El trabajo no remunerado, a menudo referido a tareas del hogar y al cuidado de niños y mayores, es "el gigante escondido de la economía" ya que supondría un 53% de aumento del PIB si se tuviera en cuenta, según un estudio. Es necesario cuantificarlo porque en cualquier momento podría incorporarse al mercado laboral, como ya sucedió con la producción de alimentos o ropa durante el siglo XX.

Lavar la ropa, hacer las pequeñas reparaciones de una casa, limpiar la vivienda, hacer la compra, cocinar, realizar gestiones o cuidar a los niños o mayores de la familia son trabajos invisibles y diarios que se realizan en todas las sociedades y que, por lo general, no están remunerados. Sin embargo, visto así, el hogar se convierte en un verdadero taller de producción y prestación de servicios a los que se dedica mucho tiempo y trabajo físico y mental.

Pero estos talleres caseros son invisibles a los marcos macroeconómicos que manejan los Gobiernos y eso hace que estos cometan errores a la hora de diseñar todas sus políticas sin tener en cuenta esta producción y demanda de servicios, según advirtió ayer la profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) María Ángeles Durán, que ha liderado durante cinco años la realización de un estudio, financiado por la Fundación BBVA, sobre "la contribución del gigante escondido de la economía: el trabajo no remunerado".

La cuantificación en dinero de este tipo de actividades es extremadamente difícil, según admitía ayer Durán; si bien para los autores del estudio es imprescindible "detectar y valorar el trabajo no remunerado porque en cualquier momento esa actividad podría incorporarse al mercado de trabajo remunerado y, por tanto, al actual marco económico".

Esto es lo que ha ocurrido en las últimas décadas con la producción de alimentos, sobre todo en las zonas rurales, o en la elaboración de ropa. Muchas de estas actividades se realizaban en el seno de los hogares a mediados del siglo XX y hoy casi todas están incorporadas a la actividad productiva. En los últimos años esto está ocurriendo también con el cuidado de niños (en guarderías) y, en menor medida de mayores (con la Ley de Dependencia). Dicho esto, el estudio se atreve a hacer una aproximación de a cuánto podría ascender este tipo de trabajo en términos de riqueza nacional. Los cálculos de este equipo otorgan una valoración económica mayor -el doble respecto a otros estudios-, ya que toman en cuenta que una hora de cuidado a terceros cuesta 8 euros. A partir de ahí, y con los datos de contabilidad del Instituto Nacional de Estadística (INE), llegan a la conclusión de que el PIB aumentaría un 53% si se contabilizara el trabajo no remunerado.

Durán admitió ayer que a la hora de hacer esta cuantificación tuvieron en cuenta que se trata de un trabajo de poco valor añadido que no utiliza maquinarias para mejorar la productividad y es una actividad poco cualificada, lo que le resta valor; pero, en contrapartida, se realiza en "larguísimas jornadas laborales, en todos los festivos y durante las horas nocturnas", compensando lo anterior.

De hecho, "ningún convenio colectivo ni ningún sindicato aceptaría las condiciones en las que trabajan los cuidadores", aseguró la investigadora del CSIC.

En este punto llega otra de las conclusiones de este estudio: la sociedad española sigue siendo "abrumadoramente desigualitaria" entre la carga de trabajo no remunerado que tienen los hombres y las mujeres. Según la última encuesta de empleo de tiempo del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 91,9% de las mujeres participan en estas actividades del hogar, frente al 74,7% de los hombres. Y destaca que, como media, las mujeres españolas dedican dos horas diarias más al trabajo del hogar que los hombres.

A todo esto hay que añadir que el envejecimiento de la población hará que la demanda de cuidados en España crezca un 50% hasta 2050. ¿Cuál es, por tanto, la solución a este fuerte aumento de la demanda? Durán consideró que ni el Estado podrá prestar públicamente la mayoría de estos servicios porque exigiría una fuerte subida de los impuestos; ni las rentas de los demandantes podrán costear los servicios privados. Por ello consideró que "el gran reto es el reparto del trabajo con los hombres". Esto será "lento y costoso", dijo.

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