Estudiantes de MBA de la Harvard Business School lideran una campaña para convertir el management en una profesión formal mediante un juramento hipocrático. Sin embargo, The Economist opina que no convencerán fácilmente de su buena voluntad.

En realidad ellos no proclamaron que “la avaricia no es buena”, pero el juramento realizado el pasado tres de junio por más de 400 estudiantes que se graduaban en la Harvard Business School viene a ser algo parecido. En una ceremonia oficiosa realizada el día anterior a que recibieran sus títulos de MBA, los estudiantes prometieron que, entre otras cosas, “servirían al bien común”, “actuarían con la máxima honradez” y se guardarían de “decisiones y comportamientos que pongan por delante sus propias y limitadas ambiciones, pero que dañen a la empresa y a la sociedad a la que ésta sirve.”

Quizá te dé la risa. Pero con casi la mitad de la promoción de este año haciendo la promesa, Max Anderson, un estudiante de MBA, lo vive como un triunfo para una campaña que él mismo lanzó un mes antes. Tenía la esperanza de que, como mucho, 100 de sus compañeros se apuntarían, pero la crisis económica parece haber estado detrás de tanto éxito. Los estudiantes quieren distanciarse de las generaciones predecesoras de MBA, cuyos difusos límites éticos han sido vistos como una contribución a la crisis, especialmente en Wall Street, el mayor empleador de los MBA de Harvard durante los últimos años.

Puede parecer ridículo que estudiantes que han gastado cerca de 100.000 dólares en dos años de clases en un esfuerzo para lograr ser muy ricos, ahora tengan ganas de reconvertirse a sí mismos como virtuosos. Tal ingenuidad, si es eso de lo que se trata, no sobrevivirá mucho tiempo fuera de la universidad. Los estudiantes puede que simplemente estén llevando a la práctica sus clases de marketing. La promoción actual está entrando en el peor mercado laboral para graduados en MBA en décadas y muchos ven el trabajo en el gobierno o en entidades sin ánimo de lucro como la mejor apuesta. Así que, adoptar una “agenda de valores”, podría resultar útil.

La popularidad del juramento quizá también refleje un cambio más amplio y con implicaciones importantes, no sólo en formación empresarial, sino también para el management en su conjunto, afirma Rakesh Khurana, Profesor de la Harvard Business School. Khurana y su colega Nitin Nohria, han estado entre los pocos miembros del profesorado de la Harvard que han animado la campaña de Anderson. “Los estudiantes nos están diciendo que quieren una formación empresarial que funcione de manera distinta y tienen unas expectativas más altas del profesorado. Solamente decirles que maximicen el valor para el accionista ya no les hace sentir satisfechos. Quieren escapar de la caricatura de la empresa que se les ha enseñado en el aula y conseguir consejos de prácticas útiles sobre cómo dirigir una organización del siglo XXI.”

El juramento del estudiante forma parte de un esfuerzo mayor para transformar el management de un oficio a una profesión –una cruzada que los señores Khurana y Nohria ya propusieron en un artículo muy comentado el pasado octubre en la revista Harvard Business Review. Cuando la escuela de negocios fue fundada en 1908, su objetivo era crear algo en la misma línea que las escuelas de Medicina y de Derecho. Pero dicha misión pronto se abandonó, sobretodo porque no había acuerdo sobre cómo tenían que comportarse los directivos.

Un conjunto de valores compartidos es una de las características definitorias de una profesión. Abogados y médicos, por ejemplo, tienen sus propios códigos, pero los profesores de las escuelas de negocios tienden a hacer suya la afirmación de Milton Friedman de que la única responsabilidad de la empresa es la de maximizar los beneficios: explican a sus estudiantes que como directivos su única misión debería ser incrementar el valor para el accionista.

Una de las dos principales críticas del juramento y de la idea general de convertir el management en una profesión, particularmente entre el profesorado de las escuelas de negocios, es que resulta innecesario o activamente perjudicial. Delitos como la malversación son castigados por la ley. Los accionistas que crean que los directivos no han actuado en pos de su mejor interés les pueden demandar. Mientras tanto, mediante una promesa para “salvaguardar los intereses” de compañeros, clientes y de la sociedad, ¿no están los futuros capitanes de la industria simplemente defraudando a sus accionistas?

