Entrevista de El País a Bill Drayton, Fundador de Ashoka y premio Príncipe de Asturias de Cooperación 2011: "Las compañías se han organizado históricamente en torno a funciones repetitivas y eso ya no vale. Es necesario promover el cambio, organizarse en equipos muy fluidos donde todos puedan contribuir, en lugar de crear jerarquías, reglas y órdenes."

Bill Drayton alimenta desde los 14 años una obsesión: transformar el mundo, mejorarlo. A esa edad creó un periódico en el colegio y se dio cuenta de que incluso las pequeñas ideas tienen impacto. Esta semana, con 68 años, ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación por una vida dedicada justamente a eso, a cambiar el mundo, a intentarlo. "Espero que el premio ayude a comunicar a la gente que puede tener un sueño, crear un equipo, cambiar las cosas", explica con un débil hilo de voz.

Formado en Harvard, Oxford y Yale, Drayton cumplió en 1981 uno de sus sueños, fundar Ashoka e inventar el término emprendedor social. "Son personas innovadoras que crean algo por el bien común y no por el suyo propio". Ashoka los selecciona cada año, financia sus proyectos y ayuda a convertirlos en realidad. El español Andrés Martínez es uno de ellos: interconectó decenas de clínicas aisladas en Perú, Colombia y Ecuador para permitir diagnósticos médicos a distancia. Anita Ahuja recicla toneladas de plástico en Nueva Delhi (India), da empleo a cientos de desheredados y reduce la contaminación ambiental. Así hasta 3.000 emprendedores sociales en 70 países que, unidos a Ashoka, han mejorado la vida de millones de personas. "Todos podemos impulsar el cambio", resume Drayton.

Pregunta. ¿Es el emprendimiento parte de la solución para volver al crecimiento económico y al empleo?

Respuesta. Por supuesto, los emprendedores sociales están creando empleo a una velocidad 2,5 veces mayor que las economías de la OCDE. Emprender consiste en reconocer las grandes tendencias e innovar. Pero también es necesario un sector público inteligente, adelantado al cambio, y eso no está ocurriendo. Es imposible gestionar el sistema financiero global con leyes de 1930 supervisadas por funcionarios. Tenemos que ayudar al sector público a dejar de ser el último en todo, y eso supone una gran oportunidad.

P. En España solo un 0,5% de la población activa son emprendedores sociales. En EE UU o Reino Unido son apenas un 2%. ¿Por qué tan pocos?

R. No se trata de medir números, sino impacto. En Brasil había 5.000 asociaciones ciudadanas en 1980, hoy son más de un millón. Eso significa que hay gente transformando el sistema por completo, solucionando un problema medioambiental, mejorando la educación... Más de la mitad de los emprendedores de Ashoka han logrado cambiar las políticas gubernamentales de su país en cinco años. Eso es impacto.

P. Vivimos momentos de enorme insatisfacción social, con protestas por todo el mundo contra el sistema establecido. ¿Se hunde el modelo económico actual?

R. No solo es el capitalismo, el sistema que conocemos desde la revolución agrícola se derrumba. Las compañías se han organizado históricamente en torno a funciones repetitivas y eso ya no vale. Es necesario promover el cambio, organizarse en equipos muy fluidos donde todos puedan contribuir, en lugar de crear jerarquías, reglas y órdenes.

P. ¿Cree que la avaricia y el individualismo están en el centro de esta crisis?

R. Existe una extraña idea de que el individualismo es algo separado de la sociedad, pero no lo es. Cualquier buen directivo sabe que la descentralización sin integración es imposible. La anarquía lleva a la tiranía. Es justo en ese punto intermedio donde surgen buenas ideas, cuando pasas de un sistema basado en reglas y órdenes a otro basado en empatía y ética.

P. Es decir, que directivos y empresas necesitan un enfoque mucho más social.

R. Sí, históricamente las compañías privadas han ido por una parte, y las iniciativas sociales, por otra; ambas cubriendo la misma necesidad, pero cada una por su lado. Ahora, ambos sectores son emprendedores y competitivos, es posible juntar ambas líneas y crear un sistema híbrido. Procter & Gamble ha demostrado que el negocio y lo social pueden funcionar juntos para transformar el sector sanitario, llevando agua potable a lugares en desarrollo por cinco céntimos de dólar al día o creando microfarmacias con 350 medicamentos que cubren el 95% de las necesidades.

P. ¿Cree que muchas de las iniciativas de responsabilidad social corporativa (RSC) son puro maquillaje?

R. Los departamentos de RSC no están dirigidos por emprendedores, es parte del problema. No entienden qué podría causar un gran impacto en la sociedad.

P. ¿En qué actividades concretas existe mayor oportunidad para emprendimientos sociales?

R. En Ashoka nunca definimos sectores, empezamos de forma abierta. Los emprendedores sociales han de tener una buena idea capaz de cambiar el statu quo en un campo determinado y a nivel mundial. El mayor grupo está relacionado con niños, gente joven y educación, pero también hay muchos proyectos en economía ciudadana, salud y medio ambiente.

P. Ahora se habla más de emprendimiento quizá gracias a Internet y a lugares como Silicon Valley, pero los valores de estas empresas suelen ser vender al mejor postor y amasar dinero rápidamente. ¿Qué le parece esta mentalidad?

R. No critico a quienes crean empresas centradas solo en el negocio, pero están atrapados en un sistema en el que lo primero son los accionistas. Hoy estamos amenazados en términos de privacidad. El modelo imperante en Internet es dar algo al consumidor, obtener su información, venderla y hacer beneficio. Hemos luchado durante décadas para conseguir privacidad y ahora está en peligro. ¿Quién está levantándose para defenderla? Este es justo uno de los casos en los que necesitamos a un emprendedor social cuyo objetivo sea el bien común.

P. ¿Qué le recomendaría a alguien en España que quiera dedicarse al emprendimiento social?

R. Lo primero, convencerse de que puede hacerlo. Muchos le dirán lo contrario, y lo mejor es ignorarlos con educación. Lo segundo, tener ideas que cambien el mundo. Sé que los dos últimos años han sido una pesadilla para España, pero las mejores empresas surgen en momentos de crisis. Es el momento de cambiar el sistema; si transformas las reglas, las reglas no podrán detenerte.

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