Foxconn, la multinacional taiwanesa que fabrica los iPads de Apple y otros dispositivos electrónicos para Sony y Nokia, ha anunciado que en 2013 tendrá tantos robots como trabajadores en sus fábricas chinas. Según expertos como Lynda Gratton esto supone una paradoja: lejos de hacer las fábricas más fáciles de gestionar, la automatización puede complicar el trabajo a los managers.

Nos encantan los robots –mulas de cargas inagotables y productivas de las cadenas de producción modernas. Pero también los odiamos –siniestros simulacros mecánicos de los trabajadores humanos a los que dejan sin empleo.

En el último episodio de nuestra complicada relación con los autómatas y la automatización, no es de extrañar que Foxconn tuviera un papel principal. La compañía taiwanesa fabrica la pieza favorita de ciencia ficción hecha realidad para los sabelotodo: el iPad de Apple, así como dispositivos para Nokia y Sony. La empresa emplea a un millón de personas en China. El año pasado fue el epicentro de la preocupación por los trabajadores más jóvenes y mal pagados, a lo que siguió una serie de suicidios en sus fábricas en Shenzhen. Es, en resumen, una ventana abierta para los usuarios de iPad a los dilemas que generan las políticas y gestión en las cadenas de montaje y a los cuales el mundo desarrollado se ha ido enfrentando en las últimas décadas.

Las recientes declaraciones de su fundador Terry Gou de que la compañía tendría tantos robots como trabajadores en sus fábricas chinas en 2013, se han topado con los peores temores de la gente –porque apuntan hacia una sustitución del incómodo personal humano por máquinas que no se quejan. Como otro analista apunta fríamente: “Es una señal de que los costes laborales ya no son inferiores a los costes del capital.” Pero Foxconn solo está haciendo lo que otros fabricantes que operan en áreas con menos mano de obra ya han conseguido.

Clientes como Apple dan mucho valor a la consistencia y a la calidad. Combinados con una mayor presión sobre los costes laborales, los cambios hacia una producción más automatizada y sofisticada son inevitables. En el caso de Foxconn el proceso no necesariamente conllevará despidos, porque la compañía y la capacidad productiva del país están creciendo. Pero con el tiempo, una mayor automatización sí que supone ventajas para los empleados con mayores aptitudes.

En las economías desarrolladas, según Lynda Gratton escribe en su nuevo libro The Shift (“El cambio”), “cuando las tareas son más complejas y requieren innovación o resolución de problemas, la sustitución [por máquinas u ordenadores] no ha tenido lugar.” Eso supone una paradoja: lejos de hacer las fábricas más fáciles de gestionar, la automatización puede complicar el trabajo de los managers. Como las compañías asignan más tareas a máquinas, necesitan gente que sea buena supervisando a una plantilla más sofisticada que sepa hacer las tareas que las máquinas no pueden hacer.

En países como China, esa transición parece ser rápida porque el camino del crecimiento económico es empinado, en parte por la necesidad de seguir teniendo márgenes aunque los costes laborales aumenten. Un estudio de ManMohan Sodhi de la London Cass Business School y de Christopher Tang de la Anderson School de UCLA señala que algunos fabricantes en China -como Quanta Computer de Taiwán– ya están traspasando parte de su producción a otras compañías y asumiendo trabajos de mayor valor y elevados márgenes. “Como se hacen más cosas en la cadena de valor, las habilidades que Foxconn necesita son las que también se precisan de los empleados de Apple… Por ejemplo, gestionar cientos de relaciones con clientes y proveedores,” afirma el Profesor Sodhi.

La reflexión de que una mayor eficiencia en el proceso añade más presión a los managers no es nueva. Incluso Frederick Winslow Taylor –hoy día muchas veces caricaturizado como un dinosaurio por sus estudios sobre la productividad– señaló en su centenario libro Los principios de la Gestión Científica (“Principles of Scientific Management”) que imponer un régimen más mecanicista a los trabajadores obligaría a los managers a asumir “otro tipo de tareas que incluyen nuevas y pesadas cargas.”

Conocer el desafío no hace que sea más fácil enfrentarse a ello. Según Edward Lawler, Coautor de Management Reset y que trabajó para Ford y General Motors en los años 80 y 90 mientras se enfrentaban a cambios tecnológicos y de procesos, los fabricantes de coches tuvieron dificultades en abandonar el modelo de gestión por “control y mando”.

Aparte del hecho de que Foxconn puede aprender de los errores de sus antecesores en las cadenas de montaje, no existe razón por la que la compañía –cuyo fundador Gou tiene reputación de preferir un liderazgo vertical– lo deba tener más fácil. En China, según cuenta el Profesor Lawler, los fabricantes “han vuelto a los inicios de la evolución desde el estilo por control y mando.”

No hay duda de que Foxconn y otras compañías parecidas serán capaces de automatizar sus procesos de trabajo intensivo. Ya lo están haciendo. La gran pregunta es cuán fácil encontrarán y desarrollarán a directivos capaces de supervisar una plantilla altamente cualificada marchando con sus ejércitos de robots.


* Hill, Andrew. “Robots put leadership under skills pressure”. Financial Times, 08/08/2011 (Artículo consultado on line el 19/09/2011).


Acceso a la noticia: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/b869b93c-c1da-11e0-bc71-00144feabdc0.html#axzz1YVi3ZU7v

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.