El Director General del Deutsche Bank, Josef Ackermann, encendió de nuevo el debate de la presencia femenina en la dirección de las empresas cuando recientemente declaró que las mujeres aportarían “más colorido y atractivo” a la junta directiva del banco. A partir de la polémica, Bloomberg News analiza la situación de la mujer directiva europea.

Si hay un banquero alemán que no se toma en serio la igualdad de género, ese es Josef Ackermann. El Director General del Deutsche Bank está en el ojo del huracán tras su frívolo comentario sobre las mujeres en las juntas directivas de los bancos. Ahora algunos ministros alemanes ya piden que se implanten cuotas obligatorias para obligar a las empresas a tener mujeres en altos cargos.

Si eso sucede, se seguirá una tendencia que está triunfando en Europa. Noruega y España ya tienen cuotas. Francia las está introduciendo. En Reino Unido, el gobierno de coalición ha organizado una comisión presidida por el Expresidente de Standard Chartered Plc., Mervyn Davis, para que investigue cómo lograr más presencia femenina en los consejos de administración de las empresas.

Todo el mundo está de acuerdo con que la dirección de las empresas debería reflejar la diversidad de las sociedades donde llevan a cabo su negocio, y que la igualdad de oportunidades debería ser algo al alcance de todos. Pero establecer cuotas obligatorias supone ir mucho más allá. Significa concentrarse demasiado en unos pocos altos cargos; desviar la atención de todos los avances que ya se han hecho; arriesgarse a crear un pequeño ejército simbólico de mujeres directivas; y distraer las organizaciones europeas de su competición con EEUU y Asia.

El comentario de Ackermann fue muy grosero. Hace unos días dijo que la junta directiva del Deutsche Bank tendría “más colorido y atractivo” si hubiera mujeres. La mayoría pensamos que comentarios de ese tipo son tan aceptables como pellizcarle el trasero a la becaria o enviar a la única mujer de la sala de reuniones a por cafés. No es el tipo de comportamiento del que alguien pueda zafarse como si nada.

Igualdad de género

Alemania seguramente tiene a la mujer política más poderosa del mundo, la Canciller Angela Merkel, pero no tiene el mejor historial en igualdad de género. Quizás porque alberga muchas industrias pesadas dominadas por hombres, las mujeres germanas no han hecho tantos avances en los negocios como en otros países. Alemania obtuvo el puesto 13 en el informe Global Gender Gap 2010 del Foro Económico Mundial, mientras que en 2006 estaba en quinto lugar.

Todavía existen obstáculos para que las mujeres asciendan a la cima de las organizaciones, y eso se hace más evidente en Alemania que en la mayoría de economías desarrolladas. Aun así, deberían ser las empresas las que decidieran a quién ponen en las juntas directivas.

¿Por qué? En primer lugar, es un error centrarse demasiado en los altos cargos. Pocos de nosotros, seamos de un género u otro, lograremos un puesto en la junta directiva del Deutsche Bank. Lo importante es lo que las mujeres están consiguiendo en el mercado laboral en general; y resulta que la situación es muy buena. Están más formadas, los nuevos puestos de trabajo que se crean a menudo encajan mejor con ellas, y están recortando rápidamente las diferencias salariales con respecto a los hombres.

La brecha disminuye

En Reino Unido, la brecha salarial de los trabajos a tiempo completo entre hombres y mujeres se redujo a un 10,2% en 2010, la cifra más baja de la historia, según la Office for National Statistics. En trabajos de mayor cualificación, la diferencia casi ha desaparecido. En el grupo de edad de 22 a 29 años, las mujeres cobran de media más que los hombres en trabajos a jornada completa.

La economía post-industrial, que requiere aptitudes sociales más que fuerza bruta, un nivel educativo alto y una voluntad de trabajar con flexibilidad, encaja mejor con las mujeres que con los hombres. Obsesionarse con unos pocos altos cargos de las juntas directivas ensombrece el contexto general. En realidad, el reto para la sociedad puede ser pensar cómo colocar al cada vez mayor número de hombres sin cabida en el mercado laboral, en vez de hacer accesibles los puestos ejecutivos a las mujeres.

‘Mad Men’
En segundo lugar, se necesita tiempo. Por ejemplo, fijémonos en Mad Men, la premiada serie de televisión estadounidense sobre una agencia de publicidad a principios de los años 60. La mayoría vemos el sexismo constante y despreocupado que aparece en esa serie con asombro. Sólo hace medio siglo que las mujeres eran completamente excluidas de los cargos ejecutivos. El mercado laboral se ha vuelto mucho más igualitario desde entonces –y todavía estamos en ello.

Según la European Professional Women’s Network, con base en París, la proporción de mujeres en las juntas de las mejores empresas europeas ascendió a un 12% en 2010, desde un 8% en 2004. Siguiendo ese ritmo, la predicción es que alcanzaremos la paridad en 16 años.

En tercer lugar, las cuotas provocan políticas simbólicas, de fachada. Todos sabemos qué pasará cuando se les pida a las empresas de un cierto tamaño que tengan, por ejemplo, dos directivas. Se creará una pequeña minoría de mujeres muy bien pagadas que irán pasando por varias juntas. Eso será genial para ellas –cobrarán mucho dinero por ir a unas cuantas reuniones. También será bueno para los headhunters y las consultoras –también ganarán grandes cantidades por buscar a esas mujeres y asegurarse de que se cumple la cuota. Pero es difícil ver qué bien hace para todos los que no están dentro de ese círculo virtuoso.

Por último, lo que Europa necesita realmente es competir a escala global. La economía de la región permanece estancada en el abatimiento, luchando para poder seguir compitiendo con EEUU y las economías emergentes. ¿Por qué imponer normas en las juntas de las empresas cuando lo que realmente se necesita es encontrar el modo de competir en un panorama mucho más complicado que antes?

Las mujeres pueden dirigir las compañías igual que los hombres. Nadie lo discute. Pero del mismo modo nadie discute que vivimos en una sociedad mucho más igualitaria que la de nuestros padres. Más normas son innecesarias y además distraerán a las empresas de sus objetivos reales.



* Lynn, Matthew. “Women Wage Corporate Sex War Without Ackermann”. Bloomberg News, 15/02/2011 (Artículo consultado on line: 17/02/2011)


Acceso a la noticia: http://www.bloomberg.com/news/2011-02-15/women-wage-corporate-sex-war-without-ackermann-commentary-by-matthew-lynn.html

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