Con el paro y la crisis a la orden del día la pregunta es obligada: ¿podemos aprender algo de los otros países? Algunos españoles que decidieron emigrar cuentan su experiencia. Y explican por qué fuera se respira mejor.

Hasta hace poco, irse a trabajar fuera era casi visto como un tabú. Emigrar era sinónimo de fracaso, una obligación dictada por las circunstancias. Se iban en busca de fortuna los que no habían sido capaces de recoger la semilla del éxito en su propia tierra. Pero hoy en día ya no es así. Y hablar de huida de cerebros es hablar de una amenaza real. En los perfiles de este reportaje los lectores podrán encontrar muchas historias diferentes, pero con algo en común: todos estos trabajadores (jóvenes y no tan jóvenes) decidieron expresar su talento fuera de nuestras fronteras, arriesgarse en busca de aquellas oportunidades que, por una razón u otra, en España no encontraron.

No les faltan razones: en nuestro país la tasa de paro juvenil es el doble que la de la Unión Europea y supera el 40%. Algunos la han llamado la generación perdida. En este contexto, no es de extrañar que el 68% de los jóvenes españoles esté dispuesto a marcharse al extranjero, incluso sin perspectivas de volver, según los últimos datos del eurobarómetro. Otras encuestas proporcionan incluso datos superiores: un 91% de las 2.000 personas entrevistadas por el portal Universia considera la opción de marcharse a trabajar fuera. No es un sueño o un capricho, la posibilidad de cambiar de vida es real y concreta. Baste recordar que el pasado 10 de junio la Oficina Federal de Empleo de Alemania organizó actos en Madrid y Barcelona para captar jóvenes ingenieros españoles en paro. ¿Puede España aprender algo de los otros países y evitar la hemorragia de capital humano? Según se desprende de los testimonios de este artículo, sí. Siempre se ha dicho que la productividad en nuestro país es escasa, que se trabajan demasiadas horas, que el mercado de trabajo es excesivamente rígido y no ofrece los puestos de trabajo suficientes para una juventud muy formada. En comparación, en el extranjero el cuadro es diferente: se valora el esfuerzo y el trabajo duro y, si se tienen las capacidades, es más fácil ascender. Prevalece el mérito por encima del amiguismo, además de disfrutar de un buen trato personal y de un ambiente laboral propicio al trabajo, a la conciliación familiar y al derecho al descanso.

Es cierto, tomar la gran decisión,dar el salto fuera, es una carrera de obstáculos: falta de recursos económicos, el nivel insuficiente de idiomas o ataduras familiares. Pero tampoco se crean que los protagonistas de este reportaje sean héroes intrépidos o aventureros, ya que las nuevas generaciones están cada vez más preparadas para... embalar su ordenador. El número de españoles que trabajará en el extranjero se incrementará en el 2050 en un50% por efecto de la globalización, según un informe de la consultora PWC. Y el70% de los jóvenes nacidos a partir de 1980 se muestra convencido de que utilizará una lengua no nativa en el trabajo. Ya lo ven: emigrar pasará a ser un paso más. Como el que dieron Abel, Elena, Mercè, Juanma, Andoni, Joaquín o Mónica, los nuevos migrantes españoles.

 


"En Inglaterra se valora el esfuerzo"

RAFAEL RAMOS

Abel Lusa es un empresario riojano de hostelería, propietario de una cadena de cuatro restaurantes en Londres (Cambio de Tercio, Tendido Cero, Tendido Cuatro y Capote y Toros), que empezó como camarero y ha trabajado tanto en España como en el Reino Unido. Reconoce que hay grandes diferencias entre los dos países: "El mercado laboral británico no sólo funciona mejor, sino cuatro mil veces mejor - afirma-. Se trabaja más duro, más horas, a más ritmo, con más concentración y disciplina, el esfuerzo se valora. Lo que cuenta es la valía y el sacrificio, no la edad". Lusa es un firme creyente en el sueño inglés (y es, al mismo tiempo, la prueba tangible y evidente de que ese sueño puede hacerse realidad), la capacidad de cualquiera que trabaja en el Reino Unido para prosperar, al margen de su nacionalidad o color, mientras que critica el estricto sentido de la jerarquía que hay en España y la falta de competitividad y estímulos para los trabajadores, que se traduce en un adocenamiento. "Aquí, al que vale enseguida se le sube el sueldo sin necesidad de que lo pida y al margen de la edad que tenga, y le llegan ofertas de otras empresas que están al tanto de posibles fichajes. Con veintiocho años se puede ser director de hotel. La flexibilidad del mercado no sólo juega a favor del patrón, sino también del empleado". Y sus restaurantes triunfan.

