Hay personas que saben cómo eludir las responsabilidades y pasárselas a otro, pero que también saben colgarse las medallas cuando les conviene. En una organización, hay que detectar estas prácticas para evitar que el clima laboral se vea afectado.

Son hábiles como el que más cuando se trata de eximir sus responsabilidades. No es que se escaqueen de sus funciones, simplemente reparten ‘marrones’ por doquier pero cuando se trata de colgarse la medalla, el experto en escurrir el bulto se convierte en héroe. Pillarles con las manos en la masa es el principio para aniquilar a estos personajes capaces de destruir un buen clima laboral.

Afirmaciones del tipo "ese no es mi trabajo", "te puse un mail", "a mí no me pagan por eso" son típicas de los expertos en escurrir el bulto o echar balones fuera, estos especímenes que contaminan y arrastran a sus colegas a comportamientos similares y, ¡pobre del que intente acabar con ellos! Manuel López Jerez, consultor de recursos humanos y conferenciante, afirma que localizar su zona de confort es una de las claves para identificarles y acabar con sus actitudes tóxicas: "Ahí es donde este profesional elabora su estrategia para eludir responsabilidades, es su particular juego del escondite corporativo. Si se le descubre se siente descolocado y pillado en el juego infantil ante sus compañeros".

Si después de estas pistas le cuesta identificar a este tipo, Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, da algunas muy acertadas: "Siempre tiene mucho trabajo y está muy ocupado, no suele contestar correos, ni responde a los mensajes telefónicos. Siempre tiene excusas, otros compromisos anteriores que cumplir o, casualmente se pone malo".

 

"¡A mí no me metes un gol!"

Sin embargo, no es tan sencillo librarse de ellos. ¿Qué hacer para convertirse en el mejor guardameta y parar sus tiros a puerta? Paco Muro, presidente de Otto Walter, advierte que estos profesionales escurren el bulto con una habilidad inusitada pero, "aunque las primeras veces cuela, poco después se detecta que siempre es la misma persona la que no asume la tarea y se las arregla para que le caiga a otro". Lo preocupante es que ahora que las circunstancias son más complejas y adversas, lejos de ser una especie en peligro de extinción, su presencia en más evidente y, según Fernando Botella, CEO de Think & Action, "lo hace porque es en esos contextos cuando más necesaria es la aportación de todos. Es más fácil y cómodo, no lo vamos a negar, pasar los problemas a otros y vivir en ese locus del ‘esto no me corresponde’".

Esta actitud no vale, es la antítesis profesional. Botella explica que "responsabilidad significa habilidad para dar respuesta, implica por tanto acción. Y una empresa es precisamente el resultado de una acción colectiva, de la suma de esfuerzos de todos y cada uno de los que forman parte de ella. La colaboración esencial es el origen de todos los equipos eficaces y desde donde únicamente se pueden conseguir los objetivos empresariales". Huelga decir que los expertos en escurrir el bulto quedan fuera de este esquema. Para evitar que su actitud contamine el esquipo, Peñalver recomienda "pedirles su compromiso de una forma muy clara y concreta, dejando constancia por escrito de lo comprometido y haciendo un seguimiento muy cercano. En casos extremos, lo indicado es sancionarles y, si no cambian su actitud, prescindir de ellos".

También Muro apuesta por el seguimiento y la perseverancia para aniquilar el efecto contagio. En el primer caso "las personas que los dirigen deben verificar si realmente es el maestro del ‘escurring’ el que hace el trabajo o, una vez más, ha hecho su amago de cintura para que le caiga a otro. Y la perseverancia porque se trata de garantizar que la tarea encomendada se la encuentra una y otra vez encima de la mesa sin hacer". En opinión de Muro "están tan acostumbrados a su don que lo ejercen de manera inconsciente y dan por bueno que las cosas salgan adelante realizadas por otros".

Jerez propone transformar la actitud de estos profesionales tóxicos a través de la empatía y de un liderazgo afiliativo en una actitud positiva. "De esta manera evitamos un teatrillo improductivo para el que echa balones fuera y para el resto del equipo. Con la transparencia de un lenguaje empático, le damos la posibilidad de que coja el balón y juegue limpiamente en el puesto que responsablemente debe asumir".


"Mi jefe es un experto en escurrir el bulto"

¿Qué sucede cuando es el jefe el experto en eludir responsabilidades? En este caso las cosas se complican. Los asuntos caen en cascada a sus empleados que, como buenos profesionales, sacarán la tarea adelante. Muro dice que el truco para desenmascararles es darle las cosas casi hechas "de manera que el superior tenga que rematarlas, así se le verá el plumero pronto. Posiblemente lo pasará sin darse cuenta de que su parte estaba por hacer y se puede demostrar que el equipo sí que hizo bien su trabajo".

Botella recuerda que un jefe que elude responsabilidades "puede seguir siendo jefe, pero perderá rápidamente el liderazgo del equipo, porque uno de sus cometidos es gestionar entusiasmo; ahí radica la energía necesaria para iniciar nuevos proyectos y, sobre todo, para que estos se mantengan en el tiempo".

Las opiniones se dividen cuando se trata de extraer una lectura positiva de un jefe que escurre el bulto por costumbre. Peñalver piensa que esa actitud permite que los colaboradores puedan asumir responsabilidades voluntariamente, aprendiendo y brillando ante los demás: "Incluso es probable que estos jefes no comprometidos lo acepten porque les sacan las castañas del fuego. Pero no creo que estos comportamientos terminen bien entre jefe y colaborador a medio plazo".

Muro coincide con esta ventaja pero con unas consecuencias nefastas para la organización a medio plazo. "Cualquier profesional a su cargo con un poco de iniciativa y proactividad va a aprender porque acomete tareas superiores que normalmente no estarían a su alcance. Todo esto les hará más cualificados para su próximo empleo cuando se vayan a otra empresa, hartos de tanta tontería en la que están ahora".

No obstante, Botella es tajante. No cree que será una fórmula válida para el desarrollo de talento, "echar balones fuera y delegar son cosas muy distintas". Tampoco Jerez está conforme con ello: "El talento oculto debe aflorar con naturalidad, en un ambiente de excelencia gerencial. El jefe y su equipo directivo deben crear todos los mecanismos para que el talento se manifieste en los empleados".

Parece claro que escurrir el bulto no es la mejor manera para triunfar en la empresa, pero hay muchos que así han conseguido ocupar puestos de responsabilidad. Sin embargo, su habilidad, como las mentiras, suele tener las piernas muy cortas y en una situación como la actual que salen a la luz las miserias profesionales, aquellos expertos en escurrir el bulto tienen los días contados. A estos expertos escapistas les quedan pocas puertas abiertas.

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