¿Gana más una mujer atractiva que la que es menos agraciada? ¿Consigue un trabajo peor un obeso, o simplemente no es contratado? Estas situaciones injustas se dan en algunas organizaciones en las que el aspecto pesa más que las competencias y el talento.

El de Susan Boyle es sin duda el caso televisado en directo más famoso del mundo (y repetido en Internet), en el que una mujer poco agraciada físicamente pudo superar las burlas en directo y los prejuicios del público y del jurado de un reality show. Boyle sorprendió a millones de espectadores  y a la industria discográfica  con el arma de su talento.

Esta galesa, entrada en años y con voz prodigiosa, es un ejemplo de cómo las apariencias ocultan en ocasiones la valía profesional.

Por exceso o por defecto, la primera impresión que ofrecemos a un entrevistador en un proceso de selección determinará cuánto podemos ganar o si conseguimos o no un trabajo. No es una exageración. Desgraciadamente, para algunos la altura, la edad, la raza o la apariencia física pesan más que el talento.

Algunas universidades australianas y estadounidenses han llegado a demostrar que la percepción que se tiene de ciertas personas con poder o autoridad es hasta de diez centímetros más de lo que miden realmente. Si se pregunta por la percepción de altura de gente normal, ésta vuelve a su tamaño.

Eso sí, en ocasiones la belleza física tampoco ayuda demasiado: Debrahlee Lorenzana, ex empleada de Citigroup en Manhattan, saltó a la fama el año pasado por demandar al banco en el que trabajaba. Lorenzana entendía que había sido despedida por ser "demasiado atractiva". Sus jefes le habían advertido de que no acudiera a la oficina vestida como sus compañeras de trabajo, porque sus formas alteraban a sus colegas varones y a sus supervisores.

Un estudio publicado en el Journal of Applied Psychology de Estados Unidos muestra que las mujeres esbeltas tienden a obtener una retribución mayor que aquellas que están en la media de peso, e incluso más que las mujeres que tienen sobrepeso.

El volumen corporal como vara de medir el sueldo y el reconocimiento profesional también se utiliza en los varones: Así, un hombre corpulento pero bien proporcionado tenderá a ganar más que otro que sea más bien enclenque. El estudio asegura que a mayor corpulencia corresponde mayor retribución, salvo que se llegue al límite de la obesidad. Entonces, la burbuja salarial explota.


¿Razones de peso?

The Wall Street Journal se hacía eco recientemente de las diferencias retributivas que van asociadas a una u otra apariencia física. Sobre esta base, una investigación de la Universidad de Florida basada en una muestra de población de Alemania y Estados Unidos concluye que una mujer que pese 11 kilos menos que la media puede llegar a ganar 10.947 euros anuales más. Y por la misma 'ley', la mujer que supere en 11 kilos la media podría llegar a percibir hasta 9.734 euros menos. Una vez más, la teoría vale también para los hombres: El sueldo de un varón obeso puede ser 5.931 euros menor de media.

Pilar Jericó, directora general de Be Up, asegura que todo esto tiene mucho que ver con el mundo de las creencias y los paradigmas: "Asociamos esta clase de paradigmas con gente que trabaja peor, o simplemente con aquella a la que no nos gusta tener a nuestro lado. Estos paradigmas son construcciones sociales que afectan al mundo de la empresa. Junto con ciertos conceptos de belleza pueden llevar a que unas personas ganen más que otras. Los directivos han de tener la capacidad para cambiar ciertas creencias, que son comportamientos automatizados, una especie de gafas con las que se mira la realidad. Los ejecutivos deben atreverse a cuestionarse a ellos mismos. De lo contrario, estamos hablando de pura injusticia, y de desaprovechar el talento".

Ángeles Tejada, directora de Randstad Proffesionals, opina que "una empresa que discrimina es una compañía en la que ningún candidato se sentiría a gusto, ni siquiera Miss España". Tejada añade que "siempre hay que descartar cualquier tipo de discriminación por edad, altura o apariencia física, pero también se ha de tener en cuenta que las formas tienen importancia. No debemos olvidar que se contrata por actitud y por aptitud y, dependiendo del sector, tu apariencia puede ser considerada como una competencia. Un candidato tiene más posibilidades si, además de su experiencia, adecua su forma de elegir vestuario y apariencia a la empresa a la que se dirige, siempre que esto no implique ninguna clase de discriminación".

La directora de Randstad Proffesionals añade que "todo candidato debe postular su opción teniendo en cuenta que el modelo de compañía a la que acude coincide con sus valores personales y profesionales. Debemos saber dónde nos dirigimos y en qué lugar vamos a tener más oportunidades".

Elisa Sánchez, psicóloga y directora de la consultora Idein, asegura que "en una selección basada en competencias asociadas a un puesto  a la que se añade una entrevista personal que contrasta los datos del candidato nunca debería influir ninguna clase de prejuicio".

Sin embargo, las circunstancias dependen también de los puestos concretos, y en algunos se exige un criterio de buena apariencia que implicaría ciertas limitaciones para que un obeso, por ejemplo, fuera seleccionado.

Elisa Sánchez considera que "estas personas pueden tener problemas en posiciones que exijan rendimiento físico o una imagen concreta, pero también puede haber causas por las que no se seleccione a obesos aunque no se requiera una imagen determinada: Si el autocontrol es un factor importante en la selección, podría presuponerse que en el caso de un obeso se da un déficit de este. Y si se generaliza, se puede llegar a pensar en un déficit para manejar ciertos conflictos".

Alberto Madamé, abogado de Baker & McKenzie, coincide en que casos como el de la buena apariencia pueden suponer ciertas limitaciones en la contratación, y recuerda que hay jurisprudencia en la que los tribunales aceptan que, en posiciones cara al público, se llegue a valorar la buena presencia. Madamé añade que "es posible que, por imagen, se vulnere un derecho fundamental como es el de la propia imagen", y recuerda que "hay razones objetivas que pueden justificar determinados patrones. Se puede presentar una demanda, pero habrá que acreditar que no existe el requisito de buena presencia, y además está la dificultad de la prueba".

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