En tiempos de vacas flacas la gestión de los recursos humanos se convierte en un arte aún más difícil, sobre todo en el ámbito sanitario. La llegada de los recortes y los efectos colaterales de la crisis ponen de manifiesto que urge un planteamiento ético que sepa sacar lo mejor de cada profesional y logre identificar sus objetivos con los de las instituciones en las que trabajan.

Cuatro responsables de personal de cuatro centros sanitarios hablan de lo bonita que es la teoría y lo urgente que es darle una vuelta a la práctica para cuidar mejor al personal del SNS.

Los dardos se dirigen desde hace tiempo al blanco de la falta de planificación en políticas de recursos humanos sanitarios, un mal endémico que se extiende desde la Administración central a las comunidades autónomas ante la crítica general y la pasividad de los dirigentes políticos. Pero el problema de la gestión de personal no es sólo una cuestión de planificación. Los responsables de los recursos humanos sanitarios, ¿sacan todo el provecho profesional de los médicos de España? ¿Tratan adecuadamente al principal activo del sistema sanitario?

En estos tiempos de recortes económicos y laborales los facultativos echan más en falta la consideración, la participación en la toma de decisiones, el respaldo y el reconocimiento profesional, social y político. En momentos de estrechez, ¿se añora más que nunca una ética de la gestión de los recursos humanos sanitarios? (ver DM del 15-III-2011).

De la teorías sobre las políticas de personal recogidas incluso en leyes como el Estatuto Marco a la práctica del día a día hay muchas diferencias. Lo constatan los médicos, los representantes sindicales e incluso los propios responsables de Personal de centros sanitarios. José Ramón de la Puente, director de Recursos Humanos del Hospital de Donostia; María Dolores Corchero, subdirectora de gestión del Área de Recursos Humanos del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid; Raquel Benito, técnico de organización del Hospital de Cruces, e Iñaki González, técnico de gestión de Recursos Humanos en la Fundación Hospital de Calahorra, analizan las virtudes, los vicios, las necesidades, las oportunidades, las lagunas, las sombras y las luces de la gestión del personal médico en el Sistema Nacional de Salud.

Urge un código ético

De entrada, los cuatro piensan que hace falta reforzar la ética en este ámbito específico de las políticas de recursos humanos. Como destaca De la Puente, "la gestión de las personas plantea la exigencia de un código de conducta que regule las relaciones de obligación entre la empresa y los empleados", una sintonía que considera necesaria para avanzar en conjunto, ya que "la gestión de las personas está al servicio de los objetivos de la organización y, en ese sentido, debe estar estrechamente unidad una exigencia ética inmediata: la continuidad de la empresa, del fin".

Coincide con él Corchero, que afirma que "las prácticas de buen gobierno exigen, además del cumplimiento normativo, un compromiso de responsabilidad a todos los niveles, tanto verticales como horizontales, mediante la integridad, la equidad, la ejemplaridad y, por tanto, unos criterios éticos individuales, personales y colectivos. Es necesario que el personal sanitario asuma como propios la cultura y los objetivos de las instituciones donde desarrollan su labor". En su opinión, el desafío actual de la gestión de los recursos humanos en el sector sanitario "es conjugar una visión más humanista que tenga a la persona como centro de las preocupaciones de la empresa como medio para lograr la excelencia.

Al margen de la legislación general, se requiere un código de buen gobierno para la sanidad que incluya estos valores y, fundamentalmente, la cultura del servicio al ciudadano".

Benito señala que "hace falta ética en todos los ámbitos, incluida la gestión de personas en la sanidad pública. La existencia de directrices y de un control sobre su cumplimiento ha de contribuir a garantizarla y dotarla de una mayor transparencia".

Estado y organización

González insiste en esta necesidad con una sentencia contundente: "El Estado tiene tres funciones principales sobre la planificación y la ordenación del personal: ser socialmente responsable de los funcionarios públicos, un buen empleador, un buen consumidor y un correcto inversor, formular políticas públicas que den un marco global al actuar de las empresas, y fortalecer las acciones que realizan los organismos privados".Sobre el posible grado de toxicidad de la organización del trabajo en el SNS que denuncian colegios profesionales (ver DM del 7-III-2011) y sindicatos (ver DM del 21-III-2011), los cuatro expertos en la materia tienen cosas que decir. Por ejemplo, Benito señala que "está claro que tenemos que encontrar una forma de organizarnos más eficiente que la actual.

Un nuevo modelo en el que todos nos sintamos reconocidos y podamos desarrollarnos profesionalmente. Para ello debemos rediseñar desde dentro formas de hacer que no se ajustan ni a las demandas de los profesionales ni a las de la sociedad, dejando atrás un sistema lento y excesivamente burocratizado". González insiste en la dicotomía entre la teoría y una práctica llena de "sucesivos contratos temporales, ofertas de empleo no resueltas o insuficientes y una excesiva interinidad, que son factores que hacen que los profesionales no puedan estar satisfechos con su desarrollo, y eso va generando un cierto clima pernicioso que termina contagiando a una gran masa crítica dentro del sistema".

