Los sindicatos en Reino Unido y en Estados Unidos se enfrentan a muchos retos con la crisis económica, y no solo a un descenso en el número de afiliados. Este artículo de la revista británica People Management magazine compara la situación de las relaciones laborales y sindicales a ambos lados del Atlántico.

Se ven pancartas enarboladas por 50.000 preocupados funcionarios marchando hacia la capital en protesta contra los recortes que el gobierno ha impuesto en empleos, salarios y beneficios sociales. Para satisfacción de la prensa, un grupo de manifestantes especialmente ruidosos protagoniza una sentada entre las columnas de un emblemático edificio. Estas escenas pueden sonar familiares, pero no estamos hablando de Londres. Esta manifestación tuvo lugar a 3.971 millas al otro lado del Atlántico, en Madison, Wisconsin. Y fue la sede del gobierno estatal lo que los manifestantes invadieron, y no Fortnum & Mason [conocida cadena de centros comerciales británicos que fue hace poco el escenario de sentadas en contra de los recortes], un mes antes de que tuviera lugar en Reino Unido la Marcha por la Alternativa [movimiento británico de protesta por los recortes], en marzo.

Wisconsin fue el primer estado de EEUU que recortó los derechos de negociación colectiva de los trabajadores públicos; una ley que permite a los legisladores modificar los contratos laborales aumentando la contribución a las pensiones y cobrándoles más por la asistencia sanitaria. Scott Walker, Gobernador republicano de Wisconsin, afirma que, puesto que el estado necesita reducir su déficit, era inevitable, pero las voces críticas lo ven simplemente como “un golpe a los sindicatos.” Como Richard Trumka, Presidente de AFL-CIO [American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations], el sindicato equivalente norteamericano de la TUC [Trade Union Congress, la central sindical de Inglaterra y Gales] declaró durante la manifestación: “Personas como el Gobernador Walker quieren quitarnos la libertad –nuestra libertad de tener voz en el trabajo.” Aun así, la ley que reducía los derechos de negociación colectiva del funcionariado fue aprobada. Y no pasó mucho tiempo hasta que Ohio, Tennessee y New Jersey, entre otros estados de EEUU, adoptaron medidas similares en nombre de la austeridad y causando protestas similares.

¿Podría suceder algo parecido en el Reino Unido? Mike Emmott, experto de relaciones laborales en el CIPD [Chartered Institute of Personnel and Development], cree que es poco probable. “El modo en que los americanos han recortado los derechos de negociación colectiva no es algo de lo que cualquier político británico pudiera salir bien parado,” declara. Los sindicatos a ambos lados del Atlántico hace tiempo que están a la defensiva, y el número de afiliaciones es muy inferior a lo que fue en los mejores tiempos del movimiento obrero. Hoy, solo el 11,9% de los trabajadores de EEUU (14,7 millones de personas) son miembros de un sindicato, mientras que en los años 50 eran el 36%. En el Reino Unido, la cifra es superior, de un 26,5%, pero también ha habido un gran descenso desde finales de los 70, cuando llegaron a ser 13 millones, lo que suponía más de la mitad de la población activa.

Pero aunque los sindicalistas de ambos países se enfrentan a los mismos problemas, las relaciones laborales en EEUU son muy diferentes. Alex Wilson, Director de RH en BT y Vicepresidente del CIPD, describe dicha diferencia como algo casi filosófico. “En el Reino Unido, los sindicatos buscan colaboración social, quieren entender la estrategia de la empresa… y el impacto que supone para sus miembros. Hay mayor colaboración en la comunicación y mejor diálogo,” afirma.

“Los sindicatos de EEUU tienen un papel mucho más tradicional, y se concentran en la negociación colectiva y las demandas judiciales.” “No abrazan la idea de estar fuertemente involucrados con el negocio,” añade. “Esa es una forma menos eficiente de trabajar y seguramente el sueño de cualquier profesional vago de RH, porque no hay que compartir los planes futuros de negocio hasta que se toma una decisión. En ese sentido puede parecer más sencillo. Pero puede ocasionar un menor entendimiento y traer más conflictos.” Wilson añade que hay una menor aceptación entre las empresas americanas de los sindicatos como grupos de interés clave, mientras que se perciben como legítimas tácticas agresivas como directamente no reconocerlos, lo que significa que los sindicatos tienen una voz más débil en la toma de decisiones. Por otra parte, las afiliaciones políticas son más comunes a escala nacional que no estatal. La influencia de los sindicatos se considera tan importante en dicho ámbito que en periodo electoral hasta Bill Clinton se unió a un piquete de trabajadores de Caterpillar en 1992 durante su carrera por la presidencia.

