El mundo de la gestión empresarial y el de los escenarios tienen más en común de lo que parece. El teatro ayuda tanto a mejorar la comunicación empresarial como a progresar en aspectos psicosociales como la autoestima o la expresión de las emociones.

¿Puede el teatro ser útil a los que no son actores? Esta es la pregunta retórica que plantea en su libro ¡A escena! Lo que el teatro aporta a la comunicación empresarial, de Mercedes Segura, actriz, profesora y directiva de empresa. Su idea de que el mundo de la gestión empresarial y el teatral tienen puntos en común le llevó a dirigir el taller de teatro para directivos en la escuela de negocios Esade, centro educativo en el que además imparte clases de marketing.

Mercedes Segura cree que la utilidad de las técnicas teatrales en el mundo empresarial radica básicamente en dos aspectos: permite adquirir una mayor seguridad y autocontrol en uno mismo y desarrolla la capacidad de comunicación. "La comunicación efectiva se aprende a base de mucha práctica, un buen asesoramiento y de darle la importancia que se merece; está al alcance de la inmensa mayoría si se lo propone y es muy importante tanto en el ámbito profesional como en el personal", comenta Oriol Canal, alumno del taller. En ese camino de aprendizaje, el teatro proporciona un interesante atajo. Y, además, adentrarse en el mundo del teatro supone en muchas ocasiones improvisar, pero "las improvisaciones son mejores cuando uno se las prepara", argumenta Segura, y por ello inculca a sus alumnos una serie de pautas y dinámicas emocionales que podrán extrapolar al mundo empresarial, aprendiendo a relajarse, concentrarse, analizar y compartir sus planteamientos con las empresas con las que deben mantener negocios.

Mercedes Segura pone a prueba a sus alumnos para saber qué ocurriría si estos contaran con la preparación del actor, cuya "base es la concentración", mantiene. "Aprender a relajarme mediante la respiración, a cuidar el escenario - ya sea una sala de reuniones o un restaurante- o a ensayar las presentaciones delante de un espejo cronometrando el tiempo son algunas de las técnicas que se emplean en el mundo del teatro y que he podido aplicar en el ámbito profesional y empresarial, tanto en reuniones, presentaciones, negociaciones…", explica Oriol Canal.

De ahí en adelante, en estos talleres se llevan a cabo otras actividades parecidas como el juego del espejo, en el que se forman parejas y uno imita gestualmente lo que hace el de enfrente. O el juego de la fotografía, en el cual los participantes van entrando de uno en uno a escena, el primero toma una posición y el siguiente adopta otra que complemente la anterior, y así sucesivamente hasta conseguir recrear un ambiente con sentido. La importancia de realizar estas actividades reside en que "queremos que nos escuchen, que nos impacten, que nos recuerden", analiza Mercedes Segura; ese es el objetivo tanto de los actores como de los profesionales de la empresa y, para ello, no es suficiente con una buena presencia física y unas pocas técnicas. Se deben trabajar, además de estos, otros aspectos como otorgar credibilidad a la historia que se está contando; el concepto de honestidad; proyectar la voz adecuadamente, cuidarla y respirar con el diafragma; el lenguaje no verbal o las pausas en los momentos oportunos para atraer a la audiencia y enriquecer la presentación con la creación de suspense.

Las habilidades de comunicación y de relación son una necesidad importantísima para la vida en las sociedades occidentales, y no sólo en el ámbito empresarial, sino en la vida cotidiana de todos. Para mejorar esa relación con los demás es básico restablecer el equilibrio interior. Enrica Tifatino, responsable del taller del absurdo - dirigido a personas de distintas edades y sectores - en el centro barcelonés Artemisa, se centra precisamente en este último punto. "El problema de nuestra sociedad es que nos hemos olvidado de nosotros", se lamenta. Su principal premisa es conseguir desconectar de la vida exterior y conectar con el mundo interior, dando importancia "no al espectáculo final, sino al proceso, que termina cuando se es capaz de prefijar la meta de lo que uno quiere en la vida".

En su taller, se llevan a cabo actividades teatrales como el juego de la escultura, donde se moldea el cuerpo de un compañero para sentirlo y tomar consciencia de él; se interpretan papeles que permiten desarrollar la empatía; o la silla vacía, uno de los métodos más eficaces de desahogo para resolver problemas gracias a su exteriorización. Para esta última técnica, sólo se necesita un ambiente y dos sillas, una de ellas ocupada por el participante y la otra permanece vacía. El individuo situará mentalmente en la silla vacía a aquella persona a la que quiere expresar algo que no ha logrado transmitirle con anterioridad, con lo cual se crea un monólogo que repercute positivamente en la persona en términos de interiorización de las emociones. Con estas técnicas, como comenta Tifatino, la idea no es aprender a ser actores, sino darse cuenta de cómo la actoralidad nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida.

Las técnicas teatrales son, por tanto, una herramienta de intervención psicológica, que permite trabajar aspectos psicosociales como la autoestima, la expresión de las emociones o las habilidades sociales. Su mayor objetivo es conocer los propios mecanismos emocionales, pero, además, ser capaces de reproducir lo aprendido en público. Escenaris Especials es un proyecto de cursos independientes semanales, llevado a cabo por Clàudia Cedó, psicóloga y actriz, que comparte con los alumnos la percepción del escenario como un espacio de libertad personal; un lugar donde se puede gritar, reír, llorar y sentir, sin sentir bloqueos. "Las sesiones, en las que se trabaja en equipo y se experimentan habilidades sociales como la escucha son la oportunidad para dejarse llevar y aprender a no juzgarse, puesto que el principal enemigo de la expresión dramática es el juicio interno y el deseo de gustar a los demás", señala.