 


"El italiano es emprendedor"

EUSEBIO VAL

Lo que más sorprendió a Mónica Iglesias del mundo laboral italiano fue la precariedad de los contratos y lo difícil que es conseguir uno a tiempo indeterminado. Según ella, la situación es peor que en España. Esta gestora cultural ha trabajado seis años en Pisa y Florencia en una agencia de comunicación y marketing cultural. Pero, respecto a España, "son mucho más formales en las relaciones de trabajo", asegura, y menciona lo habitual que es tratar a las personas con el título de "doctor" o "doctora", o de "honorable", si se trata de políticos. "En España somos mucho más cercanos y amigotes desde el principio", subraya. Cree que en Italia la gente está bien preparada y que el nivel cultural, incluso de quienes no han pasado por la universidad, es superior, pues "de la escuela se sale más preparado". Otra observación positiva es el espíritu emprendedor, más desarrollado que en España. "En nuestro país es muy raro acabar los estudios y montar tu propia empresa; en Italia lo hacen muchos", constata. Ella ha seguido ese ejemplo y ha montado su agencia en Madrid.

 


"Todo es mejor en Alemania"

RAFAEL POCH

Esta catalana de 38 años, licenciada en Filología anglo-germánica y oriunda de la Conca del Barberà, lleva cinco años y medio trabajando en el departamento de recursos humanos de la central berlinesa del Deutsche Bank. Atiende las condiciones de decenas de miles de empleados de esta gran empresa. Antes trabajó en una de las mayores constructoras españolas en Barcelona. En su opinión, otro planeta. "España se define por la precariedad laboral, el mal trato, la explotación y el machismo", dice. La constructora la contrató para paliar la falta de idiomas de sus arquitectos e ingenieros: un contrato mal pagado de obra y servicio . "Sabes que no estarás mucho tiempo contratada", asegura. En España le llamaban "la nena" y comentaban si llevaba falda o no. Había una gran probabilidad de recibir broncas por los fallos de otros. En resumen: falta elemental de respeto, mala dirección y una especie de feudalismo laboral en el que hay que decir sí a todo y a cualquier precio. En su experiencia, sencillamente, todo es mejor en Alemania. Contra el tópico no se trabaja más. "La empresa te cuida mucho más, tiene la gente que necesita y no menos, mientras que en España si necesitan cinco, ponen a tres y uno es el jefe, con lo que se trabaja estresado y mal". "Mi jefa- añade- llega algo desaliñada al trabajo, pero es eficiente. Un día que llegó un minuto tarde se disculpó". El sueldo es bueno, el trato también... ergo la gente se esfuerza por trabajar bien. Entró con contrato fijo. Las primeras cinco semanas en la empresa fueron de formación. "Era como ir a la universidad, pero cobrando, lo que te subía la autoestima". No se ficha, sino que cada uno introduce en su ordenador su hora de llegada: "Se confía en la honestidad". Y no hay abuso: "No cada hora, si no cada minuto extra trabajado, incrementa tu cuenta de tiempo libre". Horario: de 9 de la mañana a 6 de la tarde, con media hora para comer, pero el ambiente de trabajo es mejor y el ritmo más tranquilo. "Creo que España es un país de nuevos ricos con complejos", dice.

 


"Los franceses planifican"