Otra gran diferencia es que los trabajadores de EEUU no tienen los mismos derechos laborales universales que sus iguales británicos. La legislación laboral de EEUU se basa en normas de “empleo a voluntad,” donde la posición por defecto es que las empresas pueden deshacerse de los empleados sin darles ninguna explicación. Si esto sucediera en el Reino Unido, los trabajadores con derecho a protección laboral podrían denunciar despido improcedente o pedir una indemnización, algo que sus iguales norteamericanos no pueden hacer. Las leyes de empleo a voluntad son a menudo citadas por las empresas como cruciales para la flexibilidad de la mano de obra. Dicho esto, algunos estados norteamericanos sí garantizan derechos y negociación colectiva a sus trabajadores, lo que les permite negociar subsidios de asistencia médica, pensiones y mejores pagas. Los diferenciales en las pagas entre los sindicados y los que no lo están también son mayores en EEUU, donde los miembros de plantillas sindicalizadas pueden ganar hasta un 30% más que los que no tienen representante sindical. En el Reino Unido, por el contrario, el diferencial es solo de hasta un 15% porque hay más entornos de trabajo cubiertos por convenios colectivos.

Estados sin sindicación obligatoria
El panorama en EEUU es mucho más complejo debido a una división entre estados percibidos como anti-sindicatos o sin “sindicación obligatoria” y aquellos que permiten que sea obligatorio pertenecer a un sindicato. Las normas para la primera tipología, que impiden que se obligue a los empleados a unirse a un sindicato y pagar las correspondientes tasas de afiliación, obviamente debilitan el poder de los sindicatos y suponen un tema candente en las relaciones laborales. El pasado mes de abril, la tensión estalló en el fabricante aeronáutico Boeing cuando se enfrentó a la oposición sindical por sus planes de expansión de actividades en un estado de sindicación voluntaria, en detrimento de sus actividades en Washington, un estado con obligatoriedad sindical. El caso ha sido llevado hasta la National Relations Board [órgano gubernamental de EEUU que vela por los derechos de los trabajadores]. Si decide en contra de Boeing, sentaría un nuevo precedente para el poder sindical.

Muchas empresas de EEUU con una fuerte presencia sindical en su plantilla toman precauciones para evitar la confrontación. Entre ellas está Nevada Energy, donde el 68% de los 2.900 trabajadores son miembros sindicados, aunque Nevada es un estado sin obligatoriedad en la sindicación. Así que cuando la empresa necesitaba adoptar nuevas tecnologías y energías renovables para seguir siendo competitiva, decidió que el sindicato tenía que quedarse en escena. “El cambio puede complicar las relaciones laborales,” comenta Punam Mathur, su Vicepresidente de RH. “Pero debes explicar a tus empleados el por qué de los cambios… Tienes que ser consciente que con cambios potenciales en la formas de trabajar, hay personas que se preocupan por su empleo: tienen miedo. Y deberíamos hablar de todo ello.” “Los representantes sindicales se sentaron a hablar y a firmar un contrato que nos ha permitido mayor flexibilidad en la gestión de nuestro negocio,” dice. “Al mismo tiempo, estas charlas dan a sus miembros información sobre sus opciones. Así saben que habrá despidos y no habrá nuevas contrataciones. Si quieren ir a la huelga, pueden. Pero les hemos explicado que dichos cambios están teniendo lugar porque necesitábamos mayor capacidad de ser competitivos.”

