Parece que ser abiertamente homosexual ya no es un problema en muchos entornos, pero todavía hay personas reacias a salir del armario en el trabajo. La homofobia aún es una realidad, aunque más sutil. People Management magazine expone la iniciativa de Stonewall, una ONG británica por los derechos del colectivo LGBT, para romper el “techo rosa”: un curso de liderazgo para directivos de nivel medio.

Ser abiertamente homosexual ya no debería ser un problema, pero aún hay mucha gente reacia a revelar su orientación sexual. Los efectos de no salir del armario también pueden perjudicar las perspectivas laborales. Contar a tus compañeros de trabajo que eres gay puede ser duro: solo hay que fijarse en el alboroto provocado por el jugador de rugby Gareth Thomas, el de críquet Steven Davies o el futbolista sueco Anton Hysén cuando declararon su sexualidad. El deporte puede ser un caso extremo –Hysén es aún el único futbolista profesional que ha salido del armario en todo el mundo– pero eso no significa que no sea duro en cualquier otro lugar.

Incluso aunque haya menos homofobia en los lugares de trabajo de la que solía haber, el grupo británico de defensa de los derechos de los homosexuales Stonewall afirma que muchas organizaciones todavía funcionan con un “techo rosa” –equivalente al “techo de cristal” para las mujeres, es una barrera de prejuicio más sutil que impide a los gays alcanzar la cima de sus profesiones o les fuerza a ocultar su sexualidad.

“En general las organizaciones se han vuelto más diversas, pero no es frecuente ver homosexuales en los equipos de dirección, como tampoco hay diversidad étnica o de género en los altos niveles,” dice David Shields, Director de Programas Laborales de Stonewall. Las mujeres o los hombres pertenecientes a minorías étnicas pueden sufrir una doble dosis de prejuicio, añade, lo que significa que las lesbianas o los hombres gays negros son más reacios a salir del armario que los hombres gays blancos. En otros casos, pueden expresar su sexualidad a sus compañeros, pero no a sus clientes. “Salir del armario no es un acontecimiento excepcional. Es algo que surge cada vez que construyes una nueva relación,” cuenta Shields.

Una de las iniciativas de Stonewall para romper el techo rosa es un curso de liderazgo para directivos de nivel medio homosexuales en la Ashridge Business School. Entre otras cosas, el programa se centra en la autenticidad y el liderazgo. “Los mejores líderes tienen un fuerte sentido de conciencia propia,” comenta Albert Zandvoort, un profesor de management que imparte clases en el curso de Stonewall. Explorar la autenticidad puede ayudar a los homosexuales a estar más cómodos con su orientación y a ser más abiertos y honestos. No es imposible ser un buen líder si eres gay pero no has salido del armario, aunque es más difícil, según Zandvoort. “El estrés personal te impedirá ser totalmente auténtico. La honestidad es algo muy bueno a lo que la gente responde bien.”

Sin embargo, el planteamiento de un curso de formación separado puede crear controversia, incluso entre el colectivo homosexual, “No quisiera cursos especiales para gays. Los tratas como parte integral de tu equipo y si crees que alguien ha sido maltratado por ser gay, te enfrentas a ello,” declara Bernard Buckley, gay, Exdirector de RH y ahora coach ejecutivo. Incluso los que se inscriben al curso a menudo tampoco lo tienen claro –aunque los casos de asistentes a dicho curso expuestos a continuación demuestran que los homosexuales, incluso en ambientes muy progresistas, se enfrentan a problemas con los que casi todas las demás personas no se encuentran.

Caso 1: Lucy Bryans, Directora de Operaciones en Europa, Oriente Próximo y África de American Express Business Travel

“No salí del armario hasta los 22 años. Me tomé un año sabático después de la universidad y fui a Nueva Zelanda y Australia, donde conocí a mi primera pareja estable. Obtener un visado para trabajar en Australia fue mi primer gran reto como persona homosexual –nos costó mucho demostrar nuestra relación y no podíamos obtener el mismo visado que una pareja heterosexual. Ahí es cuando me di cuenta de que hay muchos obstáculos en la vida cuando eres gay.

