Los derechos sindicales de los funcionarios norteamericanos han sido puestos en duda. Todo empezó en el estado de Wisconsin, cuando su gobernador Scott Walker les quiso privar del derecho a la negociación colectiva. Los sindicatos se han puesto en pie de guerra y The Economist explica cómo el debate ya se ha empezado a extender por todo el país.

El estado de Wisconsin se autoconsidera una especie de líder cuando se trata de los derechos de los trabajadores. Fue el primer estado que adoptó las prestaciones de desempleo, el primero en introducir una indemnización para los que sufren un accidente laboral y en 1959 el primero en reconocer a los sindicatos que representan a los funcionarios. Ahora está emprendiendo una tendencia muy distinta. La rebelión que los líderes del estado han provocado al intentar frenar la influencia de los sindicatos de funcionarios se está extendiendo por todo el país. Muchos órganos legisladores de otros estados han adoptado propuestas similares. Los políticos a nivel nacional están metiéndose en el tema con regocijo. EEUU se enfrenta a recortes en todos los niveles de gobierno y el melodrama que se está desencadenando en Madison, la pequeña y nevada capital de Wisconsin, ayudará a determinar por dónde puede caer el hachazo.

Scott Walker, el recién nombrado gobernador republicano, enfureció a los sindicatos públicos a principios de febrero cuando insistió en que para paliar el déficit estatal de 3.600 millones de dólares haría falta no solo recortar los beneficios de los funcionarios sino también quitarles a sus sindicatos casi todos los derechos de negociación colectiva. Según su plan, los sindicatos no podrían negociar con el estado o los gobiernos locales acerca de los beneficios y las condiciones de trabajo. Solo se podría negociar el sueldo básico, e incluso eso estaría mayoritariamente vinculado a la inflación. Se prohibirían los aumentos reales de sueldo, a no ser que los ciudadanos votaran lo contrario mediante referéndum.

La mayoría republicana en la cámara de representación del estado estaba dispuesta a aprobar un proyecto de ley de presupuestos con dichas medidas cuando la minoría demócrata en un último intento para frenarlo, se marchó, privando así a la cámara del quórum necesario para llevarlo a cabo. El gobernador ordenó a la policía que encontrara a los fugitivos y los trajera de vuelta, pero los 14 demócratas se habían refugiado en un parque acuático de la vecina Illinois, más allá del alcance de las autoridades estatales de Wisconsin. Afirman estar dispuestos a aceptar los recortes en los beneficios de los trabajadores públicos que propone Walker, pero no pueden tolerar las restricciones sobre la negociación colectiva y no volverán hasta que sean desestimadas.

Si el proyecto de ley no se ha aprobado el 25 de febrero, el estado perderá la oportunidad de refinanciar parte de su deuda, con un coste de 165 millones de dólares. Para hacer que los demócratas vuelvan, los senadores republicanos han aprobado una norma que les obliga a ir a recoger su sueldo en persona. Walker se ha añadido a la presión diciendo que la única alternativa para evitar los recortes de derechos sería empezar a despedir gente. Unos 1.500 puestos deberían desaparecer antes de julio, afirma, y quizás de 10.000 a 12.000 si el conflicto se alarga. Para evitarlo, un senador republicano ha sugerido un acuerdo para que la negociación colectiva se suspenda durante 2 años y no permanentemente. Pero eso, según Walker, sería solo una solución a corto plazo como las otras adoptadas hasta ahora y que han llevado al estado a la situación actual.

Los sindicatos, mientras tanto, han ido organizando protestas ininterrumpidas en Madison durante dos semanas. Un grupo ha acampado en el capitolio del estado, creando un ambiente bastante carnavalesco. Tocan los tambores, vitorean y cantan eslóganes como “Kill the bill!” (“¡Acabemos con la ley!”) durante horas sin parar. Colchones hinchables y sacos de dormir decoran las salas de mármol. Pancartas que denuncian a Walker y sus aliados cuelgan de los arcos y balaustradas. Fuera del recinto, donde multitudes de hasta 60.000 personas se han manifestado en contra de la propuesta, miembros de los sindicatos han instalado una improvisada barbacoa y ofrecen salchichas gratis.

