La compañía aseguradora Blue Shield of California es una de las muchas organizaciones de EEUU que promueve la vida sana entre sus empleados con originales iniciativas de wellness, como colocar cintas andadoras en las oficinas o planes para combatir el tabaquismo.

La oficina de Blue Shield of California, compañía aseguradora de Lodi (California) era famosa por sus potlucks diarios (reuniones en la que todos traen comida y la comparten). Los trabajadores de su call-center se daban un festín cada día con patatas fritas, salsas, dulces y otros manjares con mucho colesterol. No es de extrañar que el 65% de los empleados tuviera sobrepeso, y la mitad de estos últimos fueran obesos. Las primas del seguro médico de la compañía subían, con un incremento del 27% en 2006, y Blue Shield finalmente decidió poner en práctica aquello que predica en su propio sector de negocio e implementar un programa corporativo de bienestar innovador y exhaustivo, denominado Wellvolution.

Cinco años más tarde, la oficina es todavía conocida por sus potlucks. Pero los trabajadores han cambiado los Fritos por fruta. Incluso algunos cubículos de las oficinas, donde antes se hartaban de comida basura, ahora están equipados con unas cintas andadoras con teléfono y ordenador integrados. Ahora los trabajadores literalmente trabajan mientras cuidan su cuerpo. “El bienestar necesitaba una nueva forma de tratar la mente, el cuerpo y el espíritu,” afirma el Director de Wellvolution Bryce Williams. “Las soluciones estaban anticuadas, no eran atractivas y las personas no participaban.” Aunque una buena iniciativa de wellness puede reducir los costes laborales de salud y aumentar la productividad, los programas mal implementados son simplemente una sangría para los recursos de la compañía. En un país donde la obesidad es un problema creciente, los programas de wellness tienen que ser algo más que una cuestión de fachada en una cultura demasiado acostumbrada a los malos hábitos de alimentación.

Uno de los mayores obstáculos para las iniciativas de bienestar es hacer que los empleados vayan más allá del eight minute abs (“ocho minutos de aeróbic”, un ejercicio popular en EEUU) para mejorar su salud y que inviertan en programas que pueden no dar resultados inmediatamente. “Si tener buena salud fuera fácil, todos seríamos como Claudia Schiffer,” dice Renya Spak, una Responsable de Salud y Beneficios en la consultora Mercer. “Creo que un cambio de conducta es algo muy, muy difícil, y lo que es todavía más difícil es que ese cambio de conducta sea sostenido. Dada nuestra naturaleza, la mayor barrera son las preguntas: ‘¿Qué me puede aportar?’ ‘¿Por qué debería importarme y por qué debería cambiar mi comportamiento?’”

Más de 72 millones de norteamericanos padecen obesidad, lo que cuesta a las empresas aproximadamente 130 mil millones de dólares al año en absentismo, reducción de la productividad y costes relacionados con alguna discapacidad de corta duración, según una investigación del Centers for Disease Control and Prevention y McKinsey Quarterly. “Si el país sigue empeorando su salud, les tocará a las empresas encarrilar la situación,” según Lisa Menninger, una consultora de wellness corporativo de Chicago. Un estudio de Harvard fijaba los beneficios de un programa de bienestar en que cada dólar invertido en wellness equivale a un ahorro de 3,72 dólares en costes médicos y a 2,73 dólares menos en absentismo. Según el mismo informe, la adopción de programas de salud podría resultar inestimable para las organizaciones que buscan proteger tanto la salud de sus empleados como sus finanzas. Blue Shield of California todavía está en el proceso de medir los efectos de la iniciativa, pero prevé que, en tres o cinco años, verá un retorno de uno a dos dólares por cada dólar que ha invertido en Wellvolution.

La del palo y la zanahoria es una de las estrategias de salud más comunes. Las organizaciones a menudo ofrecen incentivos financieros o penalizaciones para animar la participación en programas de vida saludable. Pero algunos expertos creen que las empresas deben pensar holísticamente. Como Blue Shield of California, algunas compañías se están volviendo más creativas con sus estrategias de bienestar. Desde organizar competiciones de pérdida de peso del estilo de Biggest Loser (reality televisivo donde se premia al participante que pierde más peso) hasta tener profesionales de la salud en la oficina, las empresas están explorando formas más atractivas y efectivas de motivar a los trabajadores para que cambien sus hábitos.