Mi primera experiencia con revelar mi sexualidad en el trabajo fue en Trailfinders en Australia. Respiré hondo y les dije a todos en el curso de formación: ‘Tengo una novia y se llama Cat.’ Trailfinders era un buen lugar para trabajar. No fue ningún problema. Entonces tomé la decisión de no esconder nunca más mi sexualidad en el trabajo.

Es muy difícil ir al trabajo cada día y no hablar de tu pareja o mantener conversaciones sin especificar el género. No me puedo imaginar haciéndolo –aunque conozco gente que lo hace. Mi pareja actual ocultó su sexualidad durante tres meses en un trabajo, porque algunas de las personas con las que estaba eran muy homófobas. De pronto un día dijo ‘mi pareja’ y ‘ella’. Estornudaron, tosieron y resoplaron –y nunca más lo volvieron a mencionar.

‘¿Cuál de vosotras es el hombre?’ Me enfrento a este tipo de preguntas con humor y honestidad porque en cuanto te pones a la defensiva, la gente no te entiende. He sido más abierta con cada trabajo que he tenido. En American Express, descubrí la Red del Orgullo que había en la empresa cuando empecé a trabajar y les envié un e-mail: ‘Soy nueva y soy gay.’

El año pasado iniciamos un programa de mentoring con dicha red y yo tengo una mentora desde entonces. Es muy veterana y no es homosexual, pero es una gran aliada de la Red del Orgullo. Fue la primera que me hizo cuestionarme si ser homosexual tiene un impacto en mi forma de ser en el trabajo. Hasta el momento nunca me había dado cuenta de que varias veces al día tomo decisiones en fracciones de segundo sobre si demostrar mi sexualidad. Quieres ser auténtica, ser tú al 100% con tus contactos habituales –pero tampoco tiene que resultar algo abrumador ni para ti ni para los demás.

En ocasiones he trabajado con gente que nunca había tratado con una persona homosexual. Pensaba ‘no lo voy a esconder, pero tampoco voy a tirárselo a la cara.’ Solo esperas que si estás luchando para derribar una barrera, tengas a alguien que te apoye. No todo el mundo lo hace.

Cuando oí hablar por primera vez del curso de liderazgo de Stonewall no estaba segura. Pensé ‘¿En serio necesitamos cursos por separado?’ Pero tuve una experiencia muy positiva. La conexión con los otros asistentes fue inmediata –había muchas tonterías que no teníamos que soportar. Rápidamente te sentías libre de enfrentarte a cosas complicadas, como por qué te comportas de un modo particular y qué impacto tiene tu sexualidad en dicho comportamiento. Nunca había experimentado esa libertad en ningún curso.”

‘La discriminación no vale’

“Dirijo a personas de todo tipo de minorías –escuchar las experiencias negativas de otros te hace darte cuenta de cómo se sienten. Había personas en el curso que tuvieron que superar grandes obstáculos. Me sorprendió la cantidad de homosexuales que no habían salido del armario con sus clientes. Algunos tienen que oír comentarios homófobos cada día –así que es muy importante mantener la presión a raya. Si no lo haces, las cosas pueden ir hacia atrás. Aquí está la importancia de las redes de networking. Hay gente en 2011 que no está avanzando en su carrera por ser homosexual. Y eso no está bien.”


Caso 2: Andy Jaeger, Dirección Adjunta y Comunicación en Nursing and Midwifery Council


“Salí del armario poco después de cumplir los treinta, habiendo pasado mi época de veinteañero viviendo una vida aparentemente heterosexual. Por aquel entonces trabajaba en el equipo de dirección de una organización cristiana de ayuda a la infancia. Sorprendentemente, los compañeros con los que más me relacionaba me apoyaron muchísimo. Y también el Responsable de RH. Nadie se me puso en contra deliberadamente, pero a largo plazo nunca encajaría del todo. Era difícil. La organización tenía 80 proyectos, 40 de los cuales eran eclesiásticos. Tener a un Responsable de Recaudación de Fondos abiertamente gay… bueno, fue una decisión valiente.

