¿Ha recibido alguna vez un e-mail en cadena que ha remitido a todos sus contactos? ¿Ha visitado webs en busca de algo que no sabe muy bien dónde ni cómo encontrar? ¿Y ha descargado en su ordenador algún documento de una llave USB? Seguramente, sí. Si piensa que esas actividades, inodoras, incoloras e intangibles no contaminan, se equivoca.

La advertencia ya la lanzó en 2005 la Comisión Europea a través del estudio Impactos de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la eficiencia energética, realizado por la consultora de ecología Biois: hasta un 2 % del total de gases de efecto invernadero emitidos hace seis años provenían del uso de las TIC.

Un estudio publicado ayer por Ademe, la Agencia de Medio Ambiente y gestión de la energía francesa, aumenta esa cifra hasta el 4 % para el año 2020 si las tendencias de uso se mantienen al ritmo actual. Para recabar los datos, el informe se basa en tres supuestos: el envío de correos electrónicos, las búsquedas web y la utilización de memorias flash. El impacto del uso y abuso de las TIC se mide también sobre tres indicadores: el potencial de cambio climático, el agotamiento potencial de los metales y el de los combustibles fósiles.

Además de alertar sobre los peligros de utilizar las nuevas tecnologías sin mesura, el informe de Ademe incluye propuestas para paliar los efectos adversos y contribuir al desarrollo sostenible. Para ilustrarlos, toma como ejemplo el caso de una empresa tipo francesa de 100 empleados.

¿Cuántos correos envía diariamente un empleado más de esta empresa? Unos 33 al día, dice el informe, cada uno con un tamaño medio de 1 Mb. A razón de 220 días de trabajo al año, mandará un total de 7.260, equivalentes a 13,6 toneladas de CO2 liberadas a la atmósfera. Para hacerse una idea, eso es lo mismo que contamina la calefacción de un hogar medio madrileño de tres habitaciones en 13 años. Y eso es solo un empleado.

Pero hay que trabajar, y los e-mails son una parte fundamental de las actividades de multitud de compañías. Aún así, se puede incrementar la eficiencia. En concreto, reduciendo las impresiones de correos, recortando el número de destinatarios a los que se envían o borrando los mails antiguos: cuanto más se guardan, más contaminan.

Si esa empresa francesa de 100 empleados consiguiera reducir en un 10% el envío de correos, podría ahorrarle 8 toneladas anuales de CO2 al medio ambiente: lo mismo que 8 viajes de ida y vuelta de Nueva York a París.

También con respecto a la media gala -2,6 diarias, 949 al año-, el informe alerta de lo nocivo de las búsquedas en la red. En concreto los clicks de los 29 millones de internautas franceses son responsables de 287.600 millones de toneladas de CO2. La precisión a la hora de elegir las palabras de búsqueda puede ayudar. Hilar fino con el lenguaje significa dejar de emitir 5 Kg. de CO2, que son lo mismo que 40 km. de trayecto en coche. Además, cuanto más larga sea la vida del ordenador, menor será el consumo de recursos y más se amortizará el efecto contaminante de las búsquedas.

Leer documentos descargados de una memoria USB también es pernicioso. Primero, porque hacerlo en el ordenador -a 3 minutos la página-, requiere un gasto energético. Y segundo, porque si se imprime se usa papel, tinta y energía. ¿Sugerencias? Leer más rápido e imprimir menos y en blanco y negro.

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