Cuando un profesional de la selección o un community manager se va de una compañía, ¿a quién pertenecen sus contactos y contenidos en las redes sociales generados durante el tiempo que ha trabajado allí? Es una pregunta bastante nueva pero ya esta suscitando controversias y alguna demanda judicial en EEUU.

La Responsable de Selección Jackie Juge no estaba dispuesta a perder su red de contactos en LinkedIn cuando terminó su contrato con Microsoft. A través de comentarios en un blog, Juge describía una discusión que tuvo con el gigante del software –un conflicto que pone de manifiesto complicados interrogantes sobre redes sociales que cada vez más empresas y trabajadores se verán obligados a afrontar.  “En Microsoft querían que les cediera mis contactos de LinkedIn cuando mi contrato acabó. Pero conseguí esos contactos durante cinco años de trabajo con Google y Microsoft, y el e-mail que ahí aparecía como contacto era el mío privado y no el corporativo,” escribía Juge en recruitingblogs.com. “Me negué.” Juge, ahora una Responsable de Selección en Google, añadía que al final Microsoft cedió.

A medida que las empresas entran de lleno en Facebook, LinkedIn y Twitter, algunas empiezan a encontrarse asuntos peliagudos cuando los empleados que trabajan en redes sociales corporativas se van de la empresa. El asunto de la “portabilidad de las redes sociales” no está nada claro. Los estándares de protección de la propiedad intelectual y los tradicionales acuerdos de no-competencia no especifican sobre cuestiones como quién es el propietario de los contenidos y los contactos en las redes sociales. El asunto de la portabilidad probablemente será cada vez más relevante a medida que las oportunidades de trabajo se vayan abriendo y el mercado de trabajo se vuelva más fluido. Las controversias acerca de la propiedad de las redes sociales se han centrado sobre todo en la selección, que usa intensamente dichas redes en su búsqueda de talento. Pero las preguntas acerca de los contenidos y las relaciones seguramente afectarán a muchas más personas, sobre todo porque las empresas cada vez más empujan a sus empleados a ser “embajadores de la marca” online.

Hay mucho en juego. Las compañías pueden ganar o perder buenos contactos con clientes potenciales, empleados y socios. Dependiendo de cómo gestionen el asunto, la reputación corporativa podría verse afectada. Y las firmas podrían verse implicadas en litigios sobre cuentas de LinkedIn o Twitter. Los expertos afirman que las empresas deberían olvidar el problema de la portabilidad marcando unas reglas claras desde el principio sobre la propiedad a largo plazo del contenido de redes sociales. También hay que tener en cuenta los detalles sobre cómo se crean las cuentas virtuales. Pero en general las compañías no se fijan en posibles problemas legales derivados del uso que hagan los empleados de las redes sociales con fines empresariales, según Mitch Danzig, abogado. “Es más fácil enfrentarse a estas cosas desde el principio que al final. Creo que la mayoría de organizaciones no lo están haciendo.”

Nuevo territorio

La portabilidad no había sido un problema hasta ahora porque muchas compañías se han abierto a las redes sociales recientemente. Ahora, no obstante, los responsables de selección a menudo trabajan con LinkedIn. Los comerciales tienen páginas de Facebook, suben vídeos a YouTube e intentan atraer seguidores en Twitter. Y a otros empleados se les anima a tuitear, publicar en un blog o involucrarse de algún otro modo en las cacofónicas conversaciones de las redes sociales para demostrar que su compañía es un buen lugar para trabajar o una firma que merece confianza. La firma de investigación Gartner predice que en 2014 los servicios de redes sociales sustituirán al e-mail como principal canal de comunicación interpersonal para el 20% de los usuarios empresariales. “Durante los próximos años, la mayor parte de compañías construirán redes sociales internas y/o permitirán un uso empresarial de las cuentas personales en otras redes,” predijo ya Gartner en otro informe de 2009.

El contenido en las redes sociales es importante para los trabajadores que tratan de construirse su propia marca. A causa del estado actual del mercado laboral donde la seguridad y la lealtad son escasas, los trabajadores sienten que deben proteger su carrera futura manteniendo un cierto grado de pertenencia personal de su porvenir profesional reteniendo un cierto grado de propiedad sobre su trabajo y redes profesionales. Por ejemplo, las entradas en blogs de los empleados les podrían ayudar a erigirse como líderes de opinión en su sector. Los contactos en LinkedIn podrían ser cruciales en el éxito de la tarea comercial de una persona en un empleo futuro. Y a pesar de que la brevedad de los tuits puede hacer que su contenido sea de poco valor para un empleado en un futuro, los seguidores que se consiguen a través de ese servicio de microblogging pueden ser importantes para la prospectiva profesional.

