La temporalidad es una de las características del mercado laboral español, pero además tiene consecuencias para el bienestar de los trabajadores. Es lo que se desprende de una investigación de José María Peiró, Director del Instituto de Investigación en Psicología de los Recursos Humanos.

La temporalidad es uno de los rasgos característicos de las economías valenciana y española. Lo era antes de que estallara la crisis, cuando la tasa de temporalidad en España alcanzaba al 32% de los trabajadores, y lo sigue siendo tres años después: a finales de 2010, a pesar de que el mercado laboral se ajustó en primer lugar a base de desprenderse de empleados temporales, la tasa seguía situada en el 25%. Entre un tercio y una cuarta parte de los empleados trabajan bajo esa modalidad de contrato y en ello reside, según los expertos, parte del déficit de productividad de las economías española y valenciana. Se ha estudiado menos, en cambio, el resto de consecuencias que ese tipo de pertenencia débil a una empresa tiene para los trabajadores.

Y las tiene, explica José María Peiró, catedrático de la Universitat de València y director del Instituto de Investigación en Psicología de los Recursos Humanos, en el terreno de las expectativas, la salud y el trato que reciben en las empresas.

Peiró ha coordinado en España la investigación El contrato psicológico a través de distintas situaciones de empleo, en el que han participado universitarios de seis países europeos e Israel. La obra arroja luz sobre los efectos del diferente vínculo psicológico que se establece entre empleados y empresas en función del tipo de relación contractual por medio de 5.000 encuestas a trabajadores de 202 empresas europeas.

La diferencia entre la clase de contrato tiene consecuencias para el bienestar de los empleados. También para el salario: España es el país analizado con más diferencias en el sueldo (un 15% menos los temporales) entre ambos tipos de empleados. No solo eso. Los indefinidos reciben más formación, se les ofrece la oportunidad de expresar su opinión en el seno de la compañía de forma más frecuente que a los temporales y están más protegidos frente a las situaciones de acoso, entre otras diferencias, según concluye el estudio.

El contrato psicológico se basa en las promesas que empresas y trabajadores se hacen entre sí. Estas se dan en ambas modalidades de contrato, pero no siempre son iguales. Por ejemplo, "en aspectos tales como un trabajo razonablemente estable, oportunidades de avanzar, proporcionar una carrera, y participar en la toma de decisiones, las empresas realizaron estas promesas a los trabajadores temporales en un 18% menos que a los permanentes".

Los empleados permanentes prometen en mayor grado "ser responsables de su carrera y proporcionar sugerencias innovadoras". Los trabajadores temporales destacan más que los fijos en la promesa de desarrollar "competencias para realizar eficientemente su trabajo". Los directivos encuestados consideran que los temporales cumplen lo prometido en menor medida que los permanentes: "Mostrar lealtad y proteger la imagen de la empresa", por ejemplo. Pero en otros casos, como "aceptar un traslado interno, ser puntual, ser responsable de su carrera, realizar voluntariamente tareas que no forman parte del puesto", el nivel de cumplimiento es superior al de los empleados permanentes.

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