LLUÍS URÍA

"Una de las cosas que me ha llamado la atención es que los franceses tienen muchas vacaciones". ¡Bienvenido a Francia, el país de las 35 horas! Nadie se queda indiferente ante esta especificidad francesa. Tampoco Joaquín Viñas, zaragozano de 38 años, director de marketing de Mattel, que hace seis meses dejó Barcelona para recalar en París. Vacaciones aparte, los franceses trabajan las mismas horas al día que los españoles, entran más o menos a la misma hora y si salen antes es porque dedican menos tiempo a comer. "Sólo tres cuartos de hora, mientras allí nos tomamos dos horas", explica Joaquín, quien subraya sobre todo el perfeccionismo de sus nuevos compañeros: "Aquí se planifica todo con tiempo y se discute mucho, a los franceses les gusta saber muy bien qué tienen que hacer, cómo y porqué, quieren que todo salga lo mejor posible, son muy orgullosos de su trabajo, aunque, a cambio, les cuesta improvisar". Con un nivel de formación similar a los españoles, los franceses destacan en las lenguas - "una tercera parte de los que trabajan aquí saben al menos tres idiomas"- y por su vocación internacional: "Aquí, en París, la gente joven o ha tenido una experiencia en el extranjero o está predispuesta a tenerla, es algo que no veo en Barcelona", constata.

 


"En Bélgica nos concentramos más en el trabajo"

BEATRIZ NAVARRO

¿Se trabaja más o mejor en Bélgica que en España? Más horas, no (como media, 49 minutos menos a la semana). Pero quizás mejor, sí. "A mí desde luego, me cunde más", afirma Andoni Laka, de 52 años, jefe del servicio de patología de un hospital belga. "Aquí, entre semana, se trabaja y se está en casa. Apenas hay vida social y eso te permite estar más concentrado en el trabajo", explica comparando con su experiencia como joven médico en el País Vasco. Empieza a trabajar a las 9 de la mañana y termina la jornada a las 5 o las 6 de la tarde, pero la pausa de mediodía se limita a media hora y no hay tiempo para más: "El trato con los colegas es correcto pero distante. He hecho muy pocos amigos en mi ambiente profesional". Desde su llegada a Bélgica en 1989 ha visto aumentar el reconocimiento hacia los profesionales españoles. "Aquí hay muchos medios para trabajar. Mis colegas españoles están consiguiendo mucho con muy poco dinero". De hecho, muchos piensan en emigrar. "Y con líneas de bajo coste hasta puedes irte a tu pueblo a tomar unos potes de vez en cuando...". En Bélgica cobra dos o tres veces más de lo que ganaría en España. Tentador.

 


"Los daneses te cuidan"

GLORIA MORENO

Con dos niños y un recorrido profesional brillante, Elena Ruiz asegura que la conciliación no sólo es posible sino que es clave para mejorar la productividad de las empresas. Para comprobarlo, ha tenido que trasladarse a Copenhague, donde lleva ya 15 años. Originaria de San Sebastián, estudió Económicas y tras trabajar un primer periodo en España se mudó a Dinamarca para cursar un máster. "Encontrar un primer trabajo no fue difícil. En España siempre piden mucha experiencia, mientras que aquí se apuesta más por la gente joven". En su caso, esto es evidente: a sus 38 años, hoy es jefa de proyectos de la misma empresa de seguros en la que debutó como estudiante en prácticas cuando tenía 24. "En España se ve al trabajador desde una perspectiva puramente contractual, como una persona con la que se tienen problemas. Aquí, en cambio, el enfoque es más visionario. Además de saber ver tus potencialidades, intentan darte las mejores condiciones posibles para que estés motivado y, por lo tanto, des más. Esto genera un círculo virtuoso, ya que si demuestras que vales, luego eso se te valora en el sueldo y en el puesto, así como en la conciliación, lo que hace que vayas al trabajo con ganas de dar lo mejor de ti mismo". Elena habla con conocimiento de causa. Hace poco, la empresa le ha concedido reducción de jornada para que pueda pasar más tiempo con sus hijos de 4 y 7 años. Además, tras volver de ambas bajas de maternidad de un año y un año y medio, respectivamente, no sólo no dejaron de contar con ella sino que le dieron incluso más responsabilidades.

"Otra de las grandes diferencias está en el horario", asegura. "En España - recuerda-, trabajaba más horas pero con menor intensidad. Se hablaba mucho y hacíamos pausas innecesarias. Aquí, en cambio, el horario suele ser de ocho a cuatro o de nueve a cinco, con media hora para comer. Eso sí, el tiempo que estás en la oficina estás al cien por cien". Además, igual que ocurre en el resto de países escandinavos, la conciliación también ayuda, ya que "al no tener preocupaciones añadidas, como con quien dejarás a los niños después del colegio, cuando trabajas lo haces con la mente completamente puesta en lo que haces". Según Elena, otra de las cosas que deberían cambiar en España es la excesiva burocracia que hay en las empresas. "Aquí la organización es mucho más plana. No hay tantos cargos intermedios entre empleado base y jefe, lo que hace que sea más fácil hacer llegar tus ideas y propuestas a la dirección. Esto hace que tu entusiasmo e implicación crezcan y, por lo tanto, tu productividad también".

