Un periodista italiano ha logrado suplantar las cuentas de Twitter de cinco ministros españoles para demostrar que la identidad digital en la red de microblogging tiene fisuras. Con ya 200 millones de usuarios, Twitter es uno de los canales con más perspectivas de crecimiento en el intercambio de información sin barreras. Es importante tener un cierto control sobre la identidad digital para evitar suplantaciones y también saber gestionar adecuadamente la reputación virtual.

Internet es un gran balcón con millones de identidades digitales que navegan, se muestran, se dan a conocer, se expresan y se relacionan por la red. Todo ocurre en un mundo virtual, en un infinito escaparate donde cada uno se presenta con su propio sello digital. Twitter es, ahora mismo, uno de los canales con más perspectivas de crecimiento en ese intercambio de información sin barreras ni distancias. Pero todo el esfuerzo hecho por los gestores de ese canal para sumar prestigio y seriedad puede hacer aguas si fallan las medidas de seguridad y se duda de las identidades digitales. O dicho de otra manera, si empiezan a proliferar usuarios que falsean sus datos y se hacen pasar por otras personas.

Acaba de pasar con un periodista italiano, que logró suplantar las cuentas de Twitter de cinco ministros del nuevo Gobierno de España. Dice que sólo quería demostrar que el canal tiene fisuras. Y fueron muchos los usuarios que cayeron en la trampa, hasta el punto de que desde algunos de los gabinetes de esos ministros se vieron obligados a informar públicamente de esa suplantación de identidad. Y ocurrió lo mismo con un usuario de Gran Bretaña, al que le bastaron 48 horas en Twitter para tener diez mil seguidores, tras burlar todos los controles de seguridad del canal y hacer creer a millones de twitteros de todo el mundo que era la esposa del magnate de la comunicación Rupert Murdoch. ¿Ejemplos como los mencionados ponen en riesgo la credibilidad de esos canales?

José Manuel Pérez Tornero, catedrático de Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), considera que la seguridad es "el talón de Aquiles de todo este sistema virtual". Y añade que éste se vendría abajo si los controles dejaran de funcionar. Pérez Tornero matiza, sin embargo, que hay diferentes niveles de inseguridad. "Hay hackers militarizados, espontáneos, anárquicos, románticos, terroristas, paparazzi, criminales..." Cada cosa hay que ponerla en su contexto, añade. "Ya sabemos que una de las formas de guerra actual y futura consiste en destrozar los sistemas informáticos del adversario", afirma este catedrático de Comunicación. Ahí sí que hay mucho en juego, o también cuando la seguridad de esas redes o falta de credibilidad afecta a transacciones económicas. Pero en el caso de las suplantaciones de identidad en las redes sociales más populares, Pérez Tornero estima que este riesgo, hoy en día, "sería el enemigo menor de esos canales". "Buena parte de los usuarios - añade el catedrático - arriesgan o consideran que se juegan muy poca cosa cuando entran en esos canales. Todavía no tienen conciencia plena del peligro de pérdida de privacidad, y menos de los riesgos de suplantación". Para Pérez Tornero la mayoría de usuarios de las redes sociales entran en ese mundo como si se tratara de un juego, "en el que nuestra identidad digital no acaba de ser nuestro yo más íntimo". Otra cosa es lo que se juegan esos canales cuando su seguridad se pone en entredicho. Pocos usuarios que se toman ese contacto virtual como un juego pueden romper con la credibilidad de unos canales - como sería el caso Twitter - que aspiran a ser transmisores de noticias al segundo yque "cada día ganan más en impacto e influencia", reconoce Pérez Tornero. Este catedrático augura que las redes sociales tienen muchos números para convertirse en "foro de debate de las grandes cuestiones globales" si se explota su vertiente más seria, al margen de los que las usan como un juego o para intercambiar fotos y cotilleos.

Ferran Lalueza, director del grado de Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), afirma que "a medida que internet ha ido potenciando su dimensión social, se ha incrementado el número de plataformas que permiten a cualquiera darse a conocer en la red". Y eso propicia también la aparición de suplantadores, "que la mayoría de veces sólo buscan evidenciar la poca solvencia de los gestores de las redes sociales a la hora de verificar la titularidad de una cuenta". Es lo que, aseguran los protagonistas, querían demostrar el periodista italiano y el ciudadano británico con sus sonadas suplantaciones de identidad en Twitter.

Pero ese balcón de internet, donde cada vez hay más usuarios ansiosos por comunicarse, no parece que vaya a cerrarse por estos casos falsos. Las fisuras en la seguridad del sistema (que parece no tener ahora mismo capacidad para detectar a tiempo todos los engaños) deben combatirse, aconseja Lalueza, con enlaces, mensajes y pruebas aportadas por el propio usuario que demuestren su identidad. Lo están haciendo las grandes empresas - víctimas propicias para las suplantaciones - y también los particulares, "que poco a poco construyen su identidad digital personal para que no haya dudas", añade este profesor de la UOC. Y es que en la red, la identidad digital es lo mismo que la reputación.