Ahora me veo totalmente diferente de la persona que solía ser en el trabajo. Era mucho más reservado en todos los sentidos. Lo suelo describir como si hubiera vivido una pulgada por debajo de la superficie de mi piel. Lo afectaba todo. No estaba siendo sincero conmigo mismo. Vivir la vida como un todo es importante para mi motivación y mi capacidad para hacer el trabajo. No puedes conectar con otras personas, o ser un buen manager, si no puedes ser tú mismo.

Me quedé en la organización cristiana hasta un año después de salir del armario y luego vine a Londres a hacer un máster de marketing y comunicación. Buscaba un cambio radical e ir a la universidad fue increíblemente liberador. De las 20 personas del curso, yo era el único nacido en Reino Unido. Ser gay no importaba. Tras el máster, trabajé durante poco tiempo para una asociación para la vivienda (organizaciones sin ánimo de lucro que en Reino Unido se dedican a proveer de viviendas sociales a bajo coste) y luego llegué donde estoy ahora. Esta organización ha pasado un periodo de rápido cambio y crecimiento. Ha habido mucha rotación de personal. Ahora trabajan 300 personas, muchas más que las 220 que había cuando llegué hace cinco años. Uno de mis retos, cuando fui ascendido a Director Adjunto, fue asegurarme de que en toda la organización se trataba a las personas con respeto y dignidad -porque al crecer nos dimos cuenta de que no puedes fiarte de que todos se conozcan entre ellos.

‘Compartíamos un sentimiento de grupo por haber llegado, haber hecho algo con nuestras carreras’

Era bastante escéptico acerca del programa de liderazgo de Stonewall –y creo que muchos de los otros también. Compartíamos un sentimiento de grupo por haber llegado, haber hecho algo con nuestras carreras. Yo había dejado atrás el ver como un reto ser gay en el trabajo. Ahora no es importante, en parte gracias a mi determinación personal de que así sea. Hay personas que intentan esconder aspectos de si mismas, y en el lado opuesto hay otras que inmediatamente todo el mundo sabe que son gays. Yo hago que no sea importante asegurándome que no es mi única identidad. A la gente le interesa mucho más el hecho de que cante en un coro o que me encanten las películas de ciencia ficción.

El curso de Stonewall no iba de ser homosexual en el trabajo, sino de entenderte como persona y conocer cómo tus experiencias tienen un impacto en la forma en que haces tu trabajo. Hay algo muy poderoso en eso, para cualquiera. Si eres gay, estás constantemente tomando decisiones de si salir del armario o no. Este hecho te da experiencia vital para enfrentarte al riesgo y te otorga percepción. Te ayuda a ser bueno en momentos de decisión.

Como resultado de mi asistencia al curso, nos unimos al programa de Campeones de la Diversidad de Stonewall y formé una red LGBT en mi organización. Mi empresa ya es increíblemente diversa en términos de raza, discapacidad y orientación sexual, así que la red es una forma de resaltar algo que ya es muy bueno. El curso también puso en duda mis propios prejuicios sobre las personas homosexuales. Conocí a banqueros, contables, personas que trabajaban en empresas de servicios públicos –gente con la que no me relaciono en mi círculo social. Es increíble la cantidad de estereotipos con los que cargamos –y salir del armario no te libra de ellos ni de discriminar a otras personas.”


* Syedain, Hashi. “Diversity: The pink ceiling”. People Management magazine, 01/07/2011 (Artículo consultado on line el 21/07/2011).


Acceso a la noticia: http://www.peoplemanagement.co.uk/pm/articles/2011/06/diversity-the-pink-ceiling.htm?area=pm

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