El documental Comprar, tirar, comprar ha sido proyectado en la Fundación Cristina Enea, en San Sebastián. Es el fruto de un trabajo de investigación de 3 años sobre la obsolescencia programada, es decir, recortar artificialmente la vida de un producto para incrementar su consumo.

Leyendas urbanas y teorías de la conspiración que mutan en verdad si uno se pone a investigar sobre ellas. El caso: una bombilla que lleva encendida de forma ininterrumpida desde 1901, 110 años. Nunca se ha fundido y se supone no se trata de un milagro. El documental Comprar, tirar, comprar, dirigido por la alemana Cosima Dannoritzer (Dortmund, 1965) aborda la obsolescencia programada de determinados productos, en especial los aparatos eléctricos. La Fundación Cristina Enea proyectó ayer en San Sebastián el trabajo, resultado de tres años de investigación, inspirado en esa idea de que "la gente mayor dice que antes todo duraba más", incide Dannoritzer.

Otro ejemplo. Los principales fabricantes de lámparas acordaron, allá por los años veinte, limitar la vida útil de sus productos en una suerte de asociación secreta. Así, irremediablemente, los ciudadanos tendrían que comprar más bombillas. El trabajo de Dannoritzer ejemplifica esta lógica del consumo con medias de nailon, impresoras y reproductores de mp3 que se intercalan con las voces de filósofos, periodistas, ingenieros o empresarios. "No queríamos decir simplemente '¡Qué terrible es! ¡Mira lo que están haciendo con nosotros!' Teníamos que aportar ideas y proyectos con los que intentar cambiar el sistema", explica la directora.

El problema se complica. La fabricación con fecha de caducidad programada no solo depende de un grupo de empresarios. A partir de los años cincuenta entran en juego otros factores, como el diseño o la publicidad. "Siempre queremos tener lo último, la última versión de un móvil, aunque sólo haya cambiado el color", explica la cineasta. La rueda no hace más que girar.

La autora de Comprar, tirar, comprar aporta dos soluciones. El químico Michael Braungart propone en el documental fabricar productos biodegradables mientras muerde una manta. "Podrías cortarla y añadirla a tu muesli si quisieras", sostiene. "Es una de las vías. Puedes consumir cuanto quieras y no tiene coste medioambiental", añade la realizadora.

La otra vía pasa por fomentar las reparaciones, que los consumidores exijan sus derechos y, sobre todo, concienciar de la insostenibilidad económica de un modelo que cree que los recursos son ilimitados. En la red se propagan los ejemplos de ciudadanos, "pero la implicación de los políticos e instituciones es imprescindible", opina Dannoritzer.

En su próximo proyecto Mike Anane, activista de Ghana, tendrá un papel protagonista. En Comprar, tirar, comprar, el también periodista africano muestra cómo en su país los aparatos electrónicos occidentales se apilan en vertederos. El pillaje esquiva la legislación internacional que prohíbe enviar desechos electrónicos al Tercer Mundo. Hasta allí llegan en forma de donación a ONG, pero más del 80% de los residuos son inservibles. Anane los alamacena con una etiqueta que indica su procedencia: ejércitos, hospitales, empresas... del Primer Mundo.

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