Antonio Núñez, Director de Programas de Gestión Pública del IESE; Pilar García Lombardía, Investigadora asociada del IESE: "En España, la definición adecuada de esta figura, de sus funciones, competencias, derechos y deberes es aún una tarea pendiente. Los directivos públicos deben ser los motores de la modernización."

Nueva York, 1994: las guerras entre pandillas, la corrupción política y el crimen están fuera de control. En menos de dos años, y sin incrementar el presupuesto, el recién nombrado comisionado de Policía, William Bratton, transforma la ciudad en uno de los lugares más seguros del país. ¿Cómo? Impulsando el cambio, dinamitando barreras y aplicando el liderazgo a la gestión de la institución. Liderazgo y eficiencia: más logros con menos recursos. ¿Quién no compraría?

La Administración pública española atrae las desgracias, críticas y malas noticias desde hace meses: un barco a la deriva, aparentemente sin rumbo, sin confianza y sin esperanza. Sin liderazgo de ningún tipo en muchos casos. "Pero es que eso del liderazgo es tema de las empresas", podría decir el lector. Craso error. La capacidad para llevar las riendas de un departamento, anticipar el futuro, establecer valores, políticas y metas, motivar al equipo y gestionar las crisis, por ejemplo, es necesaria en el sector privado, en el público y, si me apuran, en el personal. Y ahora más que nunca.

Como ciudadanos, nuestra responsabilidad es informarnos y tomar decisiones coherentes, entre otras la de exigir cambios a nuestros gestores. Parece que hay alguna evidencia de que esto ya está ocurriendo: la sociedad civil se está empezando a despertar. Y nuestra Administración también debe crecer en responsabilidad y eficiencia. Contamos con excelentes funcionarios, pero la modernización de la Administración pública debe pegar el estirón y profesionalizarse.

La experiencia internacional de países de nuestro entorno, como Reino Unido o Estados Unidos, demuestra que este proceso de modernización de la gestión pública tiene un protagonista: el directivo público. Los directivos públicos ocupan una posición de interlocución entre el poder político y los puestos técnicos y su calendario, por decirlo así, es relativamente independiente del calendario político: pueden permanecer en su puesto tras un cambio de Gobierno, por su valía y su competencia profesional. En España, la definición adecuada de esta figura, de sus funciones, competencias, derechos y deberes es aún una tarea pendiente. Los directivos públicos deben ser los motores de esta modernización. Son ellos quienes de forma natural pueden asumir ese liderazgo en la organización para marcar el rumbo y las coordenadas, precisamente por ocupar una posición de interlocución entre el poder político los puestos técnicos de la Administración. Entre sus funciones está la formulación de objetivos derivados de la estrategia política, la asignación de recursos necesarios para implementar las políticas públicas, y la gestión de las personas a su cargo, sin olvidar su papel como asesor del poder político.

España necesita una Administración pública moderna, eficiente y transparente. Para conseguirlo hace falta contar con profesionales formados y motivados, capaces de liderar el cambio y de responder a las crecientes demandas sobre eficiencia y calidad de gestión. Una formación adecuada y la generalización del uso de herramientas de gestión como la evaluación de políticas públicas son algunas de las palancas a utilizar para impulsar definitivamente la modernización de la Administración pública española. Pero no caigamos de nuevo en el paternalismo irresponsable. La evolución del sector público no puede enfrentarse como un proceso separado de la evolución de la sociedad española. La relación entre la Administración y los ciudadanos -los administrados- debe establecerse en términos de responsabilidad y madurez por ambas partes. Los ciudadanos debemos exigir información veraz y buena gestión. Tenemos que estar al tanto de lo que hacen nuestros administradores, no solo en momentos puntuales de intenso ruido político, no solo cuando las tropas enemigas están derribando las murallas del palacio de la inconsciente baronesa del dicho popular. Y los administradores y gestores de nuestro patrimonio, que es España, tendrán entonces que asumir la responsabilidad inherente a su cargo: dirigir estratégicamente a lago plazo, gestionar con eficiencia, medir, evaluar e informar.

Recomendaba Gandhi "vigilar a los ministros que no pueden hacer nada sin dinero y a aquellos que quieren hacerlo todo solo con dinero". Los recursos son necesarios, pero es imprescindible que esos recursos estén en manos de expertos líderes y profesionales de la gestión. Que alguien se ponga al mando del barco, por favor.

Antonio Núnez / Pilar García Lombardía. Director de Programas de Gestión Pública del IESE y autor de la tesis doctoral 'La formación de los directivos públicos en España' / Investigadora asociada del IESE

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