Vladimir Spidla, Comisario europeo de Empleo y Asuntos Sociales: "Uno de los problemas a que se enfrentan las empresas es que un bajo nivel de movilidad laboral puede entorpecer la correcta adecuación entre cualificaciones y vacantes de empleo."

Para los trabajadores europeos, 2009 no tiene el aspecto de ser, a primera vista, un buen año. La tasa de desempleo global en Europa ronda el 8,5 % actualmente, aunque en algunos países se sitúa muy por encima, y es muy probable que aumente en los próximos meses. Es especialmente problemático el desempleo juvenil. En un contexto así, podría parecer extraño defender la idea de que la movilidad laboral beneficia a todos los europeos. Pero no lo es. La libre circulación de trabajadores constituye un elemento vital para una mayor productividad, que a su vez es un factor clave para el crecimiento económico.

Nuestro crecimiento económico está amenazado por una combinación de incertidumbres: incertidumbre sobre el estado real de nuestras economías e incertidumbre sobre la forma precisa de gobernanza global a adoptar en los próximos años. En tiempos de incertidumbre es natural que las personas se muestren cautas y a la defensiva. Es una reacción comprensible, pero de dudosa utilidad para progresar.

Resulta fácil acusar a alguien de fuera de tu país de "robarte tu trabajo", pero los hechos no corroboran esta idea. Al revés, todos los indicios apuntan a que las economías que disponen de una fuerza laboral con gran movilidad pueden recuperarse de las desaceleraciones económicas mucho más rápidamente que los países con estructuras laborales más rígidas. Las economías "móviles" están más preparadas para adaptarse al cambio, ya que sus trabajadores pueden desplazarse con mayor facilidad a nuevas regiones o nuevos sectores y encontrar así empleo, lo que contribuye a generar una mayor actividad económica.

La actual crisis económica exigirá a muchos empleados europeos una rápida adaptación a las condiciones cambiantes, así como el desplazamiento de mano de obra a áreas en las que se crean puestos de trabajo y la rápida reintegración en el mercado laboral de desempleados e inactivos.

Europa va a enfrentarse, a largo plazo, a una escasez de mano de obra. Se estima que en 2015 la población europea en edad de trabajar se habrá reducido a la mitad, así que, de no cambiar los actuales flujos de inmigración, ello significará que habrá 20 millones de trabajadores menos entre 2010 y 2030. Este fenómeno tendrá un gigantesco impacto en el crecimiento económico y la competitividad, al hacer que las empresas tengan que pugnar para encontrar el personal que necesitan. La movilidad laboral tiene, pues, un importante papel que jugar tanto para ciudadanos como para empresas y Estados miembros.

Uno de los problemas a que se enfrentan las empresas es que un bajo nivel de movilidad laboral puede entorpecer la correcta adecuación entre cualificaciones y vacantes de empleo. Resolver este desequilibrio aumentará la productividad. El actual clima económico está causando una desaceleración en la demanda de bienes y servicios, así como cambios en los mercados laborales. Con una mano de obra más móvil, las empresas podrían adaptarse mejor a estas nuevas tendencias del mercado. Y es que cuanto mayor es la oferta laboral más posibilidades tienen las empresas de poder embarcarse con éxito en nuevas estrategias de negocio. Esta afirmación resulta particularmente válida para las pequeñas y medianas empresas, que constituyen el 99,8 % del tejido empresarial europeo. Estas empresas suelen operar tradicionalmente en sus mercados domésticos, por lo que muchas de ellas están teniendo dificultades hoy para cubrir sus vacantes de empleo con trabajadores que reúnan el conjunto de cualificaciones requeridas.

Por eso es tan importante fomentar la movilidad y mejorar la adecuación entre los puestos de trabajo y las cualificaciones.

Desde el punto de vista del ciudadano, cuanto mayor sea su movilidad más probabilidades tendrá de encontrar trabajo: en efecto, la tasa media de empleo es superior entre los trabajadores dispuestos a desplazarse geográficamente, que también tienen más posibilidades de conseguir contratos indefinidos o ascender en la escala laboral. Los trabajadores móviles tienden a registrar subidas salariales al cambiar de empleo, y se benefician del contacto con otras culturas, entornos y métodos de trabajo.

Y es aquí donde Europa puede aportar un valor añadido. Poner en contacto a las dos partes -empresario y trabajador- es una parte esencial del cometido de EURES, un servicio europeo de empleo que cuenta con el apoyo de todos los servicios públicos de empleo de Europa. Proporciona servicios de información, asesoramiento y contratación/colocación (búsqueda de empleo) a los trabajadores y empresarios del Espacio Económico Europeo (la UE más Noruega, Islandia, Liechtenstein y Suiza).

EURES se apoya en una red de más de 750 consejeros adscritos a las oficinas nacionales de empleo que prestan sus servicios a demandantes de empleo y empresarios a nivel local. Los consejeros EURES -que pueden ofrecer asesoramiento personalizado para la movilidad entre países- tienen una formación especializada y gran experiencia en los aspectos prácticos, legales y administrativos de la movilidad.

El desempleo representa un enorme desafío para las familias que lo sufren, y va siempre acompañado de gran angustia y preocupación. Pero lo cierto es que existe escasez de mano de obra cualificada en muchas zonas de la UE, escasez que no puede cubrirse por la mano de obra local.

Así que el mensaje tiene que ser: la movilidad funciona, ahora más que nunca, y contribuirá a proporcionar a todos los europeos un futuro mejor.

Vladimir Spidla es comisario europeo de Empleo y Asuntos Sociales.

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