Caesars Entertainment Corp., por ejemplo, no se la juega con la salud del empleado. Esta empresa de casinos de Las Vegas adoptó un enfoque de bienestar preventivo para diagnosticar a los empleados en riesgo antes de que sus problemas ocasionaran mayores costes de asistencia médica. Se han contratado profesionales de wellness a tiempo completo, denominados wellnurses (“enfermeros del bienestar”), para cada sede de Caesars en EEUU y se penaliza económicamente a los empleados que no se sometan a revisiones médicas. Les puede suponer tener que pagar entre 20 y 40 dólares más por su seguro médico. La participación del personal en el programa está en el 80%, casi 30 puntos por encima de lo que se esperaba al inicio. Emily Gaines, Vicepresidenta de RH, afirma que Caesars planea instalar próximamente clínicas de atención básica en cada sede. Para Gaines, el bienestar es más que una cuestión de dinero. “Me encantan las historias de éxito,” cuenta. “En nuestra sede de Illinois, un hombre se sometió a una revisión; le detectaron un cáncer de próstata en fase inicial y ahora está en tratamiento. Estamos detectando muchas cosas pronto así que incluso los más escépticos de la empresa se están convenciendo.”

Un nuevo capítulo

Blue Shield of California también se enfrentó a empleados escépticos y desmotivados. Así que decidió rescribir de arriba abajo su libro del bienestar. La clave era el compromiso de los directivos, según Cathy Murphy, Vicepresidenta de RH y Cofundadora de Wellvolution. En abril de 2008 se organizó para la dirección una “inmersión en estar bien para dirigir bien” de 3 días en el sur de California. Contando con todas las personas del Estado que tenían gente a su cargo, Murphy y su equipo llevaron a cabo una ecléctica mezcla de presentaciones y ejercicios prácticos. Con tutoriales conducidos por David Simon, Cofundador del Chopra Center for Wellbeing, o sesiones de yoga, Murphy pretendía demostrar a los directivos el valor de “bienvolucionar” la salud del personal.

Tras tres días, el retiro llegó a su fin con grandes globos naranjas con la marca Wellvolution cayendo del techo mientras se oía una versión del We will rock you de Queen. Con la canción adaptada de fondo –We will get fit (“Nos pondremos en forma”) o We will not smoke (“No fumaremos”)–, los líderes se dieron cuenta de que Wellvolution no era de las iniciativas típicas y rutinarias de RH. “Es divertido,” comenta Sharon Tate, una directiva de Informática en Blue Shield. “Es intentar hacer algo distinto, algo bueno para ti, pero de una forma divertida.” Tate pronto se apuntó con un grupo de compañeros a llevar a cabo el team-building del Reto Wellvolution: andar 50.000 pasos por semana durante 6 semanas, con lo que adelgazó 9 kilos. Este ejercicio retador es solo una parte de la amplia gama de programas que hace que la iniciativa de bienestar de Blue Shield sea particularmente exhaustiva. La empresa ofrece una gran diversidad de tests y soluciones que abarca todo el espectro del bienestar. Wellvolution incluye exámenes biométricos, coaches de salud, mercados agrícolas, exposiciones de alimentación saludable, gimnasios en la oficina, descuentos y recompensas de “día libre de salud” para los empleados que entren en el programa. Los participantes también obtienen descuentos en las primas del seguro médico.

Uno de los eslóganes de Wellvolution es “Vendremos hasta donde estés,” una máxima que se refleja en las cintas andadoras con terminal informático incluido. Después de que fueran instaladas en la oficina de Lodi el año pasado, Blue Shield pronto añadió estas máquinas en tres sedes más. Las cintas permiten llegar a un máximo de 2 millas/hora (3,22 km/h), de tal forma que los usuarios puedan caminar y trabajar sin sudar ni quedarse sin aliento al teléfono. Solo hay dos máquinas de este tipo en la sede de Lodi para sus 900 empleados, así que hay escasez de tiempo y los trabajadores no pueden usarlas más de 45 minutos seguidos. Actualmente, la University of California en Berkeley y Harvard University están haciendo un estudio de 90 días sobre su efectividad. La investigación acabará en mayo. Pero no son baratas. Cuestan “2.000 dólares cada una,” según un representante de Blue Shield. Pero la investigación indica que estas máquinas pueden dar resultados notables. Un artículo de 2007 del British Journal of Sports Medicine concluía que si el tiempo que se pasa sentado en el escritorio se invirtiera en caminar mientras se trabaja a solo 1 milla/hora (1,61 km/h), el consumo de energía se incrementaría en 100 calorías por hora. Aunque las cintas andadoras ayudan a los empleados de Lodi a perder unos kilos, los trabajadores de otros lugares tienen necesidades distintas. Por ello, Blue Shield despliega programas como el Weight Watchers at Work (“Vigilantes del peso en el trabajo”) y las reuniones de Freedom From Smoking (“Liberarse del tabaco”) dependiendo de las necesidades y la receptividad de cada oficina. Williams, Director de Wellvolution, destaca que no se trata solo de combatir la grasa; se trata de un bienestar para el músculo y la mente. Según una encuesta realizada por Gallup en 2010 sobre satisfacción del empleado, la mano de obra norteamericana está más insatisfecha con el estrés laboral que con el sueldo o con la estabilidad laboral.