Sin embargo, muchos conservadores ven a Walker como a un héroe. Americans for Prosperity, un grupo conservador de contribuyentes, ha creado la página web Stand with Walker (“Apoya a Walker”) donde unas 70.000 personas ya han firmado en apoyo al gobernador. La Republican Governors Association ha declarado que el jaleo de Madison es “un momento crucial para nuestro país y para el movimiento conservador.” Casi cada republicano que pudiera haberse planteado presentarse a la presidencia del país se ha subido al carro. Uno de ellos, Mitch Daniels, el gobernador de la vecina Indiana, afirma: “Los grupos de presión más poderosos en América actualmente son los sindicatos públicos.”

En su conjunto, los 50 estados norteamericanos se enfrentan a un déficit presupuestario de 125.000 millones de dólares el año próximo, según el Center on Budget and Policy Priorities, a pesar de que ya han capeado con un déficit conjunto de 430.000 millones de dólares en los últimos tres años. Peor aún, los estados, condados, municipios y distritos se enfrentan a unos compromisos de pago sin financiación que los respalde de entre 700.000 millones y 3 billones de dólares, dependiendo de lo pesimistas que sean las estimaciones. Walker y sus aliados dicen que será imposible arreglarlo todo a no ser que acaben con la obligación de regatear constantemente con los codiciosos líderes sindicales.

Los sindicatos del sector público ejercen una influencia excesiva, expone Steven Malanga del Manhattan Institute y autor de un libro sobre el tema, puesto que ayudan a elegir a las mismas personas que deciden sus salarios. Los beneficios políticos de mimar a los sindicatos son inmediatos, mientras que sus costes generalmente llegan a plazos. Malanga señala que incluso Franklin Roosevelt se mostraba incómodo con la idea de que existieran sindicatos en el sector público. Del mismo modo, algunos importantes demócratas contemporáneos, como el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, o el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, han afirmado que los funcionarios deben ajustarse el cinturón.

Pero Amy Hanauer, del think tank progresista Policy Matters Ohio, dice que no hay una correlación clara entre la extensión de la negociación colectiva con sindicatos del sector público en un estado y el volumen de su déficit. Apunta que en 2010 los nueve estados que prohibieron la negociación, tuvieron un déficit del 25% de media, comparado con el 24% de los 14 estados que la permiten para todos sus funcionarios. Y, después de todo, en Wisconsin los sindicatos están de acuerdo con algunos grandes recortes.

Pero muchos otros estados están siguiendo los pasos de Walker. El nuevo gobernador republicano de Ohio, John Kasich, está respaldando un movimiento para restringir los derechos de negociación colectiva de los empleados públicos estatales y locales, a pesar de las protestas sindicales. El congreso de Tennessee está considerando una medida que eliminaría la negociación colectiva para el profesorado. El Gobernador Daniels, de Indiana, también ha hecho una propuesta parecida, aunque se opone a pactar que los empleados de cualquier sector laboral sindicalizado puedan no pagar las cuotas sindicales, como propone Walker, por miedo a que se encienda una lucha particularmente violenta con el movimiento sindical. Pero la polémica ha llegado de todas formas: el parlamento de Indiana estaba a punto de aprobar una reforma laboral cuando la minoría demócrata imitó a sus colegas de Wisconsin y abandonó el estado.

El debate está animando a los activistas tanto de derechas como de izquierdas. Madison está lleno de líderes sindicales, hablando con entusiasmo, y teléfono móvil en mano, de entregas de pancartas o de llegadas de nuevos contingentes de manifestantes de todo el país. Los demócratas del senado de Wisconsin han recaudado la misma suma de dinero desde que dejaron el estado [a principios de febrero] que durante todo el año anterior. A su vez, Walker se ha forjado una fama a nivel nacional por pelear duro con los sindicatos del sector público, como el Gobernador republicano de Nueva Jersey, Chris Christie, que se convirtió en un héroe para los conservadores por imponer recortes del presupuesto a los reacios demócratas de su estado. A no ser que las cosas den un giro radical, ninguno de los dos bandos parece dispuesto a llegar a un acuerdo.

 


* “Wisconsin and wider”. The Economist, 24/02/2011 (Artículo consultado on line: 08/03/2011)

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/node/18231496?story_id=18231496&CFID=157655542&CFTOKEN=57335487

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