Los defensores del juramento responden que el objetivo de maximizar el valor de las acciones se ha convertido en una justificación para el cortoplacismo y, en particular, para el rápido enriquecimiento personal. Están preocupados porque los directivos actúan para aumentar rápidamente el valor de las acciones a costa de la salud y sostenibilidad de la empresa. Gurús del management como Jim Collins, autor de Good to Great (“Empresas que sobresalen”), argumentan que a la larga es más probable que los accionistas consigan mejores resultados si las compañías las dirigen personas íntegras y con ganas de jugar un papel constructivo en la sociedad.

La segunda queja sobre el juramento es que sus sutiles palabras carecen de fuerza. Hay pocos requerimientos bien definidos a lo largo de las líneas del juramento hipocrático médico que, por ejemplo, conminan a los doctores a: “Primero, no hacer daño.” Resultan difíciles de definir y muchos menos de cuantificar conceptos como gestionar “de buena fe” o “actuar de modo ético”, pero las promesas de los MBA de evitar la corrupción, de representar de manera precisa el rendimiento y los riesgos de su compañía, de formarse continuamente y de permitir que sus compañeros les puedan pedir rendir cuentas, son todas ellas significativas y pueden ser monitorizadas, según Khurana.

La campaña por un juramento de los MBA data de 2004, cuando Ángel Cabrera, presidente de Thunderbird, una escuela de negocios de Arizona, sugirió a sus estudiantes que redactaran uno. Pronto lo convirtió en una parte oficial del programa MBA de la escuela. El juramento, afirma Cabrera, se ha convertido en “una herramienta increíble de gestión del cambio”. Los estudiantes lo utilizan constantemente para cuestionar cosas que se les enseña, afirma, citando a aquellos que llamaron la atención de un profesor por afirmar a la ligera que pagar sobornos es algo normal a la hora de hacer negocios en la India.

Pero lo que realmente importa es lo que ocurre cuando el estudiante entra en el mundo real. Cabrera afirma que tiene evidencias concretas de graduados que han puesto en duda comportamientos poco éticos en sus nuevos trabajos. Está además trabajando con Khurana y Nohria, en el Aspen Institute (un think-tank), y el Foro Económico Mundial, entre otros, para tratar de idear maneras de darle mayor fuerza al juramento. Han debatido opciones como tratar que los directivos se mantengan informados de las últimas ideas en su campo, desarrollar una licencia profesional directiva y establecer una organización que castigue el comportamiento poco profesional.

Incluso estos promotores de la idea admiten que hay diferencias entre practicar management y practicar medicina. Reconocen que ningún cuerpo profesional autorregulado para directivos podría posiblemente monopolizar la entrada a la profesión, dada la larga lista de emprendedores, como Bill Gates que ha tenido éxito como directivo sin haber tenido una formación reglada. Pocos emprendedores tienen un MBA, admite Khurana, pero cree que una licencia profesional aún podría ser una cualificación útil incluso sin ser un requisito para todos los directivos.

En cuanto al comportamiento poco profesional que se puede castigar, Khurana se inspiró más en Internet que no en un cerrado consejo de sabios. Desde cualquier software de código abierto hasta eBay y Wikipedia, los nuevos sistemas autorregulados están surgiendo basándose en la sinceridad, la retroalimentación constante y la sabiduría de la multitud. Estos principios podrían adaptarse, opina, para proporcionar un escrutinio efectivo a los directivos.

Don Tapscott, coautor de Wikinomics y The Naked Corporation (“La corporación desnuda”), afirma que en el actual y cada vez más “transparente mundo, donde cada grupo de interés tiene su radar, la responsabilidad se convierte en un requisito para la confianza. De hecho, para aquellos que la adopten como un valor, resultará una poderosa arma para el éxito empresarial.” Además, la crisis financiera y la recesión provocarán indudablemente un mayor escrutinio sobre los directivos. Así que adoptar una agenda más compasiva puede no ser algo tan ingenuo después de todo.

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/businessfinance/displayStory.cfm?story_id=13788418

Acceso al Aspen Institute: http://www.aspeninstitute.org

“A Hippocratic oath for managers: forswearing greed” The Economist, 04/06/2009. (Artículo consultado on line: 25/06/2009)

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.