la fundación en Catalunya, Anna Serra. “Lo cierto es que estamos viendo que los países con una fuerte cultura emprendedora, como EE.UU., los nórdicos o Alemania, han afrontado mejor la crisis. En ellos, la familia tiene un papel clave, ya que es en este entorno donde se adquieren los valores que determinan la iniciativa emprendedora”, prosigue. Gabriel Masfurroll, emprendedor, empresario y presidente de Wings4b, va un poco más allá al asegurar que “habría que desarrollar programas pedagógicos que sirvieran para hacer comprender a las familias la importancia del emprendimiento, como una forma de vivir que abarca todos los ámbitos de la vida”. No le va a la zaga Pau García Milá, fundador y director de EYEOS, al plantear que “cuando un niño quiere comerse el mundo, la familia tiene que hacerle entender que costará, que no será fácil, pero que el premio final merece el esfuerzo de intentarlo”. Y, por último, el profesor del Iese, Juan Roure, recuerda que “los entornos familiares actúan como verdaderos mentores de emprendedores”.




Los tres entornos del emprendedor

COLEGIAL / UNIVERSITARIO: Por el buen camino y trecho por delante

Los cuatro expertos aprecian que en Catalunya se ha empezado a andar por el buen camino pero queda todavía un mundo por recorrer. Así, para Roure, el reto estaría al principio, y se plasmaría en “aumentar el atractivo de la iniciativa emprendedora como opción de carrera personal y profesional”, mientras que Anna Serra recuerda que “nuestra propuesta es que los niños aprendan las ‘habilidades del siglo XXI’, como la conciencia global, finanzas, economía, formación emprendedora, educación en TIC...”. Algo más crítico, aunque también ve síntomas de cambio, se muestra Masfurroll para quien, “el entorno colegial/universitario catalán no facilita el emprendimiento, ya que está lastrado por una cultura y hábitos diferentes, presentes desde hace muchos años”. García Milá plantea un punto de vista distinto, al decir que “ser empresario es una profesión que se estudia y se hace mejor o peor, pero ser emprendedor es una actitud: la de enfrentarse a problemas del día a día y solucionarlos. La escuela apuesta ya por el ‘emprendizaje’, la universidad podría hacerlo más”.



POLÍTICO: En estado de toma de conciencia

Los emprendedores deberían ser un colectivo muy “mimado” por toda administración. No siempre, por desgracia, es así. Según García Milá, “hoy se está haciendo un esfuerzo para facilitar especialmente el día a día a nuevas empresas y emprendedores. El camino es largo pero el ritmo parece interesante”. También Masfurroll cree que “el entorno político empieza a comprender que el país necesita emprendedores, no sólo empresarios”. Pero es evidente que desde que se diseñan acciones hasta que se recogen frutos pasa tiempo. “Sí, es un proceso muy lento y que necesita una pedagogía profunda, larga e insistente en todos los ámbitos”, concluye. Roure aporta un punto de vista diferente. “Hemos concentrado demasiado los esfuerzos en la creación de nuevas empresas y se ha prestado poca atención a la difusión de modelos que imitar y a la emprendeduría en la empresa existente”. Y Serra recuerda: “En la fundación estamos trabajando con la Conselleria d’educació para implementar algunos de nuestros programas para fomentar la emprendeduría en los colegios de Catalunya”.


ECONÓMICO: Lastre enorme y gran oportunidad

En la situación actual, los claroscuros son evidentes, como ponen en evidencia los cuatro expertos consultados. Anna Serra, por ejemplo, los describe muy claramente. “Por un lado ayuda, porque la crisis obliga a buscar soluciones innovadoras y nuevas formas de generar negocio. Sin embargo, también puede desincentivar a muchos emprendedores al ver como fracasan otros”. También Roure, al recordar que “hoy los emprendedores se enfrentan con restricciones sin precedentes en el entorno económico, entre las cuales la falta de crédito es la más acusada”. Masfurroll va en la misma senda, al plantear que “el entorno económico demanda que se fomente una cultura emprendedora, pero la enorme falta de recursos impide el apoyo necesario para su desarrollo”. Para García Milá, la crisis es lastre y oportunidad. “Es un lastre porque da mala imagen de cara a potenciales inversores internacionales y es una oportunidad porque las empresas medianas y grandes empiezan por hacer recortes en lo que ‘no es seguro’. Y ahí es donde alguien con ideas tendrá menos competencia”.

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