Tradicionalmente, una amplia gama de herramientas y principios legales ha especificado la propiedad del trabajo generado por empleados y la capacidad para usar sus contactos profesionales una vez dejan una compañía. Esto incluye pactos de confidencialidad o un acuerdo de no captación, por el cual el empleado que se va no puede contratar a antiguos compañeros ni hacer tratos con los clientes de la empresa durante un periodo determinado de tiempo. Pero el mundo de las redes sociales no encaja en ese marco. Contenidos como vídeos colgados online, entradas de blog o tuits son normalmente públicos. Los contactos de LinkedIn son al menos parcialmente públicos. Además, no está claro si tener contacto con alguien en LinkedIn o Facebook constituye una relación de negocios. La portabilidad en las redes sociales es un área gris en la que falta una orientación legal clara, explica Kathy O’Reilly, Directora de Relaciones en Redes Sociales para la empresa de empleo Monster. “No hay realmente casos que sienten precedente.”

Conectar los puntos

Fue interesante la demanda que interpuso la firma de servicios y contratación en tecnología TEKsystems Inc. contra tres antiguos empleados y su nuevo empleador. Entre otras cosas, la demanda decía que una de ellos, la extrabajadora en selección Brelyn Hammernick, violaba un acuerdo laboral porque mantenía contacto en LinkedIn con 16 empleados de TEKsystems. El caso puso encima de la mesa un nuevo dilema legal sobre si simplemente “conectar” con contactos profesionales en la Red viola un acuerdo que prohíbe la captación, cuenta la abogada Renee Jackson. “¿La mera existencia de una red de contactos profesionales supone captación? ¿Estar conforme con una restricción de no captación supondrá ‘desconectarse’ o ‘dejar la amistad’ con compañeros o clientes de la empresa que se deje hasta que el periodo de restricción acabe?” se preguntaba Jackson el año pasado. Las dos partes enfrentadas en el caso finalmente llegaron a un acuerdo. La falta de decisión por parte del tribunal hace que “estas cuestiones sigan en el aire,” opina Jackson.

Otro caso se dio en Reino Unido con la empresa de selección Hays contra un antiguo trabajador. El Tribunal Supremo Inglés ordenó al exempleado desvelar información sobre su cuenta de LinkedIn. Tuvo que revelar conversaciones con contactos profesionales los datos de los cuales había subido a LinkedIn mientras trabajaba en Hays. Un portavoz de la empresa declaró: “Durante los últimos 24 meses, Hays ha interpuesto demandas contra antiguos empleados y agencias competidoras para proteger sus intereses empresariales. A medida que se sofistican las redes sociales y las nuevas tecnologías, también mejoran las estrategias legales necesarias para proteger nuestra información.”

Los profesionales de la selección están en la vanguardia de los conflictos de portabilidad de redes sociales. La función ha acudido en masa a LinkedIn, que actualmente cuenta con 100 millones de miembros y muchas herramientas para encontrar y evaluar candidatos. Los encargados de selección son los “conejillos de indias” en el experimento empresarial sobre la propiedad en las redes sociales, comenta Hung Lee, un consultor de selección londinense. Pero es un grupo que también podría traer conflictos, según una encuesta hecha por el mismo Lee. En 2009, preguntó a 100 de los contactos en su red, muchos de ellos dedicados a la selección, quién era el propietario de sus cuentas de LinkedIn. Tres cuartos respondieron que estaban seguros que eran ellos mismos los dueños de sus cuentas en LinkedIn y no sus empresas. Para Lee, hay una clara disparidad entre su encuesta no científica y el caso de Hays, lo que deja vislumbrar futuros conflictos. “Es solo cuestión de tiempo,” afirma.

