Desde que empezó la crisis, en otoño de 2007, se han destruido más de dos millones de empleos, muchos más que en otros países europeos. Hasta entonces, España había vivido una burbuja laboral en la construcción y el sector inmobiliario, pero también en el financiero.

España ha vivido una burbuja laboral, alimentada de la mano del sector de la construcción y del inmobiliario, pero también del sector financiero. Cuando una de ellas pinchó, arrastró consigo a las otras dos. Desde que se inició la crisis en el tercer trimestre del 2007, hasta diciembre del 2010, se han destruido más de dos millones de empleos netos y se han generado casi tres millones de parados, el 10% de la población activa. A pesar de la dureza de la Gran Crisis la población activa aumentó en 819.000 personas. La tasa de paro ha evolucionado proporcionalmente al pasar del 8% al 21%.

¿Qué ha pasado? Como le gusta explicar al ex director gerente del FMI y presidente de Bankia, Rodrigo Rato, en momentos de crisis las empresas se ven obligadas a ajustar sus costes laborales y lo hacen de dos maneras: bajando salarios o reduciendo puestos de trabajo. "La excesiva rigidez de nuestro mercado laboral explica que las empresas hayan optado por lo más fácil: suprimir el empleo temporal".

Como muestra un botón. Durante la Gran Crisis los salarios evolucionaron en contra de lo que necesitaba el mercado. En el periodo 2007-2009 las retribuciones a los trabajadores aumentaron un 0,8% en Europa y el paro aumentó un 1,1%, mientras que en España se incrementaron un 4,4% y el desempleo creció en casi diez puntos, como pone de manifiesto Pimec en un informe donde trata de explicar por qué se ha destruido casi 6 veces más empleo que en las principales economías europeas. Si bien hay que matizar que el incremento salarial se moderó en el 2010.

Pero este no es el único factor que explica que entre julio del 2007 y diciembre del 2010 en España se hayan destruido tres veces más empleos que en Reino Unido, cinco veces más que en Italia y seis veces más que en Francia. Buena parte de los puestos de trabajo que se crearon durante el ciclo alcista (1994-2007) se produjo en el sector de la construcción. En 1994 el sector ofrecía trabajo para 1,1 millones de personas y cuando estalló la crisis con toda su crudeza en el 2008 había 2,7 millones trabajando en el sector y las industrias auxiliares. Para tener una idea de la magnitud de estas cifras, superaban el número de trabajadores en la construcción de Alemania, país cuya economía más que duplica a la nuestra.

Un problema añadido a esta situación es que, además, importamos mano de obra de otros países para mantener el ritmo de construcción de 800.000 viviendas que se hacían durante el boom inmobiliario - se estima que se requieren 2,5 trabajadores por vivienda-. Durante el ciclo alcista llegaron a España más de cinco millones de inmigrantes, que ocuparon buena parte de esos empleos y a su vez incrementaron el consumo y la demanda de viviendas. La inmigración se convirtió así en un motor de riqueza que ahora plantea un problema.

Según una encuesta del Ministerio de Trabajo uno de cada tres ciudadanos es partidario de expulsar a los trabajadores extranjeros. El profesor Michele Boldrin, catedrático de la Washington University, afirma en un documento elaborado para el Banco de España que "sería un gravísimo error económico que España expulsara a sus inmigrantes; fueron ellos quienes hicieron crecer a este país y serán ellos quienes le saquen de la crisis". La misma tesis la mantiene el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, quien afirma que la mano de obra nunca sobra, simplemente hay que emplearla bien.

La "fiebre del ladrillo" y la rigidez de la legislación laboral multiplicó la creación de empleo temporal, el contrato que tiene un despido más fácil y barato. De los dos millones de empleos que se han destruido en tres años, 1,43 son temporales (que han pasado de 5,3 a 3,95 millones). Por el contrario, los contratos indefinidos se han incrementado en 25.000 pasando de 11,48 millones a 11,50 millones.

El director de empleo de la OCDE, John P. Martin, sostiene que el ajuste se ha realizado a través de los trabajadores temporales, un colectivo formado por inmigrantes y jóvenes. Esto explica que uno de cada tres desempleados menores de 25 años esté actualmente en paro y corramos el riesgo de tener una generación perdida.

