En 2001 sólo el 41% de los universitarios trabajaba, mientras que ahora el 66% de los alumnos compaginan clases y empleo. Según la Agència de Qualitat Universitària es bueno para el estudiante adquirir experiencia profesional relacionada con su titulación, especialmente en carreras de humanidades, ciencias sociales y tecnología.

La mayoría de estudiantes universitarios han sido, durante la última década, también trabajadores. El 66% de los alumnos compaginó clases y empleo en la segunda mitad de la carrera, indica la última encuesta Universitat i feina a Catalunya, que la Agència de Qualitat Universitària (AQU) publicó recientemente. Se trata de un estudio realizado en el 2011 a las personas que se titularon el curso 2006-2007, en el inicio de esta crisis económica que parece no tocar fondo. Y este estudio señala que el trabajo entre los universitarios ha estado más extendido de lo que la opinión popular creía. En la encuesta del 2001, sólo el 41% de los alumnos trabajó durante la carrera, pero este grupo experimentó un incremento del 61% en diez años. Entre los universitarios que además de ir a clase trabajaron, el 70% lo hizo en un puesto relacionado de alguna manera con su titulación –véase el gráfico–. Por su parte, el número de estudiantes a tiempo completo, que se dedican sólo a los libros, ha caído hasta el 33,98%.

Las opiniones sobre la conveniencia de combinar trabajo y clases están divididas. ¿Qué es mejor para la formación de un universitario, dedicarse en exclusiva a los libros, si se lo puede permitir, o adquirir además experiencia laboral? La encuesta de la AQU señala que estudiar y trabajar en algo relacionado con la titulación sale a cuenta. Se trata de la estrategia más efectiva para conseguir un puesto cualificado al acabar la carrera, pero mejor combinar libros y empleo sólo a partir del tercer curso, cuando ya se tiene una base de conocimientos. El 89% de los titulados el curso 2006-2007 que trabajaron durante sus estudios en empleos relacionados, ya sea a tiempo completo o parcial, ha encontrado un puesto adecuado a su formación. En cambio, estudiar y tener un trabajo no relacionado da los peores resultados de inserción laboral. En cuanto a dedicarse sólo a estudiar, esta estrategia no supone ninguna ventaja frente a los que tuvieron empleos relacionados, pero sí se trata de una opción mejor que trabajar en puestos de escasa cualificación. El ámbito de conocimiento donde la experiencia laboral más pesa es en el de las humanidades: los que trabajaron en emplos relacionados durante la carrera tienen una inserción laboral mucho más alta que el resto. En cambio, en las áreas de ciencias de la salud o ciencias experimentales la estrategia laboral que se siga durante los estudios apenas influye, pues aquí el acceso a la carrera profesional está muy marcado. Trabajar o no, en puestos cualificados o no, carece de efecto sobre la inserción laboral una vez titulado. En ciencias sociales y el área técnica contar con experiencia previa también es importante, aunque en menor medida que en humanidades.

Pero ahora el efecto positivo de la experiencia profesional acumulada durante la carrera corre peligro. En un país donde el paro juvenil alcanza el 50% y no cesan de destruirse puestos de trabajo, encontrar un empleo relacionado con los estudios "se vuelve cada vez más difícil", recuerda el economista de la UPF José García Montalvo, autor de varios estudios sobre inserción laboral. Los jóvenes de hoy en día tienen menos oportunidades de construir un currículum y de tejer una red de contactos profesionales antes de acabar sus estudios, señala Paul Gregg, economista de la Universidad de Bath y coautor del reciente estudio sobre desempleo juvenil The Family Watch, a través de correo electrónico. Una persona que acaba sus estudios con 23 o 24 años y que carece de contacto alguno con el mundo laboral tampoco habrá podido adquirir habilidades generales como la organización, la responsabilidad, la puntualidad o el cumplimiento de plazos, recursos muy valorados en los jóvenes profesionales, afirma García Montalvo. Ante tal tesitura, este economista recomienda centrarse en los estudios y aprovechar al máximo las práctcias, que ahora la mayoría de universidades incluyen en todos los grados. Y si al acabar la carrera el panorama laboral pinta mal, como es el caso, mejor decir no a trabajos no cualificados en España y aprovechar para aprender idiomas y viajar durante, como máximo, un par de años.

 


22 AÑOS, ESTUDIA TRADUCCIÓN E INTERPRETACIÓN Y TRABAJA DE PROFESORA DE INGLÉS

“Trabajando aprendes a ser más responsable”

Si nunca has tenido contacto con el mundo laboral, acabar la carrera y salir a la calle a buscar trabajo puede ser todo un shock”. Laura Planas, de 22 años y vecina de Castelldefels, reflexiona en voz alta mientras da los últimos toques a los ejercicios que harán sus alumnos el jueves por la tarde. Dentro de poco, y si las notas lo permiten –parece que sí–, Laura será titulada en traducción e interpretación por la UAB, con la especialidad de inglés y chino. A ella, lanzarse al mercado laboral no le dará ningún vértigo. Desde el primer curso combinó sus estudios con trabajos como azafata de congresos o profesora de repaso, el año pasado estuvo de Erasmus en el Reino Unido para perfeccionar su inglés y este curso, el último, trabaja en una academia de inglés para niños. “Enfocamos la enseñanza de una manera muy lúdica, no son clases de repaso, sino talleres a través de los cuales aprendes el idioma”, explica de una forma muy profesional. No hay que engañarse: trabajar y estudiar a la vez es duro. Laura cursa una licenciatura, no grado, pero sus profesores utilizan la metodología del plan Bolonia, lo que supone trabajo cada a día, proyectos en grupo, exámenes parciales... Las noches sin dormir cuando hay que acabar un trabajo no le son extrañas. Pero Laura piensa que el esfuerzo vale la pena. “Aunque me sobrara el dinero trabajaría de todos modos: te enseña a ser más responsable, a organizarte y a valorar mejor lo que es la vida real”, asegura. Se acerca la hora de sus clases de inglés y Laura coge el bolso, las llaves del coche y se va para la academia. Hay que aprovechar el tiempo al máximo. Cuando acabe la carrera, sopesa viajar a China para mejorar el idioma; también se ha inscrito en el programa Faro de la UE por si surge una oportunidad laboral. La mayoría de las empresas de traducción, dice, exigen dos años de experiencia para contratar a alguien. “Espero que, al ver mi currículum, también tengan en cuenta la actitud de las personas que trabajamos y estudiamos a la vez, que vean que nos hemos movido y valoren ese esfuerzo”.