 

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La batalla entre el canal de los blogueros y el portal de los amigos

Las dos últimas sonadas suplantaciones de identidad en Twitter han puesto en evidencia la falta de control - a la hora de autentificar datos personales - en un portal que ha ganado muchos seguidores entre los usuarios del Facebook.

Yes que tal como afirma José Manuel Pérez Tornero, catedrático de Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), el Twitter se ha ganado un sello de canal de prestigio para debatir cosas serias; mientras que el otro portal parece haberse quedado reservado al intercambio de fotos, canciones o comentarios domésticos. "Twitter - añade Pérez Tornero - es una versión telegráfica del blog, que, además, se presta a una expresión textual y articulada por parte de su autor. El twittero,continúa este catedrático de la UAB, es un bloguero compulsivo a quien le apasiona que le sigan y, por supuesto, seguir, pero que selecciona sus grupos atendiendo a factores como el interés temático o las inquietudes intelectuales". En el caso de Facebook, "el plato fuerte de ese canal sigue siendo el álbum de fotos, su publicación y la difusión de aspectos más privados entre amigos. Aunque ese canal también une por intereses temáticos o intelectuales, el interés humano o la vida privada siguen teniendo un papel muy destacado", indica Pérez Tornero.

A la hora de augurar la evolución futura de ambos canales, Tornero afirma que "todavía son muy jóvenes", aunque estima que la red social Facebook destaca "como un medio comunicativo más potente, con más recursos y sofisticado que Twitter y con un sistema de promoción más agresivo".

Y a la pregunta de si se puede vivir desconectado, Tornero responde que esos canales "serán necesarios, pero no suficientes".

 


La reputación virtual

La identidad digital es  el sello de la reputación virtual. Una suplantación puede causar, por lo tanto, daños irreparables al usuario afectado. Lo afirma Ferran Lalueza, director del grado de Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). "Tal como ocurre con las marcas, la identidad digital cada vez tiene un peso mayor en la construcción de nuestra reputación". Y es que el usuario que no nos conoce, añade Lalueza, sólo tiene esa identidad digital para "tener una percepción de cómo es esa persona". Además, diferentes estudios han revelado, añade este profesor de la UOC, "que se extiende la tendencia de rastrear on line a una persona que se acaba de conocer" y la información nos la vaa dar su identidad digital. Es lo que popularmente se conoce como googlear a alguien.

Los usuarios más concienciados con esa imagen virtual que llegará a personas desconocidas "se esfuerzan por gestionar lo mejor posible esa identidad digital". Son conscientes de que toda la información que corre por la red "puede ser buscada por su jefe, el director del banco al que acaban de pedir un crédito o una persona a la que acabamos de conocer y quiere saber más cosas de nuestra vida", advierte Lalueza. De ahí la importancia del control que deberían ejercer los diferentes canales de las redes sociales para evitar las suplantaciones. No extraña pues, revela Ferran Lalueza, que cada día "haya más personas que contraten a profesionales para que se encarguen de la gestión de su identidad digital en los diferentes portales en los que aparecen". Y este profesor no habla sólo de políticos, famosos, empresas comerciales o medios de comunicación. "Este servicio lo están demandando también muchos particulares, conscientes de la importancia que puede tener, para un trabajo o relación futura, su imagen virtual".

Lalueza aconseja, a la vista de que la mayoría de canales parecen incapaces de parar la suplantación de identidades digitales, que sean los propios usuarios los que desplieguen sus métodos de control. "Gestionar adecuadamente la identidad digital comporta definir la visibilidad, la reputación y la privacidad que queremos tener en la red". Este profesor no esconde que esa tarea puede resultar complicada, "dado que nuestro yo virtual no sólo se construye a partir de textos e imágenes compartidos, sino que también viene determinado por lo que los otros dicen de nosotros". Y eso sin contar que alguien "se dedique a distorsionar el yo virtual de una persona con una suplantación", añade Lalueza. Los últimos casos en Twitter "han demostrado que ese canal es incapaz de verificar una identidad con garantías".

Hay que tener en cuenta, asimismo, que esa identidad digital viene también determinada - en el caso de Twitter - por las personas a las que seguimos o por nuestros seguidores; mientras que en Facebook, la percepción, según Lalueza, vendrá determinada por el perfil de nuestros amigos. "La conectividad o la interacción que hemos establecido con ellos habla tanto o más de nosotros que cualquier contenido específico que haya sido comunicado", sostiene el profesor Lalueza. "Parafraseando a McLuhan - concluye - podríamos afirmar que en las redes sociales la relación es el mensaje.

 

Validaciones de las cuentas

Twitter tiene un sistema de control para validar la autenticidad de la identidad del usuario que abre una nueva cuenta. Pero en el caso del suplantador de la esposa del magnate de la comunicación, Rupert Murdoch, el sistema falló. El portal dio por buena la identidad, lo que confundió a millares de tuiteros que durante unas horas creyeron estar siguiendo a la mujer del empresario.

 

Suplantaciones: Hasta el Rey

La apertura de cuentas sin control propicia la aparición de intrusos que han falseado hasta la identidad del Rey de España. Aunque en estos casos se detecta enseguida el engaño.

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