Corchero admite que "es posible que el modelo laboral actual tenga disfunciones. Es un sistema funcionarial, y como tal presenta rigideces. El médico, que históricamente pertenece a una profesión liberal, es el que más parece sentir que el modelo no es adecuado". Ella piensa que se ha ido compensando paulatinamente el régimen retributivo tras la entrada del euro "con complementos de productividad, con la carrera profesional, con la conciliación de la vida laboral y profesional y otras medidas impulsadas por colegios profesionales, acuerdos sectoriales y legisladores, pero, aun así, parece existir una desmotivación en los profesionales al compararse con los de otros países del entorno. Visto así, podemos decir que el sistema sanitario tiene algo de tóxico, pero igual que algunos directivos podemos ser motivo de esa toxicidad, no hay que olvidar que también entre los empleados de cualquier organización hay activos tóxicos que exageran la situación aplicando su ética individual con conductas negativas que entre todos debemos neutralizar".

De La Puente ve exagerado hablar de organización tóxica del SNS y apunta que "puede que no siempre sea la más conveniente, pero hay que reconocer que también los profesionales se han aprovechado de la propia organización para algunos logros".

¿Se cuida al médico?

Antes que lo deseable, los responsables de Personal radiografían el hoy. ¿Estamos cuidando bien a los médicos, partiendo desde cuando son residentes? Benito piensa que el esfuerzo por lograrlo está sobre la mesa, pero cree que esta tarea no debe depender sólo de los departamentos de Personal, y subraya que "es necesaria también la colaboración de los mandos intermedios, que tienen la responsabilidad de ejercer el liderazgo de los servicios y, en definitiva, de todos los profesionales al cuidar de sus colaboradores y compañeros, residentes incluidos".

Ritmo de mejoras

La experiencia de De La Puente es que en los últimos años se han ido incorporando "evidentes mejoras en las condiciones laborales de los médicos, incluidos los residentes, aunque el camino que queda por recorrer es extenso y retador, y ese itinerario implica la atención a las políticas de participación, formación, promoción y evaluación".

González considera que "no se está reconociendo la labor que hacen los residentes. Según vayan adquiriendo responsabilidades deberían aceptarse sus méritos profesionales, laborales y asistenciales".

Corchero levanta el punto de mira: "El buen camino para la correcta planificación requiere la intervención del Consejo Interterritorial y, por supuesto, las comisiones nacionales de las especialidades médicas. Los alumnos de Medicina tienen muy buenos expedientes y muchos acaban haciendo la especialidad que les gusta. Tras un largo viaje formativo, a veces el sistema sanitario no les da la salida laboral que a ellos les apetece".

El panorama de la gestión de los recursos humanos es gris. Ni es negro, porque hay avances contrastables, ni es todo lo blanco que demandan los médicos de España en sus 17 servicios autonómicos de salud. Y no es gris porque sus responsables sean mediocres. Muchos de ellos están impulsando cambios importantes y mentalidades de trabajo más humanas. Son muy conscientes de que el sistema sanitario no es una máquina y que el médico es el eje de la calidad asistencial pero, a veces, los criterios políticos desfiguran estas buenas intenciones.

Al final, valorar los recursos humanos es una tarea en la que necesitan mejorar el Gobierno, las regiones, los políticos de todos los colores del espectro parlamentario, los gestores, los dirigentes de hospitales y centros de salud, los jefes de servicio y cada médico.

 


¿Cuáles serían sus cinco mandamientos para que la gestión de personal sanitario sea, de verdad, una gestión humana, y no sólo económica o financiera?

Raquel Benito, del Hospital de Cruces, los resume en cinco palabras claves: liderazgo, participación, comunicación, equipo y reconocimiento. Para Juan Ramón de La Puente las cinco esencias son: respeto por el individuo y por el grupo, justicia y transparencia en la toma de decisiones, justicia y transparencia en la aplicación de procedimientos, institucionalización del código ético y aprendizaje organizacional dirigido a la adquisición y desarrollo de competencias y valores éticos y su puesta en marcha. Iñaki González expone así sus prioridades: conciliar vida laboral y familiar, profesionalizar la función directiva y mandos intermedios, elegidos de acuerdo con criterios objetivos de capacidad y competencia; reorganizar los servicios de urgencia y dotar de más libertad de gestión a la atención primaria, regular los sistemas de retribución variable ligados a objetivos, y uniformar los criterios de las gerencias y propiciar la igualdad entre sistemas autonómicos en temas, por ejemplo, como la carrera profesional.María Dolores Corchero, por su parte, destaca la planificación de las plantillas sobre objetivos que estén fundamentados en la labor asistencial, sin olvidar tiempos dedicados a la docencia y la investigación, establecer políticas claras de conductas éticas, fomentar la responsabilidad de los directivos y gestores de sancionar conductas tóxicas y concienciar, corresponsabilizar y compartir con todos los agentes la cultura del centro sanitario.

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