Una de las virtudes del teatro es que permite a los participantes ver representados sus propios miedos por otra persona o reconstruir una escena cotidiana de una discusión, muy útil para ejercitar recursos que se pueden emplear en el día a día para solucionar conflictos, puesto que "la interpretación de una improvisación se convierte en un ejercicio de catarsis, autoconocimiento y expresión del imaginario personal".

Sin embargo, existe el riesgo de que el arte dramático pueda crear una cierta confusión entre la realidad y la ficción, y desbloquear emociones que después tienen que saberse reconducir. Para poder representar las emociones en un escenario es importante conocer cómo uno las expresa a nivel personal. Clàudia Cedó comenta que muchos alumnos se emocionan el día de la representación: "Se convierten en protagonistas por un día y el hecho de actuar delante de un público que les aplaude les hace sentir bien ".

La apuesta por las técnicas teatrales en diversos aspectos de la vida, tanto personales como profesionales, se está extendiendo rápidamente y está ayudando a gran cantidad de personas pertenecientes a diferentes sectores: empresarios, profesores, madres y padres, artistas, vendedores, periodistas e incluso políticos.

Otra de las propuestas son los talleres del centro Teatrosfera. María Bravo, coordinadora del centro, insiste en que es necesario un cambio de rutinas en los métodos educativos, puesto que mucha gente está cansada de los sistemas tradicionales, donde un experto pronuncia un monólogo con todo lo que sabe sobre un tema. El planteamiento de estos talleres va más allá del uso de las técnicas teatrales para mejorar aspectos de comunicación o relaciones interpersonales. Su compromiso se enmarca en el uso del teatro como herramienta de transformación tanto personal como social, aportando lenguajes universales y códigos de comunicación basados en los sentidos y en las emociones que son, sin excepción, comunes a todas las personas. En el caso de Teatro Foro, uno de los talleres de Teatrosfera, se parte de la representación de una obra breve o escena teatral que expone un con-flicto. Son los espectadores los que se encargan de proponer estrategias y soluciones que ellos mismos pueden representar en escena, de modo que el análisis de cada estrategia motiva el desarrollo de un debate muy participativo.

El entorno pedagógico se convierte, así, en un escenario de experimentación, donde el trabajo con las emociones es fuente de conocimiento y donde se puede experimentar la capacidad de emocionarse y el desarrollo de habilidades creativas como recurso para adaptarse a los cambios en el medio. "Estos talleres aportan un nuevo enfoque de acercamiento, más personal y más directo; se trata de transmitir tu experiencia, tu pasión y, sobre todo, servirse de unos factores muy especiales, presentes en todas las vidas, que son el juego, la diversión y la risa", afirma Pau Serrano, alumno que asiste a su taller. Añade que "son talleres participativos y creativos, donde no te limitas a escuchar al profesor, sino que dejas caer las máscaras que se suelen llevar en la vida social, te conectas un poco con tu niño interior y dejas salir tu lado más emocional".

Se trata de dar a conocer un aprendizaje práctico, desde y para la acción, traspasando el plano cognitivo del aprendizaje convencional e integrando la dimensión emocional en el proceso, puesto que, según María Bravo, "el tipo de educación que hemos recibido infravalora el desarrollo de la parte derecha de nuestro cerebro, nuestra área más artística, más aventurera, intuitiva y emocional". Apunta que esta falta de educación emocional implica que en demasiadas ocasiones se recurra a estrategias de competición y dominación, tanto en el ámbito personal como en el laboral; situación que contribuye a crear "una sociedad violenta, negativa e infeliz, carente de recursos emocionales y personales para vivir de manera plena y satisfactoria".

Para hacer frente a esta educación tradicional, el centro Teatrosfera trabaja en ámbitos como el lenguaje y el diseño teatral para la inclusión de personas con discapacidad visual, auditiva, física y mental; recursos creativos para la educación, que incluyen obras de Teatro Foro y cursos para familias, padres, madres y educadores para aportar a la educación de los niños y niñas elementos de refuerzo positivo de la conducta; la creatividad en tiempos de cambio y la creación de bancos de ideas para empresas y organizaciones; el aprovechamiento del tiempo con cursos en los que se preparan y ensayan escenas teatrales para evaluar cómo usamos el tiempo y cómo podemos mejorar nuestra relación con este recurso vital; la ecología emocional, para adaptar nuestra vida cotidiana y nuestros recursos emocionales al medio y a los ciclos de la naturaleza, o la conducta creativa en casos de violencia con adolescentes en riesgo de exclusión social y mujeres víctimas de la violencia.

Aunque "en determinados entornos cuesta un poco iniciar las dinámicas, romper el hielo, la vergüenza o la risa nerviosa", cuenta María Bravo, sus alumnos están de acuerdo con ella: "El material de toda educación son las personas y este tipo de actividades te ayuda a verlo desde puntos de vista nuevos: cómo ponerte en el lugar del otro, cómo verbalizar, la importancia del contacto físico, de las expresiones…", explica Ramón Ferré, otro de los alumnos. Optar por un aprendizaje interactivo y bidireccional con un sentido más práctico es una forma saludable de mantener la mente activada y, así, poder reforzarla. Realizar ejercicios de relajación, simulaciones teatrales, meditar o desinhibirse de forma creativa son buenos métodos para expandir nuestras capacidades cerebrales y mejorar el proceso de aprendizaje para llegar a ser mejores comunicadores y excelentes personas.

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