En consecuencia, el problema del desempleo se localiza en tres bloques perfectamente identificados: en primer lugar, un millón y medio de trabajadores con contrato temporal que en los tres últimos años han ido a engrosar el paro. En segundo lugar, el incremento de la población activa en 955.000 personas. Y en tercer lugar en los 475.000 trabajadores autónomos que han desaparecido porque han tenido que liquidar su actividad.

En definitiva, hemos sido víctimas de una "burbuja laboral" que nosotros mismos hemos creado. De esta manera, lo que empezó siendo un problema de emigración descontrolada ha acabado conviviéndose en un monumental problema laboral.

 


Convivir con el desempleo

Según la propuesta para la reactivación laboral, coordinada por los profesores Florentino Felgueroso y Juan José Dolado, aunque la economía española volviese a crecer a una tasa similar a la registrada en 1995 y 2007 cuando el PIB creció a un ritmo del 3% tardaríamos diez años en reducir la tasa de desempleo al 10%.

La situación es más grave aún si se consolida el cambio de modelo productivo, que innegablemente va ligado a una menor creación de empleo. En ese escenario tardaríamos 20 años en reducir la tasa de desempleo. Sin embargo, los dos economistas sostienen que el periodo se reduciría a la mitad si se aprobara un auténticareforma laboral.

Cierto o no, lo que es innegable es que no se creará empleo suficiente hasta que no mejore la situación de la economía y esta recupere su potencial. ¿Y cuál es? No hay ni un economista que se atreva a dar su estimación en público,y menos aún a definir a partir de qué nivel se empieza a crear empleo neto.

Hasta ahora el consenso indicaba que se creaba empleo a partir de un crecimiento del PIB del 2,5%; si fuera así no se empezaría a absorber el paro hasta el 2011.


Medio millón de autónomos menos

El segundo núcleo de destrucción de empleo se ha localizado entre los trabajadores autónomos. En estos tres años han desaparecido 548.000 al estar muy ligados a la construcción y al haber sufrido con especial virulencia la falta de crédito y el incremento de la morosidad. Esto explica que este colectivo haya pasado de 3,63 millones en julio del 2007 a 3,085 en la actualidad.

Los empleadores se han reducido en 134.000, pasando de 1,14 millones a 1,008 millones. Pero han sido las microempresas - las que no tienen trabajadores a su cargo - quienes peor lo han pasado: han cerrado 317.000, quedado reducidas a 1,89 millones.

La primera consecuencia es que en un país como el nuestro en el que el 95% del tejido empresarial está compuesto por pymes, el aparato productivo ha quedado muy debilitado. Hay que tener en cuenta que en tres años han desaparecido 800.000 empresas, incluidos los autónomos. Para los expertos consultados es fundamental regenerar el tejido empresarial para poder crear empleo. Para ello es vital que vuelva a fluir el crédito y se ponga freno a la morosidad de los acreedores en general y del sector público en particular. Según dicen se debería acabar el "ya le pagaré" y la ley debería garantizar el cobro de las facturas en un máximo de 30 días, como ocurre en otros países europeos.


Trabajadores poco formados

Cuando conocí la lista de cursos que imparten los Servicios Públicos de Empleo me llevé las manos a la cabeza: peluquera, electricista, etcétera. ¿En el siglo XXI y con uno de cada tres menores de 25 años en paro que se manejan como nadie con las nuevas tecnologías? Los expertos sobre formación para el empleo me respondieron que un tercio de los desempleados es incapaz de seguir una explicación de más de media hora y comprenderla. El nivel de formación es escalofriante.

Esto se debe a que el boom económico disparó el abandono escolar. Quién iba a asistir a clase cuando en cualquier lado ofrecían casi mil euros. El resultado fue un abandono escolar superior al 30%, frente a algo menos del 10% en Alemania o del 15% en Reino Unido. En consecuencia tenemos una oferta laboral con un nivel de formación bajo. El 44% de los activos tiene un nivel bajo (frente a sólo un 23% en Europa) y sólo el 24% un nivel medio (50% en la media europea), mientras que tenemos un nivel de titulados superiores del 32% por encima de la media europea (27%).

Uno de los objetivos del Ministerio de Trabajo es reducir los 2.100 millones que gestionan patronal y sindicatos para la formación y destinarlo a reciclar a los parados. El problema es que eso pone en solfa su financiación.

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