Desde la blogosfera

Lee ayudó a aquellos preocupados por el tema de la propiedad en las redes sociales con una entrada en un blog el año pasado. Su artículo en recruitingblogs.com, titulado Who Owns Your LinkedIn profile? What Everyone Needs To Know (“¿Quién posee tu perfil de LinkedIn? Lo que todo el mundo necesita saber”), provocó los comentarios de Juge sobre su conflicto con Microsoft por sus contactos de LinkedIn. De su caso se desprende la importancia de la forma en la que se crean las cuentas usadas con fines empresariales. La firma de servicios financieros Union Bank & Trust Co., de 800 empleados, es una de las empresas que está prestando más atención al asunto. Uno de sus trabajadores gestiona las cuentas de Facebook y Twitter que se han abierto en nombre de la empresa, cuenta Jason Lauritsen, su Vicepresidente de RH. El empleado no revela su nombre cuando cuelga contenidos o responde a preguntas en Facebook o Twitter, ni tampoco hay una foto suya en dichas cuentas, señala Lauritsen. Union Bank puede estar relativamente a salvo de conflictos sobre propiedad de redes sociales, pero una cuenta sin rostro, “corporativa,” en las redes sociales supone el riesgo de parecer poco auténtica –un peligro teniendo en cuenta el deseo generalizado de comunicarse con personas reales en la era 2.0.

Monster ha tomado nota. O’Reilly explica que sus tres especialistas en redes sociales usan cuentas que son propiedad de Monster, pero con sus nombres reales. Monster también intenta encontrar un equilibro en la propiedad y el uso de los contenidos. Los exempleados que quieran publicar contenidos de redes sociales hechos en su momento para Monster en sus cuentas personales pueden hacerlo, pero deben tener la autorización y citar a Monster como fuente. Danzig, abogado, sugiere que las empresas hagan como con el e-mail cuando creen cuentas en redes sociales. Pueden mezclar el nombre del empleado con el de la empresa –por ejemplo en Twitter @JohnSmithABCco. “No te estás comunicando con ABC,” señala Danzig, “sino con una persona en ABC.” En este escenario, ABC sería en teoría quien posee el contenido, pero aún falta por ver si los tribunales estarían de acuerdo.

Alienar a los empleados o perjudicar la marca de empleo son riesgos potenciales relacionados con la portabilidad. Los expertos señalan que una política demasiado severa acerca de redes sociales puede causar descontento. Según Lauritsen, los mejores profesionales en selección no se acercarán a una empresa que intente meterse en sus contactos. “No se plantearían trabajar en un lugar donde se les diga que su red de contactos no les pertenece,” cuenta. Si uno de sus reclutadores se va, Lauritsen dice que no le pediría una copia de sus contactos. Para él, las tecnologías como LinkedIn solo han hecho más visibles redes relacionales que ya existían. “Como ahora podemos verlos, nos hemos vuelto más codiciosos con los contactos,” concluye.

Pero no todo el mundo comparte esa opinión. Para Jackson es razonable que las empresas pidan a los empleados que se marchan una lista de los contactos que hayan hecho durante el tiempo que han trabajado en la compañía. En Monster, por ejemplo, los empleados que trabajan como expertos en redes sociales tienen que estar preparados para renunciar a multitud de seguidores. “Si una persona deja la empresa, cualquier fan o seguidor que haya captado en nombre de Monster se queda en Monster,” declaró la compañía en un comunicado. “Las cuentas corporativas con la marca Monster son propiedad de Monster.” De todos modos, Monster sigue una política de no intervención con sus profesionales de selección. Si estos se marchan, no tienen que revelar los contactos de LinkedIn que han hecho en Monster.

Danzig admite que las cuentas de LinkedIn no difieren mucho de las antiguas tarjetas de visita, que rara vez eran confiscadas por la empresa cuando un empleado se iba. Aun así, afirma que las compañías deberían empezar a pedir a los nuevos empleados su lista de contactos profesionales, para que ambas partes tengan claro cuáles podrá retener la empresa cuando la persona acabe su trabajo. Esto puede parecer invasivo, pero, según Danzig, “podría ayudar a evitar más de un litigio.” Los abogados también sugieren a las compañías que creen una normativa clara sobre la portabilidad en las redes sociales. Sin embargo, los acuerdos y las políticas explícitas pueden clarificar algunas cosas pero no evitarán la controversia. Juge, por ejemplo, argumenta que los profesionales de selección deberían luchar por proteger sus contactos virtuales. “Mi consejo es que no retrocedan. Están en juego su perfil, su reputación y su trayectoria profesional.”


* Frauenheim, Ed. “You Can’t Take Your Online Contacts With You ... or Can You?”. Workforce Management Online, 01/06/2011 (Artículo consultado on line el 14/07/2011).


Acceso a la noticia: http://www.workforce.com/archive/feature/software-technology/special-report-social-media-cant-take-your-online/index.php

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