 


"Luna de miel en Nueva York"

FRANCESC PEIRÓN

Que estuviera llena, en cuarto creciente o menguante carece de importancia. Su luna, que era de miel, le cambió el rumbo de su vida. Juan María Cuesta García, Juanma, aterrizó en Nueva York en la primavera del 2007. Llegó con su esposa, Laura. Recién casados. Era su viaje de bodas. Juanma vio a un barrendero en Times Square y tuvo la sensación de que ese hombre le lanzaba una mirada de orgullo por la ocupación que desempeñaba. Nunca en España había visto a un barrendero orgulloso de su quehacer. Regresaron en octubre. Les quedaron muchas cosas pendientes y una pregunta por responder. ¿Cómo sería vivir entre los rascacielos? Pensó que era el momento de probar una experiencia internacional. Esta vez se trajo su currículum. Se dedicó a apuntar los teléfonos que colgaban en los andamios de los edificios. Llamó a todos esos números. Tuvo una comida con dos personas con quienes contactó gracias a un antiguo compañero de estudios. De eso hace casi cuatro años. Una tarde de finales de marzo, aunque en Manhattan parece pleno invierno, Juanma acepta gustoso la petición de la fotógrafa de desplazarse hasta High Line, un parque surgido de las obsoletas vías de tren elevadas y una de las últimas maravillas.

Mientras posa, obligado pero sonriente, repasa su trayectoria. Madrileño de 37 años, Juanma sabe lo que es trabajar duro para conseguir algo. No le pilló de nuevo al instalarse en la capital del mundo. Consiguió el título de Ingeniero de Caminos en la Universidad Politécnica de Madrid a base de becas y de buscarse la vida vendiendo libros o dando clases. Todavía recuerda, en ese periodo, al niño peruano adoptado que, tras pasarse años en un orfanato, sufrió la muerte de su madre de acogida y el abandono de su nuevo padre. Salió adelante, como él. Empezó a ejercer en una empresa de su ciudad. Hacían carreteras, aunque se pasaba el 80% del tiempo en la oficina. Le surgió una oferta en Lanzarote que le proporcionaba más acción. De ahí volvió a dar el salto a Las Palmas. Ascendía en cada traslado, encargado de obra, jefe de obra... Aquella comida que tuvo en Nueva York, en octubre del 2007, dio el resultado que buscaba. "No será fácil", le advirtieron. Una vez resuelta la burocracia, el mismo mes, pero del 2008, empezó a trabajar en la Gran Manzana. Desde abajo del escalafón, pese a que le tocó estar arriba. Una de sus primeras tareas consistió en colgarse por la fachada del viejo edificio de laGM, en la Quinta Avenida, cerca de Central Park. Había que revisar el estado de la piedra - una a una- para evitar desprendimientos. Pero su título de ingeniero carecía de valor. No se lo reconocieron. Despidieron a ocho empleados a la semana de entrar en la empresa. El sector de la construcción estaba sumergido en la crisis. No atravesó un buen momento.

Poco a poco se ganó el respeto y la consideración de todos. Este otoño podrá pasar las pruebas que le permitirán convalidar su calificación profesional en Estados Unidos. "Me pasé el primer año pensando que cada día era el último día", explica. Lo pasó mal con el idioma, con la amenaza del finiquito. "Aquí no es como allá. Aquí te dicen que ya no te necesitan y a las dos horas estás en la calle". Ahora han empezado a contratar personal. Le entusiasma Nueva York - "se reinventa continuamente y me parece que vivo en una película"-, un lugar en el que existen más posibilidades de prosperar. "No lo llamaría sueño americano, pero está claro que, si te esfuerzas, te lo reconocen. En España dependes más de la suerte, de los conocidos". No valen los amiguismos, subraya. "Si no cumples, te echan. Si eres bueno, te van a promocionar". Él sigue en su calendario personal, en su luna de miel neoyorquina.

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