El paro espolea a miles de extranjeros a abandonar Reino Unido, Rusia y China y a regresar a sus países. Más de 300.000 extranjeros que residían en España han regresado en el último año a sus países tras perder su ocupación.

Inmigrantes bolivianos que abandonan España, trabajadores polacos que se marchan del Reino Unido, expatriados coreanos que dejan atrás su vida en China, brasileños residentes en Portugal que vuelven a su país, obreros indonesios deportados desde Malasia... Esta crisis de dimensiones planetarias está azotando al más global de los fenómenos humanos: la migración. La debacle económica ha dado la vuelta a una inercia migratoria que, alimentada por la expansión económica de los últimos tres lustros, multiplicó la cifra de personas que optaron por buscar trabajo en otros países: entre 1990 y el 2008, pasaron de 165 a 200 millones. Ahora, decenas de miles de esos inmigrantes han perdido su empleo y, ante la falta de perspectivas, no tienen más remedio que volver a sus hogares.

Según cálculos del antropólogo Miguel Pajares, que está elaborando un informe para Trabajo, más de 300.000 extranjeros que residían en España han regresado en el último año a sus países tras perder su ocupación. La semana pasada, este experto presentó un estudio realizado para la Fundació Jaume Bofill que revela que, en Catalunya, el 30,5% de la población extranjera está desempleada, porcentaje que casi triplica la tasa española (12,7%).

CIFRAS INQUIETANTES

Pero es en Asia y en las petromonarquías del golfo Pérsico donde ese flujo de retorno se nota con más fuerza. Un estado como los Emiratos Árabes Unidos, que han recurrido de forma masiva a la inmigración hasta el punto de que solo el 19% de su población es autóctona, observa anonadado cómo muchos de sus residentes empiezan a hacer las maletas. Las instituciones financieras han alertado, por ejemplo, de que la población de Dubái caerá el 15% este año.

En Asia, las cifras son todavía más inquietantes. En los últimos cuatro meses, 15.000 emigrantes han abandonado el enclave chino de Macao, donde la población extranjera se cuadruplicó entre el 2003 y el 2008. De Singapur, se prevé que partan 200.000 personas en el 2010 a causa de la pérdida de cerca de 300.000 empleos por la crisis en la industria, la construcción y el sistema financiero. "A la marcha de extranjeros que trabajaban como banqueros, abogados y contables, les van a seguir otros empleados en las fábricas, la construcción y los servicios", según analistas de la financiera UBS.

Pero nada es definitivo. El sociólogo Mehdi Alioua, experto en emigración de la Universidad de Toulouse (Francia), subraya que "tres cuartas partes de los inmigrantes que deciden regresar vuelven a emigrar". "Es gente acostumbrada a moverse. Si vuelve a su país es para hacer un repliegue estratégico", añade.

Jemini Pandya, portavoz de la Organización Mundial de las Migraciones (OIM), afirma que las peticiones de asistencia al retorno que gestiona "se han disparado en el último año" por el aumento del paro en este colectivo. Además, a la pérdida de empleos, se suma lo que describe como "nacionalización de los puestos de trabajo". "La crisis ha hecho que muchos nacionales que no querían los trabajos que hacían los inmigrantes ahora sí estén dispuestos a desempeñarlos", explica. Y apunta otro preocupante fenómeno: "No todos los inmigrantes en paro quieren volver. Muchos apuestan por aguantar y trabajar en lo que sea y como sea, lo que dispara la explotación".

Pero la recesión económica no va a acabar con el fenómeno migratorio. "Siempre va a haber trabajos que los nacionales no querrán hacer. Además, en los países desarrollados hay un problema de falta de nacimientos. Esas economías siempre precisarán emigrantes. Desde la OIM pedimos a los Gobiernos que no se cierren a la inmigración". Algo que ya han hecho el Reino Unido, que ha impuesto nuevas restricciones; Kazajastán y Rusia, que ponen trabas a la llegada de trabajadores foráneos, sobre todo tayikos y moldavos; y Malasia, que ha revocado unos 60.000 visados a bangladesís.

CAÍDA DE LAS REMESAS

El retorno de inmigrantes es un mazazo para las economías de los países pobres, que pierden el dinero que esos trabajadores enviaban a sus familiares y con el que sobrevivían miles de personas. En estados como Moldavia, donde las remesas suponen el 38% del PIB, y Tayikistán, donde representan el 45%, la reducción de ese flujo monetario es todo un terremoto económico.

Según el Banco Mundial, los envíos de dinero, que en el 2008 fueron de 305.000 millones de dólares (229.730 millones de euros), este año caerán hasta los 290.000 millones (218.450). En España, las remesas bajaron en diciembre el 20%. Como advierte el experto bangladesí en migraciones Razib Ahmed, un retorno masivo de inmigrantes "va a hundir las economías de muchos países y puede desencadenar revueltas sociales".

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