Mientras el sector de la alta tecnología llora la muerte de Steven Paul Jobs, los ejecutivos de Apple se van a enfrentar al reto de mantener viva su racha de productos de éxito a la vez que eluden los problemas que les han sobrevenido a otras empresas que perdieron a sus queridos fundadores.

El riesgo es este: cómo aprovechar las lecciones que Jobs ha impartido a los otros ejecutivos de Apple durante los últimos 14 años sin verse atrapados por su legado e incapaces de adaptarse a los cambios futuros.

Timothy D. Cook, que desde hace mucho es el segundo de Jobs en Apple, plasmaba el difícil malabarismo en un mensaje de correo electrónico que envió a los empleados de Apple a finales de agosto tras suceder a Jobs como consejero delegado. "Quiero que confíen en que Apple no va a cambiar", escribía entonces Cook.

En cierto sentido, el mensaje pretendía asegurar a la intranquila plantilla de Apple respecto a que el compromiso con la innovación que Jobs estableció no cambiaría, aunque Jobs ya no participase en las operaciones cotidianas de Apple. Pero los expertos en gestión dicen que el cambio suele ser justo lo que las empresas necesitan a medida que las condiciones del mercado cambian en los años posteriores a la desaparición de sus fundadores.

La del grupo Walt Disney es una historia aleccionadora. En los años posteriores a la muerte, en 1966, del fundador de la empresa de entretenimiento, la directiva trató de mantenerse fiel al espíritu de Walt Disney. Durante años, la antigua oficina de Walt Disney fue conservada como un museo intacto.

Sus ejecutivos solían elogiar la toma de decisiones corporativa diciendo: "A Walt le habría gustado esto". Pero hacia finales de los años setenta, Disney pasaba apuros tras una serie de fracasos estrepitosos en las taquillas y era objeto de un intento de adquisición hostil. Hizo falta contratar a Michael Eisner y otros altos ejecutivos en los años ochenta para revitalizar Disney mediante inversiones más agresivas en la realización de películas de animación, parques temáticos y tiendas.

"Apple puede caer en eso", afirma David Yoffie, un catedrático de la Escuela de Empresariales de Harvard. "No hay que preguntar: ¿qué habría hecho Steve? Eso es una receta para meterse en problemas".

Yoffie opina que Tim Cook tiene que "caminar por una delgada cuerda" en cuanto al modo de gestionar la transición a la era posterior a Jobs. "La mayoría de la gente de Apple tiene que tener la sensación de que la creatividad y el entusiasmo de Steve continuarán", dice. "Tiene que transmitir a las tropas el mensaje de que el corazón de Apple no cambiará. De otro modo, se arriesga a perder talento".

"Al mismo tiempo, Tim no puede ser otro Steve Jobs", prosigue Yoffie. "En cierto sentido, la empresa tendrá que evolucionar. La manera de evolucionar y los tipos de cambios todavía tienen que dilucidarse, probablemente por parte del propio Tim".

Por el momento, Jobs ha dejado Apple con tanto empuje en el mercado, con un aumento tan rápido de las ventas de productos como el iPad y el iPhone, que es improbable que se enfrente a ningún desafío inmediato importante. Al día siguiente de la muerte de Jobs, Cook hizo su debut en el primer acto público desde que se hizo cargo del puesto: la presentación de un nuevo modelo de iPhone.

Rick Devine, uno de los responsables de recursos humanos, ha dicho que los "vientos del mercado soplan a su favor" y que Cook es la persona mejor cualificada para continuar con ese éxito. "Conoce esta organización", afirmaba. "Si hay alguien capaz de seguir ese rumbo, es él".

Devine conoce bien a Cook porque fue él quien le presentó a Jobs en 1998, cuando Jobs buscaba un ejecutivo experimentado que le ayudase a poner orden en las desorganizadas operaciones de fabricación de Apple. Jobs y Cook se entendieron bien de inmediato cuando se conocieron, como Jobs le contó a Devine tras su reunión.

"Me dijo: 'Este es nuestro hombre", relata Devine.

La muerte de Jobs deja a los ejecutivos de la tecnología y a las legiones de seguidores de Apple esforzándose por imaginar el sector sin uno de sus padres fundadores. Bill Gates, el presidente y cofundador de Microsoft, ha dicho: "Echaré muchísimo de menos a Steve".

"El mundo rara vez ve a alguien que haya tenido el profundo impacto que Steve ha tenido, los efectos del cual se sentirán durante muchas generaciones venideras", afirmaba Gates en una declaración. "Para aquellos de nosotros que hemos tenido la suerte de trabajar con él, ha sido un honor excepcional".

Los consumidores de los productos de Apple expresaban unas emociones similares el miércoles.

Vansi Gadey, de 30 años, un diseñador que trabaja en una gran empresa de tecnología, estaba visitando la tienda de Apple cercana a Union Square en San Francisco para cargar su teléfono. Decía: "Yo vengo de India. En mi niñez, Gandhi era una inspiración. Más tarde, lo ha sido Steve Jobs".

Burt Miller, de 56 años, iba de camino a una tienda de Apple en San Francisco para recoger algunas piezas de repuesto cuando su esposa lo llamó para decirle que Jobs había muerto. Cuenta que se quedó abatido. Miller, que trabaja en la construcción, dice que había seguido la presentación del nuevo iPhone el día anterior y que está convencido de que Jobs también lo había hecho. "Creo que la vio y supo que Apple iba a triunfar y la dejó marchar".

 

Con información de Matt Richtel y Somini Sengupta. © New York Times. Traducción de News Clips.


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