La mentalidad en la sociedad japonesa es aún muy sexista y confina a las mujeres al trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, a pesar de que casi la mitad de las personas con titulación universitaria son mujeres. The Economist traza un crudo retrato de uno de los problemas que puede estar retrasando la recuperación económica del país asiático.

A diferencia de un terremoto, un desastre demográfico no aparece sin previo aviso. La población de Japón, de 127 millones de habitantes, va a disminuir según las predicciones a 90 millones en 2050. No hace mucho, en 1990, la población en edad de trabajar superaba a la infancia y tercera edad en una proporción de siete a tres. En 2050, la proporción será de uno a uno. A medida que Japón envejece y se debilita, ¿dónde encontrarán sus empresas nuevos trabajadores dinámicos y con suficiente energía?

Cuando un presidente de una compañía se formula esta pregunta mientras se come un desayuno laboriosamente preparado de arroz al vapor, salmón a la parrilla, sopa de miso y pepinillos distribuidos artísticamente, tiene la respuesta delante de sus narices. La mitad del talento en Japón es femenino. Fuera de la cocina, esos talentos están deplorablemente infraempleados, como demuestran Sylvia Ann Hewlett y Laura Sherbin del Centre for Work-Life Policy, un think tank americano, en un nuevo estudio titulado Off-Ramps and On-Ramps: Japan [“Vías de salida y de entrada: Japón”].

Casi la mitad de las personas con titulación universitaria son mujeres, pero solo el 67% de ellas tiene trabajo, mucho del cual es a tiempo parcial o implica servir el té. Las mujeres japonesas con carreras tienen más tendencia que las americanas (74% frente a un 31%) a dejar su trabajo voluntariamente. Pero mientras que la mayoría de mujeres occidentales que dejan de trabajar lo hacen para cuidar de los hijos, para muchas japonesas la razón más importante es que sus jefes no las valoran. Un alarmante 49% de las mujeres niponas con estudios superiores que dejan el trabajo lo hacen porque sienten que su carrera se ha estancado.

El ambiente de trabajo japonés no es tan sexista como antes. Ya se han quitado esas fotografías de mujeres desnudas que abundaban en las mesas de trabajo de los hombres japoneses en los años 90. La mayoría de empresas tienen normativas contra la discriminación sexual. Pero las mujeres con estudios a menudo se ven desplazadas a trabajos sin futuro. Los jefes anticuados creen que el rol de la mujer es hacer más bonita la oficina y formar una reserva de potenciales esposas para los empleados hombres. Y una organización tradicional del trabajo de oficina dificulta poder recoger a los niños del colegio.

Aunque las normas oficiales de la compañía digan que se permite la flexibilidad horaria, a los que trabajan desde casa se les percibe como poco comprometidos con el equipo. Se espera de los empleados que se presenten en la oficina antes de las 9, normalmente después de un largo trayecto en un tren tan lleno que ni siquiera los sobones saben a quién están manoseando. El personal también recibe presión para quedarse hasta tarde, sin que importe si tienen trabajo pendiente por hacer o no: casi el 80% de los hombres nipones llegan a casa después de las 7 de la tarde, y muchos se van de juerga y beben casi compulsivamente hasta horas intempestivas. Los sueldos base son bajos, así que se espera que los asalariados aumenten su retribución echando muchas horas extra.

Aparte de que estos horarios son bastante inconvenientes, las madres trabajadoras no suelen tener mucha ayuda de sus maridos en casa. Las madres japonesas que trabajan dedican cuatro horas al día al cuidado de sus hijos y a las tareas domésticas – ocho veces más que sus maridos. Debido a que las leyes de inmigración son restrictivas, no pueden contratar una ayuda a bajo coste. Una madre trabajadora japonesa no puede permitirse pagar el visado de una niñera extranjera, aunque no supone muchas dificultades para cualquier propietario de un club nocturno obtener visados de “artista” para jóvenes filipinas en minifalda. Esto ya sugiere algo sobre las prioridades de los legisladores japoneses. Y ayuda a entender por qué les cuesta tanto a las mujeres escalar peldaños profesionales: solo el 10% del personal directivo en Japón son mujeres, mientras que en EE.UU es el 46%.

A las empresas niponas les importa el reciclaje del papel pero no el hecho de estar malgastando talento femenino. Cerca de un 66% de las mujeres japonesas con estudios superiores que dejan su empleo afirman que no lo habrían hecho si sus superiores les hubieran permitido más flexibilidad. La gran mayoría (77%) de mujeres que se retiran por un tiempo del mercado laboral quieren volver. Pero solo el 43% encuentra un empleo, mientras que en EE.UU lo hacen el 73%. De las que sí vuelven al trabajo, el 44% reciben un salario inferior al que tenían antes, y el 40% deben conformarse con tener menos responsabilidades o un cargo menos prestigioso. Goldman Sachs estima que si Japón aprovechara más el talento de sus mujeres con estudios, supondría 8,2 millones más de cerebros a la población activa y expandiría su economía un 15% - equivalente al doble del tamaño de la industria japonesa del motor.

Esos extranjeros aprecian más a las mujeres
¿Qué se puede hacer? Para las mujeres niponas, la mejor apuesta es trabajar para una compañía extranjera. Dos tercios de las tituladas universitarias creen que las empresas americanas o europeas acogen mejor a las mujeres que las japonesas. Las organizaciones extranjeras en Japón (y en Corea del Sur, que es igual de sexista) perciben una abundancia de mujeres inteligentes infravaloradas y ven útil contratarlas. Una mujer que cambió de un banco japonés a uno extranjero se maravillaba: “Las mujeres aquí tienen opinión. Responden. Son directas.”

Las empresas japonesas tienen mucho que aprender de los gaijin [‘extranjero’ en japonés]. La división local de IBM fomenta el horario flexible. BMKK, la sección japonesa de la farmacéutica Bristol-Myers Squibb, tiene un programa para alentar a las que se han dejado el trabajo por maternidad a que vuelvan. ¿Por qué no pueden hacer lo mismo las compañías nativas? Hay unas pocas, como la firma de cosméticos Shiseido, que lo intentan. Pero parece ser que las pequeñas concesiones en la conciliación de la vida familiar y laboral requieren de un gran cambio en la mentalidad corporativa local. Trabajar desde casa debería ser fácil: todo el mundo tiene banda ancha. Pero los jefes japoneses no están acostumbrados a evaluar a las personas por su rendimiento, se lamenta Yoko Ishikura, una experta en estrategia empresarial en la Universidad de Keio.

Las empresas que aprovechan mejor el talento femenino son a menudo aquellas en las que las mujeres pueden encontrar ‘padrino.’ La mayoría de entrevistadas para el estudio de Hewlett y Sherbin que retomaron su carrera profesional después de un tiempo sin trabajar lo hicieron porque algún manager se acordaba de lo buenas que eran e hizo presión para que la empresa las volviera a contratar. Eiko, una de las entrevistadas, se sintió presionada por sus colegas hombres para que dimitiera cuando se quedó embarazada y anunció que se iba para cursar un MBA. Su perspicaz jefe se dio cuenta de que no era lo que ella quería hacer. Le sugirió que se marchara de Tokyo y fuera a trabajar a otra división de la empresa en una atmósfera donde se la apoyara más. Eiko se trasladó a Hong Kong, donde las mujeres con carrera son admiradas y las niñeras son más económicas.


* “Japanese firms face a demographic catastrophe. The solution is to treat women better”. The Economist, 05/11/2011 (Artículo consultado on line el 09/11/2011).

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/node/21536543

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