Eugenio M. Recio, Profesor Honorario de Esade (URL): "La explicación que se suele dar es que la disminución del número de trabajadores en activo se compense con aumentos en el número de horas que tienen que trabajar los que siguen ocupados. Si esto es así, no se puede hablar, sin embargo, de un crecimiento de la productividad, en cuanto este concepto significa que hay un mayor rendimiento por hora trabajada."

Resulta frecuente oír decir que la crisis y, sobre todo, el aumento del paro están haciendo que aumente la productividad de nuestra economía. Los datos de los años de la crisis parecen avalar esta tesis: si la tasa del aumento del paro es más alta que la de la caída del producto interior bruto (PIB) o incluso este empieza a crecer, aunque el empleo no mejore en la misma proporción, parece lógico que esto solo se pueda atribuir a una mejora de la productividad, en cuanto con menos trabajadores se produce casi lo mismo o más que antes. Se habla por eso de que la productividad en nuestro país crece en situaciones de crisis, lo contrario de lo que parecería más razonable, como ocurre de hecho en los países desarrollados de nuestro entorno.

Aunque, por tratarse de estadísticas un tanto complejas, hay que interpretar sus datos con cierta reserva, parece que hay motivos para tomar en consideración tales afirmaciones. En el año 2009, la economía de nuestro país cayó un 3,6%, el paro aumentó un 6,9% y la productividad creció, según datos del INE, un 3,1%. En 2010, el crecimiento del PIB fue también negativo (0,1%), el paro aumentó un 2,3% y la productividad mejoró un 2%.

Y según el informe del Ministerio de Economía y Hacienda sobre la posición cíclica de nuestra economía, dado a conocer recientemente por la señora Salgado, para este año se prevé ya un crecimiento del PIB del 1,3% y un aumento de la productividad del 1,1%, que seguiría sin corresponderse con un ligero aumento del empleo del 0,3% que prevé el Gobierno y menos aún con el 0,6% de aumento del paro, según estimaciones del Banco de España.

Conviene, pues, analizar con detenimiento en qué se puede basar la afirmación inicial, corroborada con los datos expuestos, para evitar peligrosos errores conceptuales que se están difundiendo en algunos medios.

La explicación que se suele dar de este fenómeno es que la disminución del número de trabajadores en activo se compense con aumentos en el número de horas que tienen que trabajar los que siguen ocupados. Si esto es así, no se puede hablar, sin embargo, de un crecimiento de la productividad, en cuanto este concepto significa que hay un mayor rendimiento por hora trabajada, o lo que sería lo mismo: un mayor rendimiento por trabajador, pero manteniéndose constante la duración de la jornada.

Con esto no se excluye que pudiera suceder que los trabajadores ocupados, al ver los problemas que podrían tener las empresas, o la economía del país, por la disminución de la producción, y ante la amenaza de que el paro les afectara también a ellos, aumentaran su rendimiento por unidad de tiempo, con lo que entonces realmente se podría hablar de aumento de la productividad, pero este no es el caso de la mayoría de los comentarios sobre el tema que han motivado nuestra reflexión.

Con respecto al influjo que pudiera tener la supuesta falsa productividad, o la que pudiera darse realmente, sobre la competitividad habría que considerar un nuevo elemento: el de la retribución. Si a este mayor rendimiento, conseguido por el aumento de la productividad propiamente dicha, o por la ampliación de la jornada laboral, se le recompensara proporcionalmente con una mayor retribución, como sería justo, las consecuencias sobre la competitividad dependerían de que esas mejoras retributivas se absorbieran, o no, evitando su repercusión en el precio de venta de los productos.

Pero esto es un problema distinto del que supondría mejorar la competitividad por el aumento de la productividad laboral.

Por lo demás, no hay que olvidar que la competitividad depende de otros muchos factores, además de la productividad laboral. Hay que evitar, por tanto, el frecuente error que se comete al afirmar que hay una relación directa entre productividad, en su sentido auténtico, y competitividad. Es verdad que la mejora de la productividad laboral, si se mantiene la misma calidad del producto y no se sube el precio, será uno de los factores más importantes en la mejora de la competitividad, pero condicionado por las decisiones que se tomen sobre la política salarial y sobre los demás elementos del coste de trabajo que constituyen lo que llamamos el coste laboral unitario.

Eugenio M. Recio. Profesor Honorario de Esade (URL)


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