Reconociendo que la ansiedad del personal podía afectar a los resultados, Blue Shield vislumbró su propia forma de vencer el estrés. Grupos de empleados conocidos como “cazadores del estrés” hacen pequeños descansos para jugar o intercambiar chistes. Otros reductores de estrés son el yoga, el tai-chi, masajes y el “fitness fiscal”, un programa de orientación en gestión del dinero. Blue Shield también se dio cuenta de que tenía que ofrecer más fruta, verdura y otras comidas sanas en sus cafeterías. De hecho, una encuesta de 2010 de Gallup encontró que solo un 9% de los empleados norteamericanos afirman que es fácil encontrar comida sana en su lugar de trabajo. Pero Blue Shield fue más allá de ofrecer una mejor comida. También rediseñó sus cafeterías para animar a unos hábitos alimenticios saludables. “Como individuos tendemos a seguir la corriente; solemos escoger la primera opción que se nos ofrece,” comenta Williams. “Hemos trabajado mucho en la psicología de la comida y en el diseño de la cafetería para que lo más sano esté a mano.” Se estructuran las cafeterías para que las elecciones más saludables sean las que estén más al alcance al llenar la bandeja. Unas etiquetas especiales indican los productos más sanos y muestran información nutricional sobre las calorías y la grasa que contienen. La compañía también pone a los productos sanos unos precios lo suficientemente bajos como para atraer a los que eligen mirando el presupuesto. Eso no quiere decir que el plan de salud limite la oferta. “Puedes tomar una bebida con azúcar o un refresco si quieres; solo tienes que caminar hasta la parte trasera de la cafetería para encontrarlo,” según Williams.

¿No hay tiempo para sentarse a comer? No hay problema. En un programa piloto en una de las oficinas de la compañía, una tecnología de Wellvolution para las máquinas expendedoras guía a los usuarios hacia selecciones basadas en sus necesidades nutritivas personales. Tanto si el empleado busca comida orgánica como si vigila las calorías o la grasa, la máquina actúa como un dietista mientras la persona navega por ofertas más saludables. Como un incentivo para hacer la alimentación sana todavía más atractiva, Blue Shield dona una parte de los ingresos de esas máquinas de vending a ONG locales.

“Somos conscientes de que no podemos dormirnos en los laureles,” afirma Williams. “Probamos nuevos programas con rigor y, si funcionan, genial, pero si no, los borramos del mapa.” Un programa de imágenes guiadas (una especie de visualización mental terapéutica) y el yoga no satisficieron las expectativas. Estos programas fueron eliminados y la compañía reinvirtió el dinero en otros más atractivos, como las cintas andadoras. Mientras Wellvolution avanza, Blue Shield expresa nobles objetivos. “El resto del país está luchando para mantener a raya la obesidad,” dice Williams. “Nosotros esperamos darle la vuelta a la situación en un futuro próximo.” Wellvolution ya ha supuesto un descenso del 22% de fumadores y un aumento del 22% en la actividad física regular, según las encuestas de evaluación de la salud realizadas desde 2008. Y lo que es aún más notable, según Williams, Wellvolution puede presumir de un 70% de participación de los empleados, incluyendo a personas como Tammy Ghirardelli. “No estoy hecha para estar sentada en mi silla,” dice esta responsable de quejas en las oficinas de Lodi. “Me gusta moverme. Necesito moverme.”


* Walsh, James. “Creating a Culture of Wellness Helps Companies Tighten Their Belts”. Workforce Management Online, 01/04/2011 (Artículo consultado on line el 14/04/2011).


Acceso a la noticia: http://www.workforce.com/archive/feature/benefits-compensation/special-report-creating-culture-wellness-helps-companies/index.php

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