 

24 AÑOS, ESTUDIA UN MÁSTER SOBRE COMUNICACIÓN DE CONFLICTOS SOCIALE S Y TRABAJA EN UNA OENEGÉ

“Necesitas tener experiencia en el currículum”

A todos, o casi todos, los jóvenes, les pasa lo mismo. Llega un momento en el que ya no quieres depender económicamente de tus padres. “No creo que con veintitantos años te tengan que pagar tus caprichos, tus salidas o tus viajes”, cuenta Alba Franco, de 24 años. Estas ganas de independencia fueron las que la llevaron, hace ya algunos años, a trabajar mientras estudiaba periodismo en la URL. Además de las prácticas obligatorias en un medio de comunicación –no remuneradas–, Alba ha trabajado como camarera y dependienta para tener “un poco de cajón”. Al acabar la carrera fue a Londres, donde trabajó en un bar, para mejorar el inglés –“es imprescindible”– y al volver decidió dar un giro a su carrera y matricularse en un máster sobre Comunicación de Conflictos Sociales en la UAB. Alba sigue con las clases de inglés ahora - ya tiene un perfecto francés - y ha empezado con el carnet de conducir. "Además buscaba un trabajo, pero todo está fatal", recuerda. Así que optó por trabajar como voluntaria en la oenegé Intermón. "Antes que estar parada prefiero hacer un voluntariado", asegura. Alba es consciente del riesgo que supone ponerse a buscar trabajo desde cero. "Necesitas tener algo en tu currículum", insiste. Por eso prefiere aguantar la "presión psicológica" de llevar todas estas tareas adelante antes que dedicarse a una sola cosa. Pese a tratarse de un voluntariado, Alba está muy satisfecha de su estancia en la oenegé. "He descubierto un mundo nuevo, la experiencia que estoy adquiriendo es enorme y además pones tu grano de arena para mejorar el mundo", explica frente a un ordenador mientras ordena grabaciones de proyectos en Bolivia que un compañero –sale junto a ella en la foto– le ha entregado. Su paso por Intermón tuvo un paréntesis entre noviembre y diciembre para trabajar en una juguetería. Y es que a su generación le ha tocado vivir una realidad complicada. “Estamos preparados, pero faltan oportunidades; mi hermano mayor encontró un buen trabajo al acabar la carrera. Ahora parece imposible, pero no me desanimo, seguiré esforzándome y moviéndome”.

 

23 AÑOS. ESTUDIA I NGENIERÍA DE L A EDIFICACIÓN Y TRABAJA EN UNA EMPRESA DE REFORMAS

“Si trabajas, matricúlate de menos créditos”

El caso de Jesús no es corriente. Estudia, trabaja y además vive solo, con lo que debe añadir a su lista de obligaciones las tareas domésticas –a él nadie le prepara la comida ni le lava la ropa, al contrario que a la inmensa mayoría de los jóvenes que viven con sus padres–. Vino de Asturias a Barcelona para estudiar ingeniería de la edificación en la UPC –la antigua arquitectura técnica– y desde el principio tuvo algún trabajo esporádico en verano y dio clases particulares de repaso. Ahora la cosa va más en serio y ha conseguido un empleo a media jornada en una empresa de reformas. El trabajo que hace en el día a día se corresponde casi al completo con sus estudios, lo que le ha beneficiado. “Saco mejores notas estudiando lo mismo, porque entiendo la teoría mucho mejor, pongo en práctica lo que aprendo en clase y una cosa refuerza la otra”, dice Jesús, de 24 años. Eso sí, ha tenido que matricularse de menos créditos para poder llegar a todo. “Si trabajas y estudias, es difícil acabar la carrera en el tiempo estipulado”, explica mientras repasa uno de los proyectos que ha elaborado para su empresa. Hay que organizarse y tener una estrategia. Él se ha matriculado de la mitad de créditos, y ha aprobado con buena nota las tres materias de las que se ha examinado. Como Laura Planas, también cree que la orientación de las prácticas universitarias debe cambiar para que realmente sean de utilidad para los estudiantes. “Tendríamos que tener un tutor que te supervise y te oriente, que te enseñe y te dé trabajo, de lo contrario aprendes poco, aunque hay prácticas que sí funcionan”, indica. Entre los compañeros de facultad de Jesús crece la preocupación. El sector de la edificación vive una doble crisis y muchos estudiantes de los últimos cursos, dice, piensan irse al extranjero. Él quiere aprovechar su último año en la universidad para hacer un Erasmus en Dinamarca, donde podría obtener un título adicional que complemente su formación. De momento, se considera un privilegiado por haber encontrado un trabajo relacionado.

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