Andy Ortiz, Vicepresidente de Efectividad de la organización en Warner Bros Entertainment, con estudios cinematográficos en Hollywood y oficinas en Miami Beach, Nueva York y Washington, también aboga por una buena comunicación. “En Warner Brothers tenemos 100 sindicatos. Resulta abrumador –cada sindicato tiene un conjunto de términos que quizás debamos tener en cuenta,” explica. “Internacionalmente, tenemos sedes en Europa y por todo el mundo, así que debemos tratar con consejos de trabajadores y tenemos buena relación con dichos grupos para asegurarnos de que están involucrados con el proceso de cambio. Debes comprometerte con los sindicatos. Mi consejo es hablar pronto y a menudo.” Aunque algunas empresas reconocen las ventajas de desarrollar unas buenas relaciones laborales, también se expande un sentimiento anti-sindicatos en EEUU. Owen Tudor, Responsable de Relaciones Internacionales y con la UE del TUC, argumenta que esto tiene un impacto muy nocivo sobre la economía norteamericana. “La erosión en los derechos de negociación colectiva ha contribuido a la crisis económica,” y añade que la gente aumentó sus niveles de deuda personales porque no reciben suficiente dinero para mantenerse con los aumentos de salario negociados colectivamente.

Mike Emmott del CIPD muestra una opinión más cauta, diciendo que mientras que quizá se podría esperar que el debilitamiento de la negociación colectiva redujera el nivel de consumo y dañara la economía de EEUU, de momento no ha visto prueba alguna de ello. Además, contrariamente a lo esperado, el compromiso de los empleados en EEUU es mayor que en Europa, según Emmott, y hay estudios que indican que los miembros de sindicatos están menos comprometidos que los que no lo son. “Hay muchas pruebas de ello desde hace años,” explica, remitiéndose a un estudio del CIPD y David Guest, Profesor en el King’s College de Londres. “De todos modos, una relación abrasiva no puede ser buena para construir la colaboración,” añade. Las duras condiciones económicas a las que se enfrenta EEUU podrían actuar como freno para los peores excesos desde ambas partes, según Mark Schmit, Director de Investigación en SHRM [Society for Human Resource Management]. “Seguramente habrá más amenazas de huelga, pero existe la conciencia de que con un 9% de desempleo, si tienes un trabajo ya eres afortunado. Y los managers saben que cuando las cosas mejoren todavía necesitarán a los sindicatos,” cuenta. “Pero creo que los sindicatos públicos estatales tendrán más dificultades para mantener su poder en el futuro, particularmente debido a las economías de los distintos estados que los ponen en peligro. Los sindicatos federales [públicos nacionales] no tienen tanto de qué preocuparse.”

Pero Susan Brecher, Directora de Desarrollo de Capital Humano en la ILR School de la Cornell University, Nueva York, sugiere que los sindicatos quizá han perdido su ímpetu porque ya no se entiende su valor. “Si los empleados sintieran que ganan algo teniendo unos sindicatos, éstos tendrían más capacidad para organizarse, pero eso no ocurre. Históricamente, los empleados veían claro lo que los sindicatos podían ofrecerles, pero no creo que entiendan esas ventajas ahora y creo que tienen miedo. Alex Wilson de BT también pone en duda la posibilidad de que resurja el sindicalismo. “No preveo un aumento considerable de las afiliaciones,” afirma. “Creo que la tendencia seguirá a la baja en los próximos años, especialmente si sigue la reducción de la industria tradicional mientras que los sectores emergentes, como el de las nuevas tecnologías, siguen teniendo poca representación sindical.”

Pero los sindicatos de EEUU tienen más ases en la manga: el apoyo del Presidente Obama, cuya carrera política contó en sus inicios con simpatías del movimiento obrero de Chicago. En la campaña para las elecciones de 2008, Obama incluyó en su programa la promesa de introducir una ley de “libertad de elección del empleado,” diseñada para que organizar un sindicato en el trabajo fuera mucho más sencillo. Dicha ley no se ha aprobado porque había otras prioridades como la sanidad o el aumento del empleo, pero hay quien sugiere que el tema podría resucitar si el Presidente decide movilizar a los sindicalistas. Una cosa es segura: las elecciones del año que viene serán cruciales para las relaciones laborales, sea cual sea la dirección que tome el péndulo político.


* Churchard, Claire. “State of the union”. People Management magazine, 30/08/2011 (Artículo consultado on line el 12/09/2011).


Acceso a la noticia: http://www.peoplemanagement.co.uk/pm/articles/2011/08/state-of-the